El silencio, la oscuridad y una densa nube de polvo fue lo primero que el guardia civil Salvador Correa y su compañero encontraron al adentrarse en el primer vagón del tren Iryo instantes después de producirse el choque de trenes de Urda.
Tras el brutal impacto, nada permanecía en su sitio y el escenario era desolador. Con urgencia y desesperación, ambos agentes comenzaron a inspeccionar el entorno buscando alguna señal de movimiento o personas con vida entre el amasijo de hierros.
La situación cambió por completo cuando los gritos de Almudena rompieron el silencio. Guiados por su voz, los guardias civiles comenzaron a retirar escombros a contrarreloj en medio de un entorno hostil lleno de filos cortantes que les provocaron numerosas heridas.
Tras lograr abrirse paso, consiguieron alcanzar su mano. A pesar del shock, Almudena se encontraba completamente despierta y lúcida, movida únicamente por el deseo imperioso de salir de allí: "Ella solo pensaba en salir de allí, nada más".
Para mantenerla aferrada a la vida y la realidad, Salvador y su compañero comenzaron a entablar una conversación con ella, haciéndole preguntas banales sobre, entre otras cosas, sus gustos musicales mientras continuaban con las complejas tareas de liberación.
El rescate se prolongó durante una agónica hora de extrema dificultad. Nada más transferirla a los servicios de emergencia, y sin un minuto de descanso tras la tensión vivida, Salvador y su compañero se desplazaron de inmediato a la zona del AVE, donde la gravedad de la situación requería desesperadamente más ayuda.
Fue solo al regresar a casa, tras una extenuante jornada de 12 horas de trabajo, cuando las emociones se asentaron y apareció el peso de la realidad:
"Una vez que llegas a casa y se asientan las emociones te das cuenta de que has tenido una vida en tus manos, pero también te das cuenta de que tras 12 horas trabajando solo has podido salvar una vida".
Movido por el destino de la joven, utilizó sus contactos para localizarla a través de los datos que recordaba: su nombre, sus rasgos y una pulsera que llevaba. Horas después, recibió la confirmación de que Almudena estaba hospitalizada y fuera de peligro:
"Sus ojos nos los voy a olvidar en la vida, su pulsera la tengo yo porque me la han dado sus familiares, y yo les he dado la mía, pero sus ojos también van a ir conmigo el resto de mis días".