En Capdepera, en Mallorca, durante unos días de mayo, sus calles, castillo y casco antiguo se transforman en una escena medieval con banderas, escudos, puestos artesanos, música, fuego, oficios tradicionales y visitantes que llegan con la sensación de entrar en otro tiempo.
‘Viajeros Cuatro’ ha comprobado que su Mercat Medieval es una de las citas más conocidas y multitudinarias de Mallorca. De hecho, en algunas ediciones ha superado los 50.000 visitantes durante los tres días de celebración, una cifra enorme para una localidad que multiplica su población durante el evento. Capdepera no recrea la Edad Media en un recinto artificial, sino que aprovecha su propio origen histórico: el castillo, las murallas, las calles empinadas y el casco antiguo funcionan como una escenografía real.
El Mercat Medieval de Capdepera comenzó a celebrarse en el año 2000, coincidiendo con la conmemoración del 700 aniversario de la fundación de la villa. Capdepera nació como una villa amurallada en torno al 1300 por orden del rey Jaume II, que impulsó la construcción de un recinto defensivo para agrupar y proteger a la población de la zona.
Desde entonces, el castillo ha sido el gran símbolo del municipio. No es un castillo aislado, pensado únicamente como residencia señorial o puesto militar, sino un recinto que en origen estuvo ligado a la vida de la población. Dentro de sus murallas llegó a haber viviendas, calles, una iglesia y espacios pensados para refugiar a los habitantes en caso de peligro.
Por eso el mercado tiene una fuerza especial. No se celebra en cualquier lugar ni utilizar la Edad Media como una excusa decorativa. Cada puesto, cada estandarte y cada recreación dialogan con el origen del pueblo. Durante tres días, Capdepera recupera una parte de su memoria y la convierte en una fiesta popular abierta a vecinos y visitantes.
La cita suele celebrarse el tercer fin de semana de mayo. Durante esos días, el núcleo antiguo se llena de vida y el recorrido se extiende por las calles que suben hacia el castillo, la plaza Sitjar y los alrededores de la fortaleza. La escena tiene todos los ingredientes de un mercado medieval clásico: puestos de artesanía, alimentación, textiles, talleres, músicos, personajes de época, espectáculos de calle y actividades familiares.
Pero lo que realmente llama la atención es cómo se implica el pueblo. No es solo una feria montada para turistas. Los vecinos decoran fachadas, balcones y ventanas con escudos, banderas y elementos de inspiración medieval. Los niños participan en la preparación de estandartes y las calles se llenan de cintas de colores. Esa participación comunitaria es parte de la identidad del mercado.
El Castillo de Capdepera es el gran protagonista del mercado. Situado en lo alto de una colina, domina el pueblo y ofrece vistas sobre el litoral de levante. En días claros, incluso puede verse la isla vecina de Menorca, lo que ayuda a entender su importancia estratégica a lo largo de la historia.
Su construcción se inició en el siglo XIV bajo el impulso de Jaume II de Mallorca. La finalidad era proteger a los habitantes de la zona, especialmente frente a los ataques marítimos, y controlar un punto clave de comunicación con las islas vecinas. El recinto aún conserva murallas, torres defensivas, calles empedradas y la capilla de Sant Joan, elementos esenciales para poder imaginar cómo era la vida dentro de la muralla.
Durante el Mercat Medieval, el castillo no es solo un monumento estático. Se engalana, acoge actividades y se convierte en parte viva de la fiesta. Caminar por sus murallas mientras el pueblo está decorado de época permite entender por qué este mercado tiene una atmósfera tan diferente a otros eventos similares.
Uno de los datos que mejor explican la dimensión del Mercat Medieval de Capdepera es su capacidad de convocatoria. En la edición de 2025, más de 50.000 personas visitaron la localidad durante los tres días de celebración. El mercado contó con 168 paradas y reunió una amplia programación de actividades, desde exhibiciones de cetrería hasta desfiles musicales, talleres de oficios y espectáculos para todos los públicos.
Para un municipio como Capdepera, el impacto es importantísimo. Durante el fin de semana del mercado, la población se multiplica y el caso antiguo se llena de visitantes procedentes de diferentes puntos de Mallorca y también de fuera de la isla. Es una cita turística, pero también económica: artesanos, comerciantes, bares, restaurantes y alojamientos se benefician de una afluencia que convierte mayo en un momento clave antes de la temporada estival.
Entre las artesanías vinculadas a Capdepera destaca la Ilata, la cestería tradicional elaborada con hojas de palmito o garballó. Esta planta, autóctona de las islas, ha sido durante generaciones la base de un oficio especialmente arraigado en esta población mallorquina.
Con la Ilata se han elaborado cestas, sombreros, bolsos, alfombras, escobas y otros objetos cotidianos. Durante mucho tiempo no fue una artesanía decorativa, sino una actividad económica y doméstica esencial.