Manuel, Clemente y Teresa están muy conectados con la música. Los tres tienen Alzheimer y, a pesar de los olvidos provocados por la enfermedad, son capaces de subirse a un escenario. Forman parte del Coro de las Emociones de la Fundación Diversión Solidaria, con el que la música les permite evocar recuerdos y emociones, tal y como han contado a Noticias Cuatro.
Cada uno de ellos llegó al coro con sus problemas. “La mente se me quedó en blanco. No sabía dónde estaba ni quién era ni cómo era”, recuerda Teresa. Clemente, por su parte, reconoce que la memoria “no anda muy espabilada”. Pero el Alzheimer no les ha arrebatado su pasión.
“Porque a mí me gusta cantar, me ha gustado toda la vida”, dice Clemente. Igual que a Manuel, aunque él lo hace “sobre todo en la ducha”. La pasión por la música se convierte en su terapia. “Vemos alegría, vemos estimulación, aparte de trabajar el lenguaje, la interacción entre ellos les llevamos, pues a momentos de su vida que otra manera no lo pueden recordar”, explica Javier Alcántara, musicoterapeuta.
El Coro de las Emociones está preparando una actuación con la Orquesta Filarmónica de Torrejón de Ardoz. “Llegamos al sitio y ellos no saben o no recuerdan a dónde van”, reconoce Alcántara. “Pero se suben al escenario y ya lo saben. Se ponen a cantar y saben dónde están y lo que tienen que hacer”, añade.
Es algo que funciona porque hay ciencia detrás. “La memoria musical es la última que perdemos. La música es el estímulo más fuerte que recibe el cerebro, ya no hay otro estímulo que active tanto el cerebro”, explica el musicoterapeuta. Esta terapia de la Fundación Diversión Solidaria les transmite que la enfermedad no es el fin.
“Mis hijas, me trajeron aquí, estoy reactivando un poco mi cabeza y esto fue mis bendiciones”, reconoce Teresa. Y es que música y letra han permitido que se cuele el brillo y la luz en el oscuro escenario del Alzheimer.
Un estudio realizado en España concretó aún más los efectos que llega a tener en personas con deterioro cognitivo, con autismo o demencia. La música modifica directamente los genes, las proteínas y la microbiota multiplicando los efectos positivos.
Así se ha demostrado en un concierto celebrado en Galicia que, a primera vista, recuerda más a un centro de análisis que a un auditorio antes de abarrotar el patio de butacas se toma a los asistentes muestras de sangre y saliva porque este espectáculo es un gran experimento para medir cómo la música modula la expresión de los genes y especialmente en personas con deterioro cognitivo.
Según explicó Federico Martiñón, investigador principal del proyecto Sensogenoma, "cuando estamos sanos más de 1.000 genes se expresan de forma diferencial, pero patologías como el alzheimer o el trastorno del espectro autista (TEA), el número de genes que se expresan diferente son el doble.