El temporal dejado por la DANA Adam, que se ha cobrado un total de cinco víctimas mortales a su paso, ha vuelto a traer inevitablemente al recuerdo la trágica DANA del 29 de octubre de 2024, en la que murieron 232 personas. Por eso, el temor ante las alarmas que pusieron ayer en aviso rojo al literal sur de Valencia y norte de Alicante se extendía también entre la población, como informan en 'Noticias Cuatro'.
La gota fría de ese 2024 arrasó decenas de pueblos desbordando torrentes y cauces de ríos, reventando puentes y todo lo que encontraba a su paso. Dos años después, también en octubre, esta nueva DANA, –bautizada como Adam y menos virulenta–, ha azotado un área similar, pero con consecuencias bastante distintas. Entre otras porque, tras la tragedia, los avisos tempranos se toman más en serio, también hay un miedo que previene a la población ante el temporal y, además, también se han producido cambios en la región para paliar o prevenir los efectos de un fenómeno adverso.
Con registros de precipitaciones de más de 700 litros de agua por metro cuadrado en 24 horas en distintos puntos del territorio, como en la comarca valenciana de la Safor o en la Marina Alta alicantina, las consecuencias de la DANA Adam, que ha dejado multitud de daños materiales, podrían haber sido aún mucho peor. Sin embargo, esta vez las alarmas y avisos llegaron en tiempo y forma, tanto por los bandos de ayuntamientos, redes sociales y mensajes ES-Alert, que llegaron con suficiente antelación y en más de una ocasión.
Además, esta vez también se destaca la autoprotección: “La gente sabía en esta ocasión que tenía que subir de los bajos hasta las primeras plantas o niveles más altos para salvaguardar su vidas”, como informa desde el terreno Manu Reyes para Noticias Cuatro, explicando que además ha sido fundamental la “coordinación desde el minuto uno”, con Emergencias, bomberos y otros efectivos colaborando para rescatar a los demás, empleando todoterrenos, lanchas y helicópteros.
Las lluvias han sido parecidas, de nuevo con cantidades desorbitadas en distintos puntos, pero esta vez los avisos sí funcionaron.
“Estábamos avisados con una alerta roja. Se anularon todas las actividades, yo creo que fue una rapidez que hay que poner encima de la mesa”, ha señalado Yolanda Pastor, alcaldesa de Oliva, una de las localidades más afectadas por la DANA Adam.
El de la DANA del 2024 fue el primer ES-Alert en la Comunidad Valenciana y, desde entonces, ha habido ya 30.
“La información a la población está llegando en tiempo y forma”, señala Jorge Olcina, climatólogo de la Universidad de Alicante, en declaraciones a Noticias Cuatro.
En la misma línea lo apunta también Héctor Esteban, experto en telecomunicaciones, apuntando que “se envían los avisos de una manera más sistemática”. Además, la población sabe lo que son y también se sabe cómo enviarlos: “Las instrucciones que se dan son más precisas, como subirse a un piso alto, etcétera”, señala Esteban.
No obstante, no basta con informar, hay que educar a la población para que aprenda a convivir con el riesgo: el de que esto suceda cada vez con más frecuencia.
“Informarte de dónde vives, saber dónde puedes tener zonas de peligro en el término municipal y saber actuar en condiciones de emergencia”, apunta Jorge Olcina.
Además, hay otra asignatura pendiente: qué hacemos con todo lo construido en las zonas inundables.
“Desocupaciones, desalojos, cambios de uso del suelo… Especialmente donde ya haya muerto gente. Esas zonas ya sabemos que no tendrían que estar ocupadas”, indica Olcina.
La ley del suelo de 2015 limita la ocupación de zonas inundables. El problema es todo lo construido antes, a orillas de un Mediterráneo que ahora se ha convertido en una auténtica bomba climática.