La llaman la Ciudad del Silencio, y aunque hoy el turismo ha convertido sus rincones en una parada imprescindible para quienes viajan a Malta, todavía conserva algo de ese aire recogido que la hizo famosa. Mdina no es una ciudad para recorrer deprisa. Es un lugar para caminar despacio, mirar hacia arriba y perderse entre callejones. En la temporada 7 de “Viajeros Cuatro” visitamos esta antigua capital maltesa.
En la ciudad también se encuentra uno de los alojamientos más singulares del país: The Xara Palace Relais & Châteaux, un hotel boutique instalado en un palacio del siglo XVII, con un detalle añadido: durante su visita a Malta en 2015, Carlos y Camila se alojaron en este hotel.
Mdina es una combinación difícil de encontrar: una ciudad amurallada con más de cuatro mil años de historia, una atmósfera casi cinematográfica y un hotel que permite dormir dentro de ese escenario.
Mdina se encuentra en el centro de la isla de Malta, elevada sobre el paisaje y rodeada por murallas. Esa posición no es casual. Durante siglos fue un enclave estratégico, administrativo, religioso y aristocrático. Antes de ser conocida como Mdina, la ciudad tuvo diferentes nombres según las diferentes etapas de su historia: Melita durante el periodo romano, Medina durante la ocupación árabe, Città Notabile en tiempos de caballeros de la Orden de San Juan y Città Vecchia después de la construcción de La Valeta.
Esa sucesión de nombres resume bien la identidad de la ciudad. Mdina no pertenece a una sola época. Es una superposición de civilizaciones, estilos y usos. En su trazado se reconocen influencias medievales, árabes, normandas y barrocas. Sus calles no responden a una cuadrícula ordenada, sino a una lógica de defensa, sombra y recogimiento. Se curvan, se estrechan y se abren de pronto a una plaza, a una iglesia o a una vista inesperada sobre la isla.
La ciudad fue durante mucho tiempo el centro político de Malta, antes de que el poder se desplazara hacia otras zonas costeras. Esa pérdida de protagonismo, lejos de borrar su importancia, contribuyó a preservar su carácter. Mdina no creció de forma descontrolada fuera de sus muros, ni tampoco perdió por completo su atmósfera de ciudad noble y cerrada.
El apodo de Ciudad del Silencio no es una simple etiqueta turística. tiene que ver con la sensación que provoca el lugar. Dentro de las murallas, el tráfico está muy limitado, las calles son estrechas y el ambiente invita a caminar tranquilamente. Incluso cuando hay visitantes, la ciudad conserva una acústica especial: los pasos resuenan sobre la piedra, las voces se apagan al doblar una esquina y las fachadas parecen absorber parte del ruido.
Eso no quiere decir que Mdina sea siempre un lugar vacío o completamente silencioso. En temporada alta puede llenarse de excursiones, grupos guiados y viajeros que llegan desde La Valeta, Sliema o los cruceros. Pero, solo hay que esperar a última hora de la tarde para entender por qué el nombre ha sobrevivido. Cuando se van los grupos, la ciudad cambia.
De hecho, ese es el mejor momento para visitarla. Al atardecer, se vuelve más íntima. La luz baja, el aire se enfría y la ciudad parece recuperar una memoria antigua. Es entonces cuando el silencio deja de ser una promesa y se convierte en una experiencia real.
El hotel ocupa un edificio del siglo XVII situado en la ciudad medieval fortificada, y forma parte de la red Relais & Châteaux, asociada a alojamientos de lujo con una fuerte identidad local. No se trata de un gran resort ni tampoco un hotel de escala masiva. Es justo lo contrario: cuenta con 17 habitaciones exclusivas, diseñadas de forma individual.
El detalle más mediático del hotel llegó durante la visita de Carlos y Camila a Malta en 2015. En ese momento, todavía no eran reyes: él era príncipe de Gales y ella duquesa de Cornualles. Durante aquella estancia, la pareja se alojó en este hotel y realizó una visita por la ciudad antigua.
El dato ha quedado ligado a la imagen del hotel. Pero, aunque la presencia de huéspedes ilustres suele funcionar como reclamo, no es lo único que sostiene el interés. Mdina es una ciudad que ofrece historia, seguridad, privacidad y una belleza que no necesita grandes gestos, y este hotel, añade a ese escenario el punto de exclusividad propio de un palacio convertido en hotel boutique.
Otro de los grandes atractivos de The Xara Palace es su restaurante De Mondion, situado en la planta superior del hotel. La Guía Michelín lo reconoce con una estrella y destaca su ubicación dentro del propio palacio, además de su propuesta gastronómica de inspiración mediterránea. Malta tiene una cocina marcada por su posición en el Mediterráneo: influencias italianas, norteamericanas, británicas y locales conviven en platos donde aparecen productos del mar, conejo, aceite de oliva, verduras, quesos y masas tradicionales como los pastizzi.