Cada vez es más habitual que perros y gatos compartan hogar. Aunque la convivencia entre ambas especies suele ser tranquila, existen algunas enfermedades e infecciones que pueden transmitirse entre ellas y afectar a su bienestar.
Conocer los riesgos, mantener unas buenas medidas de higiene y seguir el calendario de vacunación son aspectos fundamentales para proteger la salud de las mascotas y prevenir posibles contagios.
Algunas enfermedades infecciosas pueden afectar tanto a perros como a gatos, aunque no todas se transmiten de la misma forma ni presentan los mismos síntomas.
La rabia, por ejemplo, es una enfermedad viral que afecta al sistema nervioso y se transmite principalmente a través de mordeduras. La vacunación sigue siendo la principal herramienta para prevenirla.
La tiña, una infección causada por hongos, puede propagarse por contacto directo o mediante objetos contaminados, mientras que bacterias como la Bordetella bronchiseptica pueden provocar problemas respiratorios, tos y estornudos.
Otras enfermedades, como la leptospirosis o la giardiasis, están relacionadas con el contacto con agua o alimentos contaminados y pueden causar síntomas digestivos, fiebre o problemas renales.
Además, los parásitos externos, como las pulgas y las garrapatas, pueden afectar a ambas especies y favorecer la aparición de otras enfermedades.
La prevención es clave para reducir el riesgo de transmisión entre mascotas. Mantener al día las vacunas y la desparasitación, acudir regularmente al veterinario y garantizar una correcta higiene del hogar son medidas esenciales.
También es recomendable supervisar a los animales en parques, zonas comunes o espacios donde puedan entrar en contacto con otros perros y gatos, especialmente si se desconoce su estado de salud.
En algunos casos, determinadas enfermedades pueden transmitirse también a las personas, por lo que extremar las precauciones resulta todavía más importante.
Algunas infecciones que afectan a perros y gatos también pueden transmitirse a las personas. Es lo que se conoce como zoonosis y entre ellas se encuentran enfermedades como la rabia, la tiña o la leptospirosis.
Esto no significa que convivir con perros o gatos suponga un riesgo constante. Mantener una buena higiene, seguir las pautas de vacunación y desparasitación y realizar revisiones veterinarias ayuda a reducir las posibilidades de transmisión.
Lavarse las manos después de manipular sus residuos, mantener limpios sus espacios y prestar atención a cualquier síntoma son hábitos sencillos que contribuyen a proteger tanto a los animales como a las personas que conviven con ellos.
La aparición de síntomas como fiebre, pérdida de apetito, diarrea, tos persistente, caída del pelo o cambios de comportamiento puede indicar la presencia de una infección.
Ante cualquier señal de alerta, acudir al veterinario permitirá obtener un diagnóstico adecuado y aplicar el tratamiento más conveniente para proteger tanto a perros como a gatos.