Hay primeras citas en las que la conexión surge sin esfuerzo y otras en las que ni el universo consigue echar una mano. La de María José y Luis en 'First Dates' ha sido de las segundas. Aunque ambos viven en Tenerife, pronto han descubierto que compartir isla no significa estar en la misma onda. Y cuando ella ha sacado una baraja de cartas del bolso, la distancia entre los dos se ha hecho todavía más evidente.
María José ha llegado al restaurante con las ideas claras sobre lo que busca en una pareja. Quiere una persona tranquila, que sepa lo que quiere y con la que no tenga que lidiar con celos ni comportamientos inmaduros. Sus prioridades han cambiado: "Me he dado cuenta de que, más que sea el macho alfa, lo que necesito es que sea un compañero de vida".
Luis, sin embargo, no ha sentido atracción al conocerla. A solas con el programa, ha explicado que su físico no encajaba con sus preferencias. Una primera impresión poco prometedora para una cena en la que todavía quedaban unas cuantas diferencias por descubrir.
La conversación ha empezado con una coincidencia geográfica: los dos viven en Tenerife. Ella, en Adeje; él, en Los Cristianos. Pero el primer giro divertido ha llegado cuando María José ha querido saber a qué se dedica su acompañante.
Luis ha explicado que lleva aproximadamente 48 años vinculado al ocio nocturno. Con semejante trayectoria, ella ha dado por hecho que tendría afición al baile. La respuesta ha desmontado la teoría en dos palabras: "Pues no".
"He montado siete locales de ocio nocturno. Y yo no sé bailar", ha reconocido. Gestionar la fiesta y salir a la pista son, en su caso, dos asuntos completamente distintos.
Más allá de las primeras impresiones, María José ha mostrado una faceta fundamental de su vida: su interés por el crecimiento personal, la psicología y la espiritualidad.
Según ha contado, su forma de entender estas cuestiones cambió tras la muerte de sus padres, que fallecieron con ocho meses de diferencia. La soltera ha relatado que creyó vivir una aparición de su padre y que aquella experiencia la llevó a aceptar una sensibilidad hacia estos temas que antes le daba miedo.
Su visión de la espiritualidad está ligada al universo, la gratitud y la generosidad. "Yo creo en que el universo está regido por unas leyes y que si tú haces el bien, el bien al final va a sobresalir", ha explicado durante la cena.
Luis, que se ha definido como católico no practicante, no compartía esa manera de verlo. Y la conversación ha terminado dando paso al objeto que más le ha desconcertado de toda la velada: una baraja de mensajes del universo.
Cuando María José ha sacado las cartas, Luis ha intentado entender qué le estaba proponiendo: "¿Tú qué juegas? ¿Eso?". Ella le ha aclarado que no se trataba de un juego. La dinámica consistía en pensar una pregunta, escoger una carta y leer su mensaje.
La sorpresa no le ha resultado especialmente agradable a su acompañante. "Que lleve una baraja de cartas en el bolso, la verdad que a mí eso no me ha gustado", ha confesado ante las cámaras. Y ha añadido: "No me ha gustado porque ya he pensado que es bruja".
Pese a sus reticencias, Luis ha participado. Eso sí, antes ha necesitado alguna indicación más para saber cómo plantear su consulta. "A las cartas, no a mí", le ha explicado María José.
El mensaje elegido anunciaba el final de una etapa y la llegada de cosas hermosas en el siguiente capítulo de su vida. Una lectura esperanzadora que ella ha recibido con naturalidad: según ha explicado, considera que estas cartas suelen coincidir con los pensamientos o la situación de quien las escoge.
Luis ha respondido con un diplomático "Está bonito". Pero ante las cámaras ha dejado bastante menos espacio a la interpretación: "Yo no me creo nada de eso. Sinceramente no me creo nada".
Las cartas le auguraban cosas hermosas. Convencerle de que el universo tenía un mensaje para él iba a ser bastante más complicado.