En 'First Dates', hasta quienes reciben a los solteros pueden acabar atravesados por las flechas de Cupido. Que se lo digan a Lidia Santos, que ha pasado de dar la bienvenida a Cristian a sentarse frente a él para descubrir si lo suyo podía ir más allá de una primera cita. Y la cena ha tenido un poco de todo: flores, mucho tonteo, conversaciones íntimas y hasta una pregunta sobre bodas.
Su historia comenzó con un pequeño giro de guion. Cristian había llegado al restaurante para conocer a Kristina, pero llamó la atención de Lidia nada más entrar. Su altura fue lo primero que la impresionó. Ella se colocó a su lado y soltó un "increíble"; él le devolvió el cumplido: "Tú también eres increíble".
Después, Lidia se acercó a su mesa y aquella conversación terminó de revolucionarla. Confesó a sus compañeras que le temblaban las piernas y contó a Carlos Sobera que nadie le había removido tanto desde su última ruptura. Cristian también se marchó con ganas de conocerla: dejó un mensaje invitándola a una cita y ella aceptó.
Para su esperada cena, Lidia eligió un vestido midi negro y llegó ilusionada, reconociendo ante Carlos Sobera que había sentido un "flechazo". Cristian la esperaba con un ramo de flores y vestido también de negro, precisamente como a ella más le gusta ver a un hombre. "Me he derretido", confesó. El punto de partida difícilmente podía ser mejor.
Ya en la mesa, descubrieron que compartían su relación con el mundo de la moda. Lidia explicó que había empezado con 13 años, después de que su madre la apuntase a un curso en Málaga, y recordó su paso por los certámenes de belleza. Había ganado Miss Málaga y participado en Miss España, algo que despertó la admiración de su acompañante.
Pero Cristian también quiso conocer qué había detrás de esa primera impresión. Ella le contó que llevaba un año soltera y que había querido dedicarse tiempo: "Yo siempre he sido una persona de estar en pareja". Estar sola había sido una forma de conocerse mejor.
Cristian explicó que llevaba casi tres años soltero y que tenía un hijo de seis años. Al hablar del pequeño, compartió una parte especialmente personal de su historia: había perdido a sus padres y la paternidad le había dado "un impulso" y una nueva motivación.
Lidia reconoció que la noticia le sorprendió al principio, pero dejó claro que no suponía un obstáculo para seguir conociéndolo: "Forma parte de él y si resulta que vivimos una historia de amor y él tiene un niño, pues yo lo voy a querer como a él".
Cuando le tocó responder si tenía hijos, ella decidió gastarle una broma: "Tengo tres". La cara de Cristian mereció unos segundos de suspense antes de que aclarase que no era verdad.
Lo que sí expresó fue su deseo de ser madre en un futuro. Él también se mostró interesado en tener más hijos y construir un proyecto de familia. Con esa conversación sobre la mesa, Lidia quiso averiguar algo más: "¿Tú te casarías?".
Cristian respondió que sí. Ella tenía bastante claro qué le gustaría: "Me gustaría vestirme de blanco".
La confianza permitió que hablaran abiertamente de sus experiencias. Cuando Lidia le preguntó si era heterosexual, Cristian le contó que también había salido con hombres: "He tenido mis épocas de experimentar mi sexualidad".
Él explicó que su aspecto podía llevar a otras personas a hacerse una idea equivocada sobre sus vivencias. Lidia agradeció que tratase el tema con naturalidad: "Está bien que hables de este tema abiertamente". Aunque no se lo esperaba, su valoración fue clara: "Me ha chocado un poco, pero ya está. No pasa absolutamente nada".
También hubo espacio para hablar de lo que necesitan en pareja. Lidia se definió como una mujer enamoradiza, cariñosa y muy de contacto físico: "Soy una persona que necesita atención, que necesita mimos".
La conversación subió de temperatura cuando abordaron la importancia del sexo. Los dos coincidieron en que ocupa un lugar fundamental en una relación, aunque sus porcentajes fueron distintos: Cristian habló de un 50 % y Lidia lo elevó al 80 %. "Al final el sexo es vida", aseguró ella.
Entre sus afinidades apareció otra que podía darles mucho juego: el baile. A Lidia le encanta la música latina y le gustaría compartir esa afición con una pareja. Además, reconoció sin rodeos qué le había atraído de él: su altura, su físico y que se cuidase.
Cristian, por su parte, recordó los nervios de aquel primer encuentro y destacó que le había gustado que ella tomase la iniciativa. Lidia lo resumió con una frase: "Cuando quiero algo o me gusta algo voy a por ello".
La velada terminó con los dos bailando salsa a solas y con ella proponiendo repetir el plan fuera del restaurante. La llegada de Carlos Sobera para comunicarles que estaban invitados puso el broche a una noche en la que Lidia volvió a sentirse nerviosa e ilusionada.
"Me ha entrado un pellizquito, un poquito tontita me pongo", confesó. Los dos quisieron tener una segunda cita: aquel cruce de cumplidos en la entrada del restaurante se había convertido en ganas de seguir conociéndose.