El director de Metroscopia, Ignacio Urquizu, ha analizado en una entrevista en Noticias Cuatro el posible impacto del accidente ferroviario de Toledo en la campaña electoral. El sociólogo señala que la actualidad política y social cambia a gran velocidad. Recuerda cómo hace pocas semanas la atención estaba centrada en temas como la vivienda, la situación en Ceuta o la controversia alrededor de la vivienda y el desahucio de Mari Carmen, los cuales rápidamente quedaron en segundo plano. “Es pronto para conocer el impacto del accidente ferroviario en la campaña electoral”, sentencia.
Urquizu acaba de publica el libro ‘Generación 15M’, donde documenta cómo los jóvenes que eran niños o adolescentes durante las protestas han adquirido sus valores en un entorno de inestabilidad política y parálisis institucional. Para el autor, esta generación no evalúa el sistema democrático por sus ideales abstractos, sino por su incapacidad para resolver problemas materiales como el acceso a la vivienda, la precariedad salarial y el deterioro de los servicios públicos.
Quince años después de las acampadas que sacudieron la democracia española, la cohorte ciudadana socializada a la sombra del 15-M ha experimentado un viraje sociológico sin precedentes. Lejos del espíritu refundacional de 2011, los ciudadanos de entre 18 y 34 años configuran el grupo generacional más conservador y proclive a posiciones de derecha de los últimos cuarenta años, caracterizado por una profunda desafección hacia la eficacia del Estado y una marcada grieta de género.
La investigación refleja un claro distanciamiento respecto al papel del poder público: un 84 % de la Generación 15-M sostiene que el Estado no funciona de manera adecuada y un 45 % aboga por pagar menos impuestos aun a costa de reducir prestaciones. Además, un 38 % expresa un rechazo directo al pago de tributos, consolidando la etiqueta de "liberal" —en un sentido marcadamente libertario y promercado— como la principal adscripción ideológica de los menores de 35 años
El cambio generacional presenta asimismo una profunda polarización dividida por sexo. Mientras las mujeres jóvenes se mantienen mayoritariamente en posiciones progresistas y feministas, entre los varones domina por primera vez en democracia el electorado de derechas, alcanzando en ocasiones el 50 % en los sondeos del CIS. Esta fractura se refleja en la percepción de la igualdad —donde un 51,1 % de los chicos de 16 a 24 años opina que la promoción de los derechos de la mujer discrimina a los hombres— y en un modesto repunte de la religiosidad católica entre la juventud.
En definitiva, la inoperancia institucional percibida tras el fin del bipartidismo ha alimentado un sentimiento antisistema que identifica la gestión pública y la izquierda con el poder establecido. Al igual que ocurrió en Occidente una década después del Mayo del 68, el impulso de 2011 parece desencadenar un "efecto rebote" hacia el conservadurismo, planteando un escenario paradójico que compromete las perspectivas electorales de la izquierda tradicional.