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Ella, maldita alma

Ella, maldita alma28 junio 2026

Amor prohibido y dilema moral: claves por las que 'Ella, maldita alma' recuerda a los grandes dramas románticos

Una mujer atrapada entre el deber y el deseo. Un sacerdote que siente lo que no puede sentir. Un marido que no sabe nada. Y un pueblo que lo vigila todo
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El productor ejecutivo Álvaro Benítez ha contado que los nombres de los tres protagonistas de la serie son un guiño deliberado a La Regenta, la mítica novela de Leopoldo Alas Clarín. Fermín, Ana, Isaac remiten directamente a Fermín de Pas, Ana Ozores y Víctor Quintanar. No se trata tan solo de un tributo literario, sino que supone toda una declaración de que la serie sigue conscientemente la tradición más poderosa del drama romántico occidental.

La Regenta

La Regenta fue publicada por Clarín en 1884 y 1885 y es considerada por gran parte de la crítica la mejor novela española del siglo XIX. Narra la historia de Ana Ozores, joven y bella mujer casada con el regente de la ciudad de Vetusta, que se convierte en objeto de deseo simultáneo de un conquistador liberal y del devoto pero reprimido sacerdote Fermín de Pas.

La tragedia esencial de la novela es la imposibilidad: uno de los contendientes es un sacerdote, lo que presenta un paralelismo entre adulterio y sacrilegio, a la vez que expone la verdadera tragedia de la historia: dos espíritus superiores, dos almas gemelas condenadas a no estar nunca juntas, el uno por sus votos de celibato, la otra por sus votos matrimoniales.

El reverso más inquietante de la novela de Clarín es que Vetusta, la ciudad provinciana, no es un decorado: es una fuerza activa que aplasta a sus protagonistas. En 'Ella, maldita alma', La Isleta funciona exactamente igual: es un pueblo con más de treinta personajes y subtramas, con una trama de corrupción, con un pasado de desastre medioambiental. El propio pueblo es un personaje más con su propio pasado.

La Isleta, la localidad imaginaria de "Ella, maldita alma": analizamos su subtrama y los referentes a elementos de la actualidad
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El crimen del padre Amaro

Como vemos con La Regenta el elemento del sacerdote enamorado es común en la literatura de la época, y otro ejemplo sería El crimen del padre Amaro de José Maria Eça de Queirós. Esta novela portuguesa, publicada en 1875, narra la historia de un joven sacerdote que llega a una pequeña parroquia de Leiria y comienza una relación secreta con Amélia, una muchacha de la que se aprovecha explotando la confusión entre piedad y pasión amorosa. El crimen del título no es el amor: es la cobardía con que el sacerdote lo gestiona y las consecuencias que esa cobardía tiene sobre la mujer.

La obra fue adaptada al cine en México en 2002 por Carlos Carrera, con Gael García Bernal en el papel del padre Amaro, y generó un escándalo que incluye la retirada de los cines y una denuncia ante la Procuraduría General de la República. El paralelismo con 'Ella, maldita alma' es estructural: joven sacerdote carismático en un pueblo pequeño, relación prohibida que confunde devoción y deseo, comunidad que observa y juzga.

Maxi Iglesias interpreta a Fermín en 'Ella, maldita alma'
Maxi Iglesias interpreta a Fermín en 'Ella, maldita alma'

El pájaro canta hasta morir

En 1977, la escritora australiana Colleen McCullough publicó The Thorn Birds —conocida en España como El pájaro canta hasta morir o El pájaro espino—, una novela épica que narra la relación imposible entre Meggie Cleary y el padre Ralph de Bricassart, un ambicioso sacerdote católico que se debate entre su escalada dentro de la Iglesia y su amor por una mujer a quien conoce cuando ella todavía es una niña. Con más de 30 millones de ejemplares vendidos, la novela es una de las más leídas del siglo XX en todo el mundo.

En 1983, la adaptación televisiva de la ABC, protagonizada por Richard Chamberlain y Rachel Ward, se convirtió en la segunda miniserie más exitosa de todos los tiempos, reabriendo el debate sobre el celibato en la Iglesia Católica. La fórmula que la hizo irresistible es exactamente la misma que articula 'Ella, maldita alma', dejando claro que el éxtasis y el sacrificio son inseparables uno del otro. El sacerdote que ama sabe que amar le destruirá. Y lo hace de todas formas.

La diferencia clave entre el padre Ralph y el Fermín de la serie española es que en El pájaro canta hasta morir la ambición eclesiástica compite con el amor como motor del conflicto. En 'Ella, maldita alma', la traición es más íntima, ya que no es solo a Dios, sino al primo que le acogió como a un hermano. Esa adición de la lealtad familiar hace el dilema todavía más irresoluble.

Maxi Iglesias, Martiño Rivas y Karina Kolokolchykova en 'Ella, maldita alma'
Maxi Iglesias, Martiño Rivas y Karina Kolokolchykova en 'Ella, maldita alma'

Madame Bovary

El cuarto referente es el más antiguo y el que sitúa la genealogía literaria de todas estas obras. Madame Bovary, de Gustave Flaubert, publicada en 1857, no tiene sacerdote en el triángulo, pero comparte con las otras obras la estructura fundamental: una mujer atrapada en un matrimonio sin pasión, en un pueblo sin horizontes, que busca en el amor prohibido lo que su vida cotidiana le niega.

Se ha vinculado sistemáticamente a La Regenta con Madame Bovary, señalando que en ambas el adulterio es solo el síntoma de algo más profundo: el enfrentamiento entre el idealismo romántico y la mediocridad opresiva del entorno provincial.

El término que la novela de Flaubert acuñó, el "bovarismo", la tendencia a idealizar el amor hasta hacerlo irrealizable, define perfectamente a los protagonistas de Ella, maldita alma. Fermín y Ana no se enamoran de personas: se enamoran de la imagen de lo que podrían ser juntos si no existieran los votos, el primo, la fe, la deuda.

Fermín se enfrenta a sus dudas mientras Ana e Isaac se alejan cada vez más, en ‘Ella, maldita alma’
Fermín se enfrenta a sus dudas mientras Ana e Isaac se alejan cada vez más, en ‘Ella, maldita alma’

Lo que hace diferente a "Ella, maldita alma"

Cada uno de estos precedentes sitúa la imposibilidad en un plano distinto. En Clarín, es la hipocresía social la que aplasta el amor. En Eça de Queirós, es la cobardía del sacerdote. En McCullough, es la ambición eclesiástica. En Flaubert, es el tedio burgués. En Ella, maldita alma, son todas esas capas a la vez, más una que las otras no tienen: la guerra de Ucrania, la crisis de la vivienda, la inmigración. Los clásicos del drama romántico solían poner a sus personajes en un vacío de provincia. Aurora Guerra los pone en el mundo de 2025.

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