Enseñar a tu gato a dar la pata puede parecer complicado, pero con paciencia, constancia y algunas recompensas es posible conseguirlo. Además de ser un truco divertido, el entrenamiento ayuda a estimular su mente y fortalecer el vínculo con tu mascota.
Solo necesitas un espacio tranquilo, premios que le gusten y unos minutos al día. Te contamos cómo hacerlo paso a paso.
Para que tu gato se sienta cómodo, es importante elegir un lugar tranquilo y sin distracciones. Ten a mano algunas golosinas que le gusten especialmente y procura que las sesiones sean cortas, de unos cinco minutos, adaptándolas siempre a su interés.
Recuerda que cada gato aprende a su propio ritmo. Si se muestra cansado, nervioso o pierde el interés, lo mejor es dejarlo para otro momento.
Antes de enseñarle a dar la pata, puede ser útil que tu gato aprenda a sentarse.
Para conseguirlo, coloca una golosina cerca de su nariz y muévela suavemente hacia arriba y hacia atrás. Es posible que, al seguir el premio con la mirada, termine sentándose de forma natural.
En cuanto lo haga, recompénsalo para que asocie ese comportamiento con algo positivo. No es necesario forzarlo ni empujarlo para que se siente.
Cuando esté tranquilo, coloca una golosina dentro de tu mano cerrada y acércasela.
Es posible que intente tocar tu mano con una de sus patas para conseguir el premio. En cuanto levante la pata, aunque sea ligeramente, dale la recompensa.
Repite el ejercicio varias veces para que empiece a relacionar ese movimiento con el premio.
Cuando tu gato comience a repetir el gesto, puedes incorporar una orden verbal sencilla, como «pata» o «da la pata».
Pronuncia siempre la misma palabra antes del movimiento y recompénsalo cuando responda correctamente.
La repetición y la constancia ayudarán a que relacione la orden con la acción.
Una vez que haya entendido el ejercicio, prueba a extender la palma de tu mano mientras pronuncias la orden.
Cuando coloque su pata sobre ella, felicítalo y dale un premio. Poco a poco, puedes conseguir que responda tanto a la palabra como al gesto.
Es importante no cogerle la pata ni obligarlo a realizar el movimiento: debe hacerlo voluntariamente.
Las sesiones cortas y frecuentes suelen funcionar mejor que los entrenamientos demasiado largos.
Dedicar unos minutos al día ayudará a reforzar lo aprendido sin que tu gato pierda el interés. Con el tiempo, puedes combinar las golosinas con otras recompensas que le gusten, como juegos o caricias, siempre que las disfrute.
No todos los gatos responden igual al entrenamiento. Algunos aprenden rápidamente, mientras que otros necesitan más tiempo o simplemente no muestran interés por este tipo de ejercicios.
La clave es respetar su ritmo, utilizar siempre el refuerzo positivo y evitar los castigos. Si un día no quiere participar, no pasa nada.
Más allá de conseguir que dé la pata, lo importante es que el entrenamiento sea una experiencia agradable que os permita jugar, aprender y pasar tiempo juntos.