En 'First Dates', compartir una cena agradable y terminar bailando no siempre garantiza una segunda cita. Nicole y Diego han disfrutado conociéndose, han intercambiado alguna invitación para verse en Valencia y hasta han improvisado unas clases de baile. Sin embargo, había un detalle que podía desajustar sus planes: para ella, las cinco de la mañana pueden ser la hora de volver a casa; para él, la de levantarse.
Diego, chileno de 33 años afincado en Valencia, ha llegado al restaurante con ganas de volver a ilusionarse después de un año y medio sin pareja. "Me gustaría volver a enamorarme", explicaba. Y estaba dispuesto a asumir los riesgos: "Si me rompen el corazón, pues que me lo rompan. Si sale todo bien, genial".
Entrenador personal y con tres centros de crossfit en Valencia, el soltero buscaba a una persona que disfrutase de la vida, supiera reír y combinase la espontaneidad con la madurez. Nicole, recepcionista de hotel de 26 años y de Barcelona, se presentaba como una mujer extrovertida, divertida y siempre sonriente. Sobre el papel, había motivos para dar una oportunidad a la cena.
La primera conversación ha dejado una preferencia clara por parte de Nicole: "Me gustan maduritos". Por eso, los 33 años de Diego entraban en lo que buscaba. La soltera explicaba que suele fijarse en hombres mayores porque los considera más maduros y con una vida más organizada.
El primer encuentro, eso sí, no ha sido un flechazo arrollador. "No lo he visto feo, pero tampoco lo he visto que guau, me ha impresionado", reconocía ella. Diego tampoco encontraba en Nicole su prototipo físico, aunque sí la consideraba una chica guapa.
El deporte les ha permitido descubrir un primer punto en común. Nicole juega al pádel y había practicado gimnasia rítmica durante 15 años. Él, por su parte, no ha tardado en ofrecerle una visita a sus entrenamientos si se acercaba a Valencia. "Perfecto, ya te llamo. Ya tengo entrenador", respondía ella.
La conversación ha cambiado cuando Diego le ha preguntado si era fiestera. Nicole no ha necesitado pensárselo: "Me encanta la fiesta". Le gusta salir y disfruta tanto del reguetón como del tecno.
La sinceridad ha gustado al entrenador, aunque su respuesta dejaba al descubierto una diferencia importante: "La verdad que no soy muy fiestero". Diego explicaba que a medianoche ya suele estar agotado y que sus planes favoritos tienen otros horarios.
"Si algún día quieres levantarte a las cinco de la mañana para subir el Everest, pues soy tu hombre", bromeaba. Trasnochar hasta esa misma hora era otra historia: en ese caso, prefería quedarse en casa.
Eso no significaba que nunca saliera. El soltero reconocía que disfruta de algún festival de tecno de vez en cuando, pero no como una costumbre diaria ni semanal.
Aun así, la cena ha seguido con acercamientos. Diego buscaba una mujer risueña y Nicole se ha dado rápidamente por aludida: "Mira, ya está. Aquí me tienes". También se mostraba abierta a acompañarlo a la naturaleza y probar a acampar, algo que nunca había hecho.
Incluso ha quedado sobre la mesa una posible visita a Valencia. Nicole tenía pendiente ir a ver a una amiga y él ha aprovechado la ocasión: "Bueno, pues ahora tienes dos razones".
La complicidad ha continuado con un baile en el que Nicole se ha soltado y Diego ha intentado seguirle el ritmo. Ella le ofrecía unas "clasecillas" y él aceptaba encantado.
El entrenador valoraba que su cita fuera extrovertida, tuviera conversación y estuviese dispuesta a probar cosas. "Me sentí muy cómodo contigo", le decía antes de la decisión final. Nicole compartía esa sensación.
Por eso, ella ha respondido que sí tendría una segunda cita. Quería seguir conociéndolo y, de paso, recibir esas clases de crossfit de las que habían hablado.
Diego, sin embargo, ha puesto el foco en lo que los separaba: "Me encantaba tu energía, pero es cierto que no somos compatibles en algunos puntos". El principal era la fiesta. "Yo estoy, pues eso, levantándome a las cinco de la mañana y a ver si tú estás llegando a las cinco", explicaba.
Aunque no veía esa compatibilidad para avanzar como pareja, ha dejado abierta la posibilidad de compartir un plan si viajaba a Barcelona: salir a bailar tecno. La cena terminaba con buen ambiente, pero con expectativas distintas. Nicole quería seguir explorando la conexión; Diego se llevaba una buena impresión y unas dudas que el baile no había despejado.