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En guardia: Mujeres contra el crimen

En guardia22 agosto 2026

La verdadera historia tras As Bestas, el crimen de Santoalla que tardó cuatro años en resolverse

Cuando Rodrigo Sorogoyen escribió As Bestas, que arrasó en los Goya 2023, tomó como punto de partida un crimen real ocurrido en una aldea de Ourense en 2010
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La investigadora de la Guardia Civil Montserrat Domínguez, junto a otros testimonios, cuentan las particularidades de la desaparición en 2010 del holandés Martin Verfondern, cuyo cuerpo sin vida fue hallado cuatro años después. El caso, conocido como el crimen de Santoalla, es la historia real, con diferencias, que inspiró la película del director madrileño.

Una nueva vida al final del mundo

Martin Verfondern y Margo Pool se mudaron en 1997 a la aldea gallega de Santoalla do Monte. Allí buscaban empezar una nueva vida, rodeados de la tranquilidad que solo el campo puede ofrecer. La suerte les acompañó en esos primeros años y vivieron una convivencia idílica con sus vecinos, la familia de los Rodríguez, formada por cuatro hermanos y sus padres. 

Martin era alemán, Margo era holandesa. Se habían conocido en Holanda durante unas protestas, se enamoraron y comenzaron una vida juntos. Iniciaron un viaje por toda Europa y algunas partes de Sudamérica buscando un lugar en el que iniciar un proyecto vital en contacto con la naturaleza. Santaolalla fue su destino elegido como final.

La verdadera historia tras As Bestas, el crimen de Santoalla que tardó cuatro años en resolverse
La verdadera historia tras As Bestas, el crimen de Santoalla que tardó cuatro años en resolverse

Todo iba perfecto, hasta que se puso en la mesa el tema del dinero. Hasta ese momento, los Rodríguez eran la única familia que gobernaba y disfrutaba económicamente del monte comunal, un pinar de casi 500 hectáreas con muchos recursos madereros que explotar. Los holandeses hicieron una reclamación para beneficiarse también de los derechos de los montes, lo que fue chispa suficiente para encender un auténtico incendio. 

Supuso así el inicio de un hostigamiento sistemático que Martin documentó con meticulosidad. Desde ese momento la tensión no dejó de crecer y los locales comenzaron a hacerle la vida imposible a la pareja. Les envenenaron las cosechas, les amenazaron y les increparon de todas las maneras posibles. Para defenderse, Martin Verfondern se compró una cámara de vídeo para grabar todo lo que ocurría, algo que calificó como "terrorismo rural". Las pruebas que fue documentando las utilizó para denunciar la situación en los medios y en los juzgados. Incluso llegó a instalar cámaras alrededor de su casa para intentar captar los intentos de robos, sabotajes y demás amenazas. 

Martin era muy consciente del peligro que corría, y por ello también empezó a colocar cámaras en distintos lugares de su propia casa para que todo quedara registrado. También llevaba una siempre encima, y hasta intentó entregarle las grabaciones a la Guardia Civil y hablar con los medios, advirtiendo de que uno de los vecinos podría acabar con su vida. 

Era, por tanto, un crimen perfectamente evitable, en el que las víctimas estaban desesperadas y todo el mundo pasaba de él; realmente la sociedad no funcionó.

Su desaparición en enero de 2010

Por desgracia, el 19 de enero de 2010, Verfondern desapareció tras salir con su coche. Su mujer no se enteró hasta días después, ya que en ese momento se encontraba en Holanda visitando a su familia, y fue gracias a la denuncia de dos extranjeros que realizaban una estancia ecológica en Petín, municipio al que pertenece Santoalla. Aquí comenzó una incansable búsqueda por tierra y aire para encontrar a Martin. No hubo suerte.

Tuvieron que pasar cuatro años para que un helicóptero de la Guardia Civil que se encontraba realizando tareas de prevención de incendios consiguiera encontrar por casualidad su Chevrolet Blazer. Estaba parcialmente quemado y en su interior encontraron el cráneo de la víctima. Ahora solo quedaba encontrar al autor o autores del crimen. 

El Chevrolet Blazer de Martin Verfondern estaba parcialmente quemado y en su interior encontraron el cráneo de la víctima
El Chevrolet Blazer de Martin Verfondern estaba parcialmente quemado y en su interior encontraron el cráneo de la víctima

Una confesión espontánea que nadie esperaba

Para esclarecer lo ocurrido, dos agentes de la Guardia Civil acudieron a la aldea vestidos de paisano para intentar reconstruir la ruta que tuvieron que recorrer los asesinos hasta llegar al lugar del crimen, a unos 15 kilómetros de Santoalla. 

Las investigaciones finalmente llevaron a la familia Rodríguez, y en 2016, Manuel Rodríguez, el hijo menor, confesó haber matado a Martin de un disparo con una escopeta. Su hermano, Julio Rodríguez, fue considerado cómplice por encubrir el crimen.

El joven nunca fue sospechoso, ya que padecía una discapacidad psíquica del 65% y tenía la mente de un niño de siete años. Sin embargo, en uno de estos paseos con los agentes, confesó con total naturalidad haber cometido el crimen: "El holandés llegó, venía como un tolo (loco), pero yo cogí la escopeta. Hice bum, bum… me escondí y que me busquen." "Le calentaron tanto la cabeza que disparó al holandés para agradar a su padre y a su hermano", dijo el fiscal del caso. 

El autor del crimen cumple una condena por homicidio de 10 años de cárcel y su hermano no tiene permitido acercarse ni a Margo ni a Santoalla durante 11 años y 5 meses.