‘Bajañí’ es la última obra cinematográfica y musical dirigida por Fernando Trueba y protagonizada por el guitarrista almeriense Niño Josele. La producción traza un itinerario sonoro a través de escenarios en España, Estados Unidos y Brasil, situando el lenguaje del cine al servicio de la música sin recurrir a estructuras documentales convencionales ni a bustos parlantes.
Concebida como una experiencia inmersiva, la película explora el diálogo entre la guitarra flamenca y géneros como el jazz y la música brasileña. El proyecto reúne a destacadas figuras de la música internacional, entre las que se encuentran Caetano Veloso, Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron, Marisa Monte, el quinteto Artemis y las hermanas Estrella y Soleá Morente. Además, la obra ha sido mezclada en formato Dolby Atmos para permitir una escucha sin compresión en las salas de cine.
Para definir la esencia de esta colaboración nacida de más de dos décadas de amistad, el propio Fernando Trueba ha destacado en una entrevista con Noticias Cuatro el valor expresivo de la disciplina. “La música es la forma artística más antigua y la que no se deja reducir a palabras -explica-; esta película está hecha para disfrutar y ser feliz”.
Por su parte, Niño Josele ha expresado su satisfacción por trabajar junto al cineasta madrileño. "Cualquier músico del mundo querría que Trueba le hiciera una película", confiesa. El proyecto reafirma la alianza creativa entre ambos artistas, transformando el proceso de escucha y la convivencia entre músicos en una propuesta cinematográfica única.
En busca de la máxima autenticidad, el rodaje evitó deliberadamente escenarios comerciales e institucionales para refugiarse en rincones íntimos, como un modesto sótano en Brooklyn donde se inmortalizó el encuentro entre Niño Josele, el artista panameño Rubén Blades y el legendario contrabajista de jazz Ron Carter. Entre las colaboraciones más singulares destaca también la participación del quinteto femenino de jazz Artemis, para el cual Josele escribió un arreglo de metales a medida, ejemplificando el espíritu de diálogo intergeneracional y multicultural que atraviesa la obra.
En el plano metodológico y técnico, Trueba recupera la "regla moral" que aplicó durante el rodaje de Calle 54: situar el lenguaje cinematográfico al servicio absoluto de la ejecución musical, garantizando que la cámara jamás interfiera en la interpretación de los artistas. Además, la obra ha sido mezclada mediante la tecnología Dolby Atmos, orientada aquí a reproducir la acústica natural de los instrumentos sin las compresiones habituales del ámbito comercial, permitiendo al espectador vivenciar la música con una nitidez inédita en la gran pantalla.