Trece días han cambiado el panorama político en España. Mientras hace dos semanas todas las miradas se dirigían a Ceuta, lo ocurrido el pasado miércoles 23 de septiembre con el desahucio de Maricarmen Abascal, –la mujer de 87 años desalojada de la vivienda de Madrid en la que había residido los últimos 71 años al no poder hacer frente al precio del alquiler–, prendió la mecha provocando un estallido social en las calles, como informa 'Noticias Cuatro'.
Con miles de personas saliendo a manifestarse en protesta, el caso terminaría por convertirse en un símbolo que ha impulsado, directamente, la lucha global contra la crisis de la vivienda. Ante unos precios desorbitados y un acceso a ella cada vez más difícil, la indignación no ha dejado de crecer desde entonces, con la acampada en la Puerta del Sol también como emblema de los reclamos y las reivindicaciones, que se han extendido por toda España en defensa del derecho a una vivienda digna.
Desde entonces, las marchas y las protestas en las calles no han cesado, provocando un terremoto político que el pasado viernes 2 de octubre tuvo otra gran réplica cuando el Congreso tumbó los dos decretos que el Gobierno anunció el martes 29 de septiembre para aplicar medidas urgentes en materia de vivienda. Entre ellas, la protección de las personas vulnerables frente a desahucios, la aplicación de la oferta de vivienda asequible, la limitación de las subidas de las rentas o la renovación automática de los contratos de alquiler, –esta última incluida en el segundo de los dos decretos–, entre otros.
Los diputados, –tras días de múltiples reacciones, debates y controversia por las medidas anunciadas–, rechazaron el ‘troceado’ decreto Maricarmen, como se le denominaba informalmente, tras otra tensísima jornada en la Cámara Baja. Tanto fue así que el rechazo parlamentario, al mismo tiempo, ha acabado convirtiéndose a su vez en el detonante que ha llevado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a anunciar la convocatoria de elecciones anticipadas el próximo 29 de noviembre, así como en la excusa para movilizar a la izquierda.
Desde la escalinata de los grandes anuncios en Moncloa, y a través de un discurso de nueve minutos, el jefe del Ejecutivo ha resuelto la que durante el fin de semana, tras comunicar que tomaba dos días de reflexión, era la gran incógnita: finalmente, habrá unos comicios anticipados.
El presidente lo ha revelado tras ensalzar los que considera los grandes logros de su Gobierno, y tras cargar al mismo tiempo contra la oposición, a la que ha acusado de ser “la peor que ha conocido nuestra democracia”.
“Hemos tenido que trabajar con un Congreso muy bronco en el que –absurdamente– muchos confunden “pactar” con “renunciar” y “bloquear” con “vencer.” Hemos tenido que batirnos contra élites económicas y sociales muy poderosas que no se presentan a las elecciones, pero que quieren seguir controlando nuestro país. Y hemos tenido también que lidiar con la peor oposición que ha conocido nuestra democracia. Una oposición sin sentido de Estado que no ha parado de cuestionar la legitimidad de nuestro sistema electoral, de bloquear medidas y votar en contra de políticas que eran buenas para el país, y de usar su poder autonómico para boicotear políticas buenas para la gente de a pie”, ha denunciado.
Tras contraponerlo al trabajo del Gobierno, recalcando que “nuestro país se ha convertido en la economía que más crece y más empleo crea de toda la Unión Europea”, en su discurso también ha lanzado un recado a algunas comunidades autónomas, con una alusión clara, pero no manifiestamente explícita, a la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, sin llegar a nombrarla: “Nosotros hemos transferido a esos gobiernos autonómicos más recursos que nunca para que construyeran vivienda e invirtieran en sanidad, para que construyeran viviendas. Y ellos han comprado áticos y privatizado hospitales”, ha dicho.
A partir de ahí, en su discurso, Sánchez apela a la caída de los decretos de vivienda para fijar el marco de campaña que ahora busca: “Sé que les indigna ver cómo sus intereses son pisoteados en el Parlamento en beneficio de unos pocos. Sé también que nosotros mismos hemos cometido errores y no hemos logrado hacer todo lo que nos habíamos propuesto”. “Los españoles y las españolas tenéis que decidir qué papel queréis jugar (en esta época compleja). Y también qué papel queréis que España juegue en ella. Si deseáis sumaros a esa ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna o deseáis que España siga siendo un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental. Si queréis que nuestro país retroceda o continúe avanzando. Si preferís tener un Gobierno que trabaje por el interés de la mayoría social o preferís entregar las riendas del país a una coalición ultraderechista que no ha propuesto nada y cuyo único objetivo es derogar y recortar los derechos y las libertades que hemos venido construyendo durante estos ocho años, para beneficiar a los de siempre, a una minoría privilegiada”, ha dicho.
O PP y Vox o PSOE, es la disyuntiva que rápidamente han amplificado todos los ministros también desde las redes sociales. “Votar con V de vivienda o con B de buitre”, decía Óscar Puente, mientras Félix Bolaños dice que “es un clásico que Pedro Sánchez remonte y deje a PPVox descompuesto y sin Gobierno”.
“Debemos movilizarnos y lograr que el Parlamento nos dote de una mayoría mucho más amplia, progresista, con la que doblegar a las élites, conquistar nuevos avances sociales, y seguir transformando España”, ha dicho Pedro Sánchez. Ahora, habrá que ver si esta estrategia le reeditar la movilización de la izquierda de 2023