Jorge Galindo, sociólogo, director de EsadeEcPol y autor del libro 'Tres Millones de Viviendas' ha dado su punto de vista de la crisis de la vivienda en España a través de un vídeo de siete minutos y medio en el que, con viñetas, explica “lo que creo que puede funcionar para solucionarla y lo que probablemente no sirva o sea directamente contraproducente”. Noticias Cuatro muestra y analiza el vídeo publicado en su perfil de redes sociales.
El vídeo trata principalmente de que España sumo 1,2 millones de hogares entre 2021 y 2021 el autor incluye en esas casas a los jóvenes que se independizan, parejas que se separan y personas que llegan al país para trabajar y dice que “todos ellos necesitan una vivienda”: “Lo normal es empezar por un alquiler. Con el tiempo, si puedes, compras. Y al irte, dejas tu piso libre para el siguiente. Es una cadena”.
El problema, según refleja en el vídeo aparece cuando no hay viviendas nuevas que permiten renovar esa cadena porque “solo se mueve si hay casas nuevas. Y España no construye”. Galindo ha comparado el ritmo de construcción actual con el de décadas anteriores, explicando que, si España terminaba 260.000 viviendas al año en los años 90 y 540.000 en los años 2000, para 2025, cifra los datos en torno a 92.000 viviendas terminadas. Con esos datos calcula que habrá “dos hogares y medio por cada casa”: “El problema de fondo sigue siendo el mismo: hay más hogares que casas”.
Además, el autor ha situado a los jóvenes como los principales afectados y a los que dependen del alquiler para formar un hogar, haciendo referencia a la dificultad de muchos inquilinos para acceder después a una vivienda en propiedad o cambiar a un piso mucho más adecuado a sus circunstancias. Señala que el 38% de los hogares formados por quienes nacieron entre 1986 y 1995 vive de alquiler a precio de mercado, “10 puntos más que la generación precedente a la misma edad” y menciona que casi siete de cada 10 jóvenes de entre 18 y 34 años continúan en casa de sus padres, algo que no es común en la mayoría de países de la Unión Europea”, haciendo que “la fila se alarga y mucha gente acaba malviviendo: en una habitación, compartiendo piso a los 40 o directamente en ninguna parte”.
El autor ha reconocido presiones añadidas como el peso del alquiler turístico en barrios turísticos de Valencia y en el Cabañal o las compras de no residentes en Alicante. Zonas, donde considera que el turismo y la demanda internacional aumenta la tensión sobre la vivienda que sí está disponible. Pero no lo reconoce como el principal problema de todo el país, sino algo que “aprieta”, pero en sitios concretos.
Sobre el control que piden muchos de los manifestantes sobre el precio y las condiciones del alquiler, dice que la respuesta ofrecida “protege durante un tiempo a quienes ya están dentro, pero no añade ni una sola vivienda. Por tanto, defiende que el alquiler resulta menos atractivo para algunos propietarios, por lo que pase de los pisos pueden salir del mercado o ser empleados para otros usos: “Cuando hay menos pisos para la misma fila, ¿quién se lo queda? El casero hace ‘casting’ y elige al de la mejor nómina”, señalando que los hogares que acceden al alquiler consiguen muchos más ingresos que hace años, por lo que las personas más vulnerables se quedan fuera del mercado. Y como alternativa dice que un seguro público de impago puede reducir incluso el riesgo para los arrendadores porque “si el casero sabe que va a cobrar, deja de hacer ‘casting’ y alquila”.
La causa de que no haya casi construcción se debe a la falta de crédito, la escasez de mano de obra y la pérdida de empresas tras la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, considera que esos factores no pueden explicar el bajo volumen de obra nueva, sino que “hay un muro que hemos levantado nosotros, ladrillo a ladrillo”.