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Viajeros Cuatro26 septiembre 2026

El curioso motivo por el que construyeron fuentes en Lugo en el siglo XVIII

Más allá de mejorar el abastecimiento del agua, el motivo era proteger a las mujeres y proteger la “decencia” de Lugo
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Lugo es una ciudad que guarda una historia en cada esquina. Su muralla romana, sus plazas del casco histórico y sus calles de piedra hablan de siglos de vida urbana, pero también cuentan pequeñas curiosidades que explican cómo era el día a día de sus habitantes. En la temporada 7 de ‘Viajeros Cuatro’, pudimos descubrir algunos de esos rincones de la ciudad gallega y saber por qué se construyeron varias fuentes en la ciudad. 

En pleno centro de la ciudad se encuentra la Fuente de San Juan que, aunque puede pasar desapercibida, esconde mucho más que una función decorativa. Estas fuentes fueron levantadas no solo para embellecer las plazas o hacer más sencillo el acceso a agua potable, sino también por una razón social: proteger a las mujeres de posibles asaltos al ir a buscar agua fuera de la muralla. 

Esta iniciativa fue idea del obispo Francisco Izquierdo y Tavira, una figura clave para entender las mejoras urbanas de la ciudad en el siglo XVIII, quien impulsó la reforma del acueducto y la construcción de fuentes dentro de la ciudad. De esta manera, no solo se mejoraba el abastecimiento, sino que también respondía a una preocupación propia de la época: preservar la “decencia” de Lugo. 

Estas fuentes fueron levantadas no solo para embellecer las plazas o hacer más sencillo el acceso a agua potable
Estas fuentes fueron levantadas no solo para embellecer las plazas o hacer más sencillo el acceso a agua potable

El obispo Izquierdo y la reforma del agua

Francisco Izquierdo y Tavira fue obispo de Lugo a mediados del siglo XVIII y gracias a él se hicieron varias mejoras urbanísticas en la ciudad. Entre ellas, una de las más importantes fue la reforma del acueducto y la conducción de agua potable hacia el centro de la ciudad. El proyecto aprovechaba antiguas captaciones y canalizaciones relacionadas con el abastecimiento histórico de Lugo. 

Dicho plan incluyó la construcción de varias fuentes dentro del casco histórico. Según las referencias históricas recogidas por la prensa local, el proyecto contemplaba tres puntos de abastecimiento: la fuente de la Praza do Campo, la de la Praza Maior y otra situada en el patio del palacio episcopal. 

El motivo de la construcción de las fuente

Lo más curioso de esta historia es el motivo por el que se construyeron: evitar que las chicas tuvieran que salir de la muralla a coger agua y se pudieran exponer a posibles asaltos. En esa época, el reparto de tareas domésticas estaba profundamente marcado por el género. Ellas asumían el trabajo de ir a por agua por lo que eran ellas quienes podían sufrir los riesgos de dichos desplazamientos. 

Este discurso de la “decencia” es algo propio de una mentalidad religiosa y social propia del siglo XVIII. No se hablaba únicamente de seguridad cómo lo podemos entender hoy en día, sino también de controlar situaciones que podían ser consideradas impropias para la época, evitar encuentros no vigilados y preservar la reputación femenina según los códigos morales de la época. 

Hoy en día, esta justificación puede sonar paternalista. Pero al mismo tiempo, también revela algo muy importante: una infraestructura urbana que puede transformar la vida diaria de aquellas personas que tenían que soportar el peso de las tareas domésticas. 

Por otro lado, la construcción de estas fuentes también era una manera de ordenar la vida urbana. El agua dejaba de estar en un punto incómodo o alejado, para estar integrada en la ciudad. Al colocarlas en las plazas centrales, la ciudad ganaba comodidad, pero también control. El poder religioso y municipal podía intervenir sobre los lugares de sociabilidad y sobre los desplazamientos diarios de la población. 

La fuente de San Vicente: el milagro del vino

De todas las fuentes, la más conocida es la de San Vicente, situada en la Praza do Campo. Se trata de una fuente barroca que ocupa un lugar central en una de las plazas más bonitas y vivas del casco histórico lucense. La plaza, que durante siglos tuvo un importante papel comercial, hoy es un espacio de paseo, terrazas y tapero. 

La fuente de San Vicente es famosa por su valor patrimonial, pero sobre todo por una tradición que le ha hecho única: el llamado Milagro del Vino. Cada 29 de julio, coincidiendo con Santa Marta, patrona de la hostelería, la fuente deja de manar agua y comienza a manar vino. 

El Milagro de San Vicente, no es un milagro en sentido estricto, sino una tradición popular con mucho sentido festivo. Según las crónicas recientes, la costumbre nació en 1969, durante las fiestas de San Froilán, y fue recuperada de forma más estable por la asociación Lugo Monumental a partir de 2014. Desde entonces, cada año se organiza en torno al 29 de julio. 

El acto tiene algo de ritual urbano. Se colocan los sistemas necesarios para que la fuente “mane” vino, se reparte entre los asistentes y la Praza do Campo se llena de un ambiente festivo. También es un gran ejemplo de cómo un monumento puede seguir vivo. La Fuente de San Vicente no se contempla solo como una pieza de piedra antigua. Es usada simbólicamente, se celebra y se convierte en protagonista de una fiesta.

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