En un entorno dominado por notificaciones continuas y demandas inmediatas, la ilusión de la productividad suele vinculada a la capacidad de realizar múltiples actividades de forma simultánea. Sin embargo, tal como reflexiona la física teórica y doctora en Neurociencia Nazareth Castellanos a raíz de la publicación de su libro ‘Un regalo de los dioses’ (Siruela), -obra coescrita junto al filólogo Antonio Basanta-, la especialista aclara de forma categórica que “nuestro cerebro no es multitarea como un ordenador”. Según explica la investigadora en una entrevista con Noticias Cuatro, lo que ocurre en realidad es un cambio vertiginoso de foco atencional que genera un desmedido consumo de recursos neuronales.
Castellanos compara la dinámica cerebral con la de un GPS de alto rendimiento. Cada vez que la mente inicia una tarea, elabora un mapa mental específico; si la dirección se altera de manera constante, la red neuronal se ve obligada a reconfigurarse una y otra vez, provocando una acusada fatiga cognitiva y entorpeciendo la consolidación de la memoria a corto plazo. Esta fragmentación de la atención sitúa al organismo en un modo de "reinicio" permanente que impide procesar la información en profundidad y deteriora el estado de ánimo.
Frente a la aceleración de las pantallas, la científica destaca la lectura como un espacio de restauración y crecimiento. En el desarrollo de los conceptos expuestos en el ensayo, Castellanos analiza el impacto fisiológico de sumergirse en las páginas de un libro: “Cuando tenemos un libro entre las manos, tenemos la opción de esculpir nuestro cerebro, como diría Ramón y Cajal”.
Asimismo, subraya cómo la lectura modula la propia biología corporal: “Cuando leemos, curiosamente, el corazón se vuelve más rítmico para llevarnos a un mundo imaginado y generar en el cerebro esa sensación de estar fuera del mundo real”. Para Castellanos, la palabra escrita representa un pilar decisivo en la historia humana: “En cada palabra hay un destello de luz [...] hablar, escribir y leer es ayudar a la evolución. ¡Ese es el regalo que le hemos hecho a la evolución!”.
Directora de investigación en Nirakara y responsable de la Cátedra Extraordinaria de Mindfulness y Ciencias Cognitivas en la Universidad Complutense de Madrid, Castellanos examina la constante interacción entre el cerebro y órganos como el corazón, el intestino o los pulmones.
Sus hallazgos demuestran cómo la salud emocional queda registrada en patrones fisiológicos; por ejemplo, ante situaciones de estrés o recuerdos preocupantes, la amígdala cerebral puede desencadenar “microcongelamientos de la respiración”, breves pausas respiratorias involuntarias.
Para contrarrestar la dispersión y el agotamiento, la divulgadora propone reeducar la atención de manera paulatina, entendiéndola como un músculo que requiere paciencia y entrenamiento constante. Ejercitar la concentración en gestos cotidianos ayuda a reorganizar la mente gracias a la neuroplasticidad, devolviendo claridad, memoria y equilibrio al día a día.