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First Dates21 septiembre 2026

Alejandro encuentra a la mujer de sus sueños en ‘First Dates’: “Es como si hubiera soñado contigo”

Carmen y Alejandro conectan entre confesiones sobre la convivencia, poesía y mucho tonteo. Él llega con las expectativas bajas, pero termina dispuesto a encadenar unas cuantas citas con ella.
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Alejandro ha ido a ‘First Dates’ con las expectativas bajo control. O eso pretendía. Su entorno le había recomendado disfrutar de la experiencia sin imaginar demasiado y, de entrada, parecía un consejo fácil de seguir. Hasta que ha conocido a Carmen. A partir de ahí, al soltero le ha costado encontrar las palabras para explicar lo que estaba sintiendo: tenía delante a alguien que encajaba con lo que buscaba y no podía dejar de decírselo.

Pero antes de las caricias y las declaraciones, ambos han puesto sobre la mesa un asunto bastante menos romántico, aunque fundamental: qué esperan de la convivencia en pareja. Y Carmen ha dejado claro que compartir casa no puede significar hacerse cargo de todo.

Carmen marca sus límites: “No me gusta ser la madre de mi pareja”

La soltera ha contado que una antigua pareja se trasladó de Galicia a Barcelona para vivir con ella, pero la experiencia no salió bien. “No me gusta ser la madre de mi pareja porque para eso ya tiene una madre”, ha explicado. Una situación que terminó llevándola a alejarse de aquella relación.

Para Carmen, hay un aprendizaje que algunos hombres se saltan cuando pasan directamente de vivir con sus padres a instalarse con su novia: aprender a desenvolverse solos. “Ser autosuficiente e independiente”, ha resumido.

Alejandro, que también ha convivido en pareja y guarda una buena opinión de esa experiencia, ha querido explicar cómo se implica en sus relaciones: “Me considero un chico de responsabilidad afectiva. Siempre”. Una declaración que Carmen ha recibido con interés: “Es muy importante”.

La conversación también ha servido para desmontar sus respectivas fachadas de tipos duros. Ella ha confesado que escribe poesía, algo que, según cuenta, nadie suele esperarse. Él ha revelado que a veces también escribe y que prefiere llorar en la intimidad.

Carmen le ha recordado que dejar salir las emociones no tiene por qué poner en cuestión su masculinidad. “Yo estoy deconstruido en ese sentido”, ha respondido Alejandro. Entre confidencias, los dos iban encontrando puntos en común.

“Es como si hubiera soñado contigo”

A Alejandro se le estaba haciendo difícil disimular el entusiasmo. “La veía demasiado perfecta”, ha reconocido ante la cámara. No se esperaba encontrar a alguien con quien tuviera tanta afinidad y, durante la cena, su sorpresa se ha convertido en una declaración de lo más directa: “Es como si hubiera soñado contigo en algún momento”.

“¿En serio?”, ha preguntado Carmen. Él lo tenía claro. Ella, por su parte, ha entendido perfectamente aquella insistencia: “Hemos congeniado tan bien que, claro, es que no ha podido evitar repetírselo tantas veces”.

Y la conexión no se ha quedado en la conversación. Alejandro se ha fijado en su piercing de la lengua y los piropos han dado paso a un juego entre lo dulce y lo guerrero. “Princesa luchadora”, la ha llamado, encantado con esa combinación.

Después han llegado las caricias en el pelo. Él ha asegurado que le encantan y que le dejan “hipnotizado”. El acercamiento ha terminado de confirmar una atracción que ya resultaba bastante evidente.

Alejandro no puede contener la emoción: “Es como si hubiera soñado contigo”
Alejandro no puede contener la emoción: “Es como si hubiera soñado contigo”

A la hora de explicar qué le había gustado de Carmen, Alejandro ha destacado tanto la primera impresión física como su manera de ser: “Tiene una personalidad muy rompedora”. Había llegado con pocas expectativas y se marchaba, según sus propias palabras, con “una inyección de felicidad”.

Una segunda cita… y unas cuantas más

Con semejante cena, la decisión final parecía bastante encaminada. Aun así, Alejandro ha encontrado la forma de darle un poco más de intensidad. ¿Una segunda cita con Carmen? Su respuesta se quedaba corta con un simple sí: “Una segunda, una tercera, una cuarta”.

Carmen también ha querido seguir conociéndolo y ha respondido afirmativamente, rematando el momento con un cariñoso “princeso”. Cuando ella lo ha descrito como “muy cuqui”, él ha puesto la última broma: “Me siento galleta”.

Entre poesía, caricias y algún que otro atasco verbal, Alejandro ha terminado la cita bastante lejos de aquella prudencia inicial. Carmen también quiere repetir. La próxima vez podrán comprobar si la conexión sigue siendo igual de buena fuera del restaurante.

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