‘En el punto de mira’ ha querido entrar de lleno en el negocio de los platos preparados, que genera 4.300 millones de euros, y esconde todo un entramado completo. Concretamente, el equipo del programa recurre a Érika Maestro, nutricionista, para analizar los componentes reales de estos platos precocinados. Después de un primer acercamiento, descubre una cantidad de sulfitos, conservantes y emulgentes que los alejan de lo que puede ser considerado “casero”.
Desde la pandemia, el consumo de estos alimentos se ha disparado un 18%, llegando a ingerir una media de 90 platos de este tipo al año, con las croquetas, la ensaladilla rusa, la lasaña y el pollo como líderes absolutos. Por este motivo, el equipo del programa lleva un plato de albóndigas, judías con jamón y pollo con patatas para hacer un exhaustivo análisis.
Aunque, a primera vista, pudieran parecer platos caseros y están envasados con recipientes transparentes para que el consumidor pueda ver el interior de estos productos, lo cierto es que hay muchos más ingredientes de los que pudiera presuponerse.
Además de encontrar el doble de sal de lo que se el echaría a un alimento cocinado en casa, se encuentran antioxidantes, conservantes, emulgentes o estabilizantes. De esta manera, un producto vegetal acaba convirtiéndose en un producto hipercalórico. La nutricionista advierte que este tipo de platos “no son para consumo diario” y que pueden ser “adictivos” porque son más “palatables”.