Hay quien sale de una primera cita sin saber si habrá una segunda. Alonso y Dolores han salido de ‘First Dates’ pensando en compartir bastante más que otra cena. Antes de sentarse a la mesa ya se habían besado; después llegarían los planes de convivencia, un baile bien agarrados y una confesión que explica mejor que cualquier piropo lo que ha supuesto el encuentro: “Este cariño ya se me había olvidado”.
Él tiene 84 años y ella, 88. Ambos están viudos, tienen hijos y viven solos porque prefieren mantener su independencia a instalarse en casa de sus familiares. Pero una cosa es querer conservar tu espacio y otra no echar de menos a alguien con quien compartirlo. Y estos dos han encontrado motivos para hacerse un hueco en sus respectivas vidas.
Alonso ya conocía el restaurante, aunque su primera experiencia no había terminado como esperaba. “No tuve suerte. Me dijo que no”, ha recordado. Desde entonces tampoco había tenido ninguna relación, pero las ganas de enamorarse seguían intactas: “Eso es lo que más me encanta. Eso es lo que más me gusta. Pero a ver a dónde está”.
Al preguntarle qué echaba de menos de una pareja, ha respondido con algo tan cotidiano como que le hiciera un café. Buscaba compañía, cuidados y cariño, y venía dispuesto a corresponder: “El día a día yo tengo una mujer y no hago nada más que besarla”.
No era una declaración para quedar bien ante las cámaras. En cuanto ha aparecido Dolores, Alonso ha empezado a demostrar que hablaba muy en serio.
Dolores ha llegado con una sonrisa y una larga lista de aficiones: bailar, jugar, hacer gimnasia, viajar… Planes que le apetecía disfrutar acompañada. Alonso, por su parte, apenas ha necesitado la presentación para dar su primer veredicto: “Me gusta, no puedo remediarlo”.
Ella también ha valorado lo que tenía delante. Le ha gustado encontrar a un hombre elegante y cuidado, y los cumplidos han empezado a circular en ambas direcciones. Mientras tanto, él ya estaba resolviendo la parte práctica del flechazo: al saber que Dolores era de Jaén, se ha puesto a hablar de los autobuses que podía coger para visitarla. Todavía no habían cenado y Alonso ya estaba buscando cómo volver a verla.
El primer beso ha llegado allí mismo, en la barra. “Me he lanzado porque me gusta”, ha explicado él. Dolores lo ha recibido encantada y ha reconocido que echaba de menos los besos.
La conversación en la mesa ha servido para hablar de sus familias, sus parejas anteriores y sus vidas. Sin embargo, el pasado pronto ha dejado espacio a lo que podrían construir juntos.
Dolores ha planteado que le gustaría vivir en su piso y Alonso se ha mostrado dispuesto a darle todos los caprichos. Además, han descubierto que comparten aficiones como los viajes, el baile y la playa. No les faltaban posibles planes para estrenar esa conexión.
Tampoco faltaban ganas de acercarse. “¡Qué beso te voy a dar cuando te pille!”, le ha anunciado Alonso entre piropos. Dolores le ha seguido el juego sin hacerse de rogar: “Serás correspondido porque yo también tengo ganas de besar”.
En un espacio más íntimo, los dos han bailado agarrados y han encadenado un beso con otro. Dolores ha explicado que eran besos “de cariño”, aunque también ha dejado claro que la pasión tenía su sitio: “Yo le he dejado que sea, porque también me gusta sentir la pasión”.
Después ha llegado la valoración, directamente al interesado: “Besas muy bien, Alonso”. Él tenía preparada una respuesta a la altura del entusiasmo de toda la cita: “Me gustas tanto. Te voy a dar los que quieras”.
Entre bromas y arrumacos, Dolores ha expresado lo que esperaba de esa relación: “Va a ser un hombre importante en mi vida, porque me va a dar todo el cariño que yo necesito”. Y cuando ha reconocido que ese cariño se le había olvidado, Alonso ha admitido que a él también.
Con semejante encuentro, la decisión final tenía poco suspense. Preguntado por si quería volver a quedar con Dolores, Alonso ha ampliado la propuesta: “Sí, no una, sino veinte. Porque me ha gustado y es guapa. Y la voy a querer toda la vida”.
Dolores también ha querido repetir. El futuro estaba por descubrir, pero ambos salían del restaurante con algo que llevaban tiempo echando de menos. Lo habían resumido unos minutos antes, entre besos y promesas: “Te voy a querer”, le decía Alonso. “Y yo me voy a dejar querer”, respondía ella.