Una reliquia vinculada a la crucifixión de Jesús y una leyenda que le atribuía el poder de decidir el destino de imperios. Son los ingredientes de la historia que José María Zabala comparte en ‘Cuarto milenio’ para explicar la fascinación de Hitler por la lanza de Longinos, el soldado al que la tradición cristiana identifica como quien atravesó el costado de Cristo.
En su conversación con Iker Jiménez, Zabala sitúa esa obsesión en las creencias supersticiosas del dictador: “Él estaba convencido, en medio de su paganismo y de su superstición, que quien tuviera la lanza controlaría el mundo”. Una convicción que, según su relato, llevó a Hitler a hacerse con la pieza conservada en Viena. Pero aquella lanza guardaba una sorpresa muy distinta de los poderes que se le atribuían.
Zabala repasa las leyendas que acompañaban a la reliquia: victorias militares, el freno al avance de distintos ejércitos y un recorrido que la relacionaba con figuras como Carlomagno o Federico Barbarroja. Una sucesión de relatos que alimentaba su fama de objeto capaz de otorgar un poder extraordinario a quien lo poseyera.
“Un objeto de poder”, resume Iker Jiménez durante la conversación. Esa es precisamente la idea que articula la explicación del invitado: el valor que Hitler habría concedido a la pieza iba mucho más allá de su significado religioso.
Según cuenta Zabala, el dictador se apoderó de la lanza de Viena en 1938 y ordenó su traslado a Núremberg. El interés por este tipo de objetos aparece también en otro episodio que recuerda en el programa: la visita de Heinrich Himmler, jefe de las SS, al monasterio de Montserrat en octubre de 1940, que el invitado vincula a la búsqueda del Santo Grial.
La historia da un giro cuando Zabala explica qué sucedió con la pieza al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Según su intervención, los estadounidenses encontraron la lanza que había estado en poder de Hitler y los análisis posteriores situaron su fabricación muchos siglos después de la crucifixión.
“Hitler muere en el búnker sin saber que esa era una falsa lanza”, afirma el invitado, que sitúa su datación en el siglo VII. De acuerdo con esa explicación, no podía tratarse del arma vinculada a Longinos, por mucho que las leyendas le hubieran atribuido un origen y unas propiedades excepcionales.
La conversación aborda también otra de las piezas asociadas a esta tradición: la conservada en el Vaticano. Zabala relata su llegada como regalo de un sultán otomano al papa Inocencio VIII y describe la veneración que despertó. El recorrido permite al programa mostrar cómo distintas reliquias han quedado ligadas a una misma historia religiosa.
Más allá de la obsesión de Hitler, ‘Cuarto milenio’ se detiene en la figura de Longinos. A través de las recreaciones que acompañan la conversación, el espacio presenta la tradición sobre la conversión del soldado y su posterior dedicación a predicar la fe cristiana.
Iker destaca la transformación del personaje, mientras Zabala interpreta su historia como un mensaje de redención: “Todo el mundo tiene la posibilidad de redimirse”. El invitado relata también el martirio que la tradición atribuye a Longinos tras negarse a adorar a los ídolos.