Hay historias en 'First Dates' que empiezan al cruzar la puerta del restaurante y otras que lo hacen mucho antes. Es el caso de Emanuela, de 77 años, que ya tenía muy claro quién quería que fuese su cita antes incluso de sentarse a la mesa. Había visto a Pedro, de 82, en el programa y el flechazo había sido tan fuerte que decidió llamar para conocerlo.
Después de meses esperando ese momento, por fin lo tenía delante. Y parece que las expectativas no solo se han cumplido, sino que la atracción ha sido mutua desde el primer instante. "Qué guapa eres. Me gustas, sinceramente me gustas", le confesaba Pedro nada más comenzar a conocerse.
Emanuela no podía estar más encantada. De hecho, reconocía que había enseñado la fotografía de su cita a sus amigas y que ninguna había conseguido quitarle la idea de la cabeza. "Me dicen: 'Emanuela, es tan mayor'. Digo: 'No me importa, me encanta", contaba entre risas. Pedro parecía tenerlo igual de claro: "Está enamorada, pero yo también me estoy enamorando".
La complicidad iba creciendo según avanzaba la cena y Emanuela terminaba confesando que tiene "muchísimas ganas de enamorarse" y de volver a experimentar las mismas sensaciones que cuando tenía 20, 30 o 40 años.
Y si el terreno sentimental no les provocaba ningún pudor, el sexual tampoco. Emanuela quería saber si Pedro seguía siendo un hombre "vigoroso", aunque rápidamente le pedía que no diese demasiados detalles ante las cámaras porque sus amigas podían terminar riéndose de ella. La conversación, sin embargo, ya no tenía retorno.
"Cuando hay compenetración y hay feeling, no hay tabúes en la cama", sentenciaba Emanuela. Algo con lo que Pedro estaba completamente de acuerdo. "La veo fogosa y yo también soy muy fogoso", reconocía él ante el equipo del programa. La respuesta de su cita no podía ser más clara: "Tú tranquilo, que no te va a faltar de nada. De nada"; "A ti tampoco", replicaba Pedro.
Después de comprobar que la química funcionaba en la mesa, llegaba el momento de descubrir si también lo hacía en las distancias cortas. Los dos se trasladaban a una zona más íntima del restaurante, bailaban juntos y terminaban dejándose llevar con un beso.
"El cuerpo nos lo pedía a los dos. Que nos besáramos, y nos hemos besado", reconocía después Pedro, que incluso recuperaba una sensación que parecía tener olvidada: "He sentido maripositas. Eso que suele decir la gente. Pues a mí me han dado las mariposas hoy". Emanuela tampoco se quedaba atrás. Los besos tenían una explicación muy sencilla: "Porque me gustas, ¿eh? Si no, no te creas tú que te voy a regalar tantos besos".
La decisión final, a esas alturas, parecía casi escrita. Emanuela quería una segunda cita y reconocía que Pedro había superado todas sus expectativas: "No sé si decir que estoy enamoradita ya. Casi, casi". Pedro aceptaba encantado seguir conociéndola y dejaba en manos del destino lo que pudiera ocurrir entre ellos: "Dios dirá lo demás".
Pero Emanuela tenía otros planes más inmediatos. Con la segunda cita asegurada y después de toda una noche de química, confesiones y besos, decidía que había llegado el momento de abandonar el restaurante antes de que la temperatura siguiera subiendo: "Venga, vámonos, vámonos, si no la cosa se pone caliente".