El crimen de Pioz marcó un antes y un después en la crónica negra española por la extrema violencia de los hechos y por un elemento tan perturbador como inédito: su retransmisión en tiempo real. El 17 de agosto de 2016, en un chalé de una localidad de Guadalajara, Patrick Nogueira, un joven brasileño de 19 años, acabó con la vida de sus tíos y de sus dos primos pequeños. Lo que ocurrió en el interior de esa vivienda no solo conmocionó al país por su brutalidad, sino también por las preguntas que dejó abiertas sobre la mente del agresor y los límites de la violencia.
Hay un detalle que los expertos del episodio señalan como el más revelador del perfil de Patrick. No hubo una discusión previa ni un arrebato de locura, y aún así Patrick llevó a cabo un plan muy definido en su cabeza, ejecutándolo con absoluta frialdad. Pero lo que ocurrió después fue todavía peor. Después de matar a su tía y a sus primos, Patrick se echó la siesta para esperar a que su tío Marcos llegase a casa. Después lo recibió y también lo asesinó.
Esa capacidad de descansar entre los asesinatos, sin ansiedad visible, sin urgencia, es lo que define para los analistas la naturaleza de Patrick: Patrick sabía cómo esconder la "bestia" que llevaba dentro. Era un chico aparentemente inofensivo, pero también muy vengativo. Su tío Walfram explicó que no era la primera vez que se comportaba con violencia.
Marvin, el amigo de Patrick que recibió sus mensajes mientras perpetraba los asesinatos, no avisó a la Policía ni hizo nada por evitar la matanza. Los cadáveres permanecieron un mes en la casa de Pioz hasta que fueron descubiertos por el vigilante de la urbanización, Julián Jiménez. Este explica la situación de la siguiente manera: "Una vecina nos comentó que salían fuertes olores y que llevaban tiempo sin ver a esa familia. Nada más entrar se percibía el olor a putrefacción. Intuí que algo raro estaba pasando en el chalé. Entonces, nada más levantar la persiana, vi que había un volumen de bolsas gigantesco en el suelo, con moscas alrededor y, por el color del líquido que desprendían, intuí que era sangre."
Los expertos mantienen que Marvin estimuló a Patrick en todo momento. Creen que, de haber estado con él en Pioz, habría ayudado y participado en este múltiple crimen. Le consideran un "colaborador necesario" y un "perpetrador". En cualquier caso, es una persona que sigue en libertad.
Con la Guardia Civil siguiéndole de cerca, Patrick decidió volver a su país, lejos de España. Su tío Walfram le recibió con "absoluta normalidad". Patrick le dijo que era inocente y que no había estado en la casa de Pioz.
En Brasil, Patrick hizo vida completamente normal: salió de fiesta, no mostró ningún signo de arrepentimiento o estrés postraumático. Fue la denuncia de un amigo de Marvin, que encontró el chat cuando Marvin le dejó el móvil, la que acabó delatándolo. La hermana de Patrick, abogada, viajó a España y convenció a su hermano de que sería mejor entregarse voluntariamente.
Cuando llegó el momento, Patrick se presentó en el juicio con una imagen muy trabajada de "niño bueno". Su abogada centró su defensa en los problemas mentales de su cliente y él se adaptó a la perfección a esta estrategia.
Fue la primera vez en España en que una neuroimagen fue presentada como prueba de descargo en un juicio. Pero la estrategia se desmoronó. En el juicio, la defensa de Patrick no consiguió demostrar que su cerebro fuese la causa de su violento comportamiento. Antes de escuchar su sentencia, el acusado pronunció un pequeño discurso intentando disculparse, aunque el jurado popular no se lo creyó y fue condenado a 25 años de prisión, más tres condenas de prisión permanente revisable.