Los médicos recetarán antibióticos por si los síntomas no mejoran. De esta forma, el ministerio de Sanidad quiere evitar que el paciente desarrolle resistencia a estos fármacos. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios está trabajando con las comunidades autónomas para implantar en todas la prescripción diferida de antibióticos, que implica retrasar dos o tres días el tratamiento para comprobar si los síntomas de una infección mejoran espontáneamente, y reducir así usos innecesarios, como informa 'Noticias Cuatro'.
Se trata de una de las medidas que la Aemps está impulsando en el marco del Plan Nacional frente a las Resistencias a los Antibióticos (PRAN), a la que se sumará a mediados de 2027 la eliminación de las cajas de 30 comprimidos y su sustitución por los de 20.
En los países desarrollados, entre un 30 % y un 50 % de las recetas antibióticas son inadecuadas. El 90 % del consumo de estos fármacos se hace fuera del hospital, normalmente para tratar infecciones del tracto respiratorio superior pese a que la mayoría son de origen viral.
La prescripción diferida es una estrategia con la que el profesional receta un antibiótico, pero señala al paciente que no lo retire ni lo utilice inmediatamente, solo si los síntomas de la infección empeoran o no mejoran según las indicaciones recibidas. Se plantea especialmente en situaciones de incertidumbre sobre si el origen de la infección es viral o bacteriana.
La Comunidad Valenciana fue pionera en introducir la prescripción diferida para infecciones respiratorias agudas leves mediante la receta electrónica, de forma que, ante esa incertidumbre, la dispensación se activa 24/48 horas después. Otras cuentan con protocolos de prescripción diferida pero no de forma centralizada mediante receta electrónica.
Por su parte, la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) ha advertido de que la automedicación antibiótica "no es un gesto inocuo", ya que afirma que iniciar un antibiótico sin valoración profesional, reutilizar restos de tratamientos anteriores o tomarlo "por si acaso" incrementa la presión selectiva sobre las bacterias y compromete la eficacia de los fármacos para el futuro.
Así, subraya que las infecciones leves de vías respiratorias altas explican una proporción elevada de los casos en los que los pacientes deciden tomar antibióticos sin indicación médica. Un estudio en población española identificó que el 35,1 por ciento de las solicitudes de antibióticos sin receta correspondía a este tipo de procesos. "Estas situaciones son especialmente problemáticas porque no solo no aportan beneficio terapéutico, sino que favorecen la perpetuación de conductas de automedicación", apunta.
Diferentes investigaciones determinan que alrededor del 20 por ciento de quienes consumen antibióticos lo hacen sin haber recibido una prescripción médica, basándose en su propia experiencia previa o en recomendaciones informales, y recurriendo a envases guardados en el hogar, sobrantes de tratamientos previos. La tendencia afecta especialmente a síntomas comunes de garganta, congestión nasal y dolor de oído, que suelen ser virales y autolimitados.
Paralelamente, la Aemps lleva 15 meses trabajando en poner fin a los formatos de antibióticos de 30 comprimidos, que engloban 15 presentaciones de uso común como la amoxicilina o la fosfomicina.
Los laboratorios ya han dejado de producirlas, pero convivirán aún durante unos meses con los "formatos cortos" hasta agotar existencias y desaparecer definitivamente de las farmacias entre el primer trimestre y mediados del año próximo, indicó López Navas.
El mercado incorporará, además, cuatro formatos pequeños nuevos: 20 unidades de amoxicilina 250; fenoximetilpenicilina 160 mL; y 20 unidades de amoxicilina clavulánico de 500/125 mg y 250/62,5 mg, que ya existen en otros países de la UE.
Pero todo esto tiene que ir acompañado de una serie de medidas que dependen de las comunidades, como cambiar los sistemas de prescripción para que reconozcan las pautas cortas -por ejemplo, tres tomas al día durante siete, para lo que se necesitarían 21 pastillas- con el formato de 20 y no de 30 como hasta ahora.