Risto Mejide ha regresado al plató de ‘Todo es mentira’ después de abrir la nueva temporada del programa desde Ceuta. El presentador, que aseguró no haber dormido tras la emisión especial, explicó que volvía con “sensaciones muy extrañas” después de conocer sobre el terreno la situación de la ciudad y conversar con numerosos vecinos.
Tras agradecer el respaldo de los 2.472.000 espectadores que siguieron en algún momento el programa, Risto quiso detenerse en aquello que le habían contado fuera de cámaras. Según explicó, muchas personas evitaron expresar públicamente su preocupación por temor a ser acusadas de racismo o xenofobia, pero sí le transmitieron en privado su inquietud por el clima que se vive en Ceuta.
“Tenemos miedo de que esto estalle, de que en cualquier momento haya un estallido social”, aseguró que le habían repetido. Unas palabras que, según incidió, no procedían de personas con posiciones extremas, sino de “gente muy normal” y vecinos de la ciudad.
“Hay miedo, hay miedo real”, sentenció el presentador.
Mientras Risto exponía sus impresiones, ‘Todo es mentira’ mostraba imágenes en directo desde Loma Colmenar, una de las zonas más afectadas. Allí se concentraba un numeroso grupo de migrantes que trataba de acceder a un campamento sin plazas disponibles.
El presentador respondió también a quienes pudieran acusar al programa de alimentar una situación de alarma. “Lo siento mucho, luego te dicen que eres un alarmista, pero el alarmismo vendría antes. Esto ya está ocurriendo”, defendió mientras observaba las imágenes.
Risto recordó que muchas de las personas migrantes llevaban semanas viviendo en playas, montes o en plena calle, sin disponer de unas condiciones mínimas de alojamiento e higiene. Una situación que, advirtió, también puede terminar generando incidentes y elevando la tensión entre quienes esperan una plaza y los vecinos de la zona.
La reportera María Oneto confirmó desde Loma Colmenar que se estaban produciendo momentos de tensión. Durante la conexión, varios agentes realizaron disparos al aire para contener los tumultos y evitar que algunas personas derribaran las vallas.
Según explicó la periodista, muchos llevaban más de una semana durmiendo a la intemperie para conservar su posición en la cola de acceso al campamento, con capacidad para unas 700 personas. Sin embargo, un cartel colocado en la entrada avisaba en árabe de que no quedaban plazas.
Risto Mejide enumeró las principales preguntas que, a su juicio, continúan sin respuesta más de un mes después del inicio de la crisis. El presentador señaló que todavía no se conoce con claridad qué provocó la llegada masiva de migrantes, cuántas personas permanecen en Ceuta ni cuándo podrá resolverse la situación.
También recordó que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, aseguró durante los primeros días que la crisis se estaba revirtiendo. Sin embargo, las imágenes mostradas por el programa reflejaban una ciudad todavía desbordada.
“No sabemos por qué se originó, no sabemos cuánta gente se quedó porque no la hemos contado y no sabemos cuándo se va a solucionar”, resumió Risto.
El presentador puso especialmente el foco en las consecuencias para la vida cotidiana de los ceutíes: familias que no llevan a sus hijos al colegio, negocios cerrados, turismo paralizado y vecinos que desconocen cuándo podrán recuperar la normalidad.
“Esto podría pasar al día siguiente de ocurrir, pero es que han pasado 33 días. Me parece vergonzoso”, afirmó con rotundidad. Una crítica que hizo extensiva más allá de la ciudad autónoma: “No solo por todos los vecinos de Ceuta, sino por todos los españoles. ¿Esto qué es?, ¿quién está al mando?”.
Durante el debate, Risto recordó una inquietante frase que había escuchado de una vecina: “Si no lo arreglan ellos, lo arreglaremos nosotros”. Para el presentador, expresiones como esta evidencian el peligro de prolongar una situación sin soluciones visibles.
“Donde no está el Estado puede aparecer cualquier cosa”, advirtieron desde la mesa del programa. Tanto Risto como sus colaboradores coincidieron en que resulta necesario proteger a los vecinos y atender también los derechos y necesidades básicas de los migrantes atrapados en unas condiciones extremadamente precarias.
El programa apuntó, además, que la resolución podría demorarse debido a la necesidad de estudiar cada expediente individualmente y a la especial complejidad jurídica del procedimiento cuando se trata de menores.