La riada que ha golpeado Nepal ha dejado centenares de fallecidos, miles de desaparecidos y un paisaje de destrucción difícil de asimilar. Mientras los equipos de emergencia continúan buscando supervivientes, las autoridades también mantienen la vigilancia ante el riesgo de que puedan producirse nuevas inundaciones en la región.
La hipótesis sobre el origen de la catástrofe apunta al colapso de un glaciar en el Himalaya. Una enorme masa de hielo y roca habría caído desde la montaña y bloqueado el río Lende, creando un dique natural. La acumulación de agua terminó rompiendo esa barrera y provocó una gigantesca corriente de agua y barro que arrasó viviendas, puentes y otras infraestructuras.
Para conocer la situación sobre el terreno, Laila Jiménez entrevistó a Dani Benedicto, español residente en Nepal y fundador de la agencia de viajes Original Planet. Benedicto se encontraba en Katmandú, donde aseguró que se vivía una cierta normalidad, aunque los trabajos de búsqueda y rescate seguían activos en las zonas golpeadas por la riada.
“El número de víctimas yo creo que no lo sabe nadie y no lo sabremos hasta dentro de mucho tiempo”, advirtió. Según las informaciones que le habían llegado, la ola pudo alcanzar unos 20 metros de altura.
La tragedia afecta directamente a una zona en la que trabaja su agencia. Original Planet tenía previsto iniciar el 2 de septiembre un viaje con siete españoles al valle de Langtang, pero la localidad de Syabrubesi, situada al comienzo de la ruta, ha quedado prácticamente destruida.
“El pueblo ha desaparecido casi por completo”, relató Benedicto. La magnitud de la corriente resulta todavía más sorprendente porque, según explicó, la población se encontraba a unos 70 metros sobre el nivel habitual del río. El español considera que la estrechez del valle pudo hacer que el agua alcanzase una altura extraordinaria.
Su relato se volvió especialmente duro al hablar de las familias de la región con las que llevan años colaborando: “Nos alojamos siempre en casas de familias locales y no podemos contactar con ellos. La casa donde nos hemos alojado desde hace años ya no está”. Benedicto reconoció que todavía existe muy poca información sobre lo ocurrido y sobre el estado de muchas de las personas que vivían en las áreas afectadas.
El desastre también ha reabierto heridas que aún no se habían cerrado. El valle de Langtang fue una de las zonas más castigadas por el terremoto que sacudió Nepal en abril de 2015. “De ese pueblo solo sobrevivió una casa. Murieron centenares de personas”, recordó. Once años después, sus habitantes afrontan otra catástrofe de enormes dimensiones. “Imagínate el shock con el que debe estar la gente ahora mismo en la zona”, añadió.
Más allá de las víctimas y de las labores inmediatas de rescate, Benedicto puso el foco en unas consecuencias que podrían prolongarse durante años. Construir carreteras, puentes o centrales hidroeléctricas en el Himalaya requiere enormes esfuerzos y mucho tiempo.
“Es una pena ver las últimas dos décadas de desarrollo que han desaparecido en cuestión de minutos”, lamentó. A su juicio, numerosas aldeas podrían permanecer incomunicadas durante un periodo muy prolongado: “Hacer puentes en el Himalaya no se hace en dos días. O centrales hidroeléctricas”.
El entrevistado explicó que el ejército y la policía de Nepal se encontraban movilizados para localizar a posibles supervivientes, aunque admitió que las imágenes dejaban poco espacio para el optimismo. “Esto ha sido completamente inaudito”, señaló. “Había pueblos desde hacía centenares de años y no había pasado nunca nada. De golpe, el agua y el barro se lo han llevado todo”.
La amenaza, además, no habría terminado. Durante la entrevista se señaló la preocupación por otros lagos formados en la montaña que podrían desbordarse y provocar nuevas inundaciones. Benedicto confirmó que la población conocía el riesgo: “Puede ser que en los próximos días vuelva a romper el otro lago y haya otra catástrofe, otra ola”.
Para explicar la violencia del fenómeno, recurrió a una imagen tan gráfica como estremecedora: “Parece un tsunami, pero en la montaña”. Una amenaza que mantiene en alerta a la población mientras continúan, a contrarreloj, las tareas de búsqueda de los desaparecidos.