Maca llegaba a 'First Dates' con una promesa pendiente y pocas expectativas. Su prima Fátima, ya fallecida, la había apuntado al programa y los recuerdos de Facebook se encargaban de recordárselo una y otra vez. Así que había decidido acudir al restaurante para cumplir con ella. Lo que no esperaba era encontrarse con Daniel y pasar de sentirse obligada a agradecer aquella insistencia.
La conexión surgía enseguida. Él regresaba al programa después de una experiencia agradable que no había desembocado en una relación y llevaba un palo de golf como pista sobre su gran pasión. Ella lo confundía con un utensilio para recoger las fichas del casino. Era solo la primera de las muchas bromas de una cena que avanzaba entre risas, confesiones y algún plan de futuro. Sin embargo, cuando todo parecía encarrilado, llegaba la cuenta.
"Vengo aquí 100% obligada porque mi prima Fátima, que Dios descanse, me ha metido en este lío", explicaba Maca a Carlos Sobera. Detrás de su llegada había una historia familiar que ella relataba con emoción, pero también con mucho sentido del humor: cada recuerdo de aquella inscripción se había convertido en una nueva llamada a cumplir su promesa.
Después de conocer a Daniel, el discurso cambiaba. "Ahora, ya que te he visto, estoy encantada", le decía al sentarse con él. La soltera incluso daba las gracias a su prima por haber propiciado el encuentro.
También descubrían un punto en común en sus trayectorias profesionales. Maca seguía muy activa al frente de una empresa de catering y Daniel contaba que tenía formación en hostelería y había gestionado un negocio familiar durante casi treinta años. Ahora dedicaba tiempo al golf, una afición a la que ella encontraba una ventaja de lo más práctica: tener a la pareja entretenida unas cuantas horas fuera de casa.
Con la confianza instalada, Maca llevaba la conversación a un terreno inesperado: la pensión de viudedad. Entre bromas, explicaba que no le interesaba quedarse con la herencia destinada a los hijos. "Yo solamente quiero la pensión, no la herencia", soltaba.
Daniel seguía el juego, aunque recordaba que antes habría que empezar una relación y comprobar su compatibilidad. Ella, mientras tanto, bromeaba con investigar sus negocios en internet al salir del restaurante. La cena permitía hablar de futuro sin perder el tono divertido que había marcado el encuentro desde el principio.
Otro asunto reaparecía constantemente: el palo de golf. Maca estaba convencida de que Daniel se lo había regalado y no dejaba de agradecerle el detalle. Él aclaraba ante la cámara que aquello no era un obsequio, sino la pista que había llevado para presentarse. El equívoco acompañaba buena parte de la cita, entre conversaciones sobre juegos de cartas y un baile en el que también recordaban a Fátima.
El momento menos cómodo llegaba al pagar. Daniel ponía su parte de la cena, un gesto que a Maca no le sentaba bien. "Me ha parecido un poco regular. Bastante regular", reconocía.
Ella explicaba que había pensado en ofrecerse a invitarlo y dejar el dinero de él como propina para las camareras, pero no había querido "venir de sobrada". Después de tantos elogios y tanta complicidad, la forma de resolver la cuenta introducía el primer roce.
La incomodidad no acababa, sin embargo, con sus ganas de seguir conociéndose. Daniel aceptaba una segunda cita porque le había encantado la personalidad de Macarena. Ella también quería repetir y dejaba claro que sus motivos ya habían cambiado: "Ya no por Fátima, no, por mí".
Había encontrado a alguien cuya personalidad y valores le gustaban. Eso sí, seguir viéndose tendría que esperar: esa misma jornada tenía una partida de cartas. Para el siguiente encuentro, Maca proponía el día siguiente y Daniel respondía que no lo descartaba.