Mari Carmen estaba limpiando el ayuntamiento de Solana de los Barros cuando escuchó lo que parecía una reunión en el salón de plenos. Sillas que se arrastraban, personas que caminaban y pasos que bajaban por las escaleras. Saludó varias veces, pero nadie respondió. Según cuenta, al comprobar que estaba sola, dejó los cubos y salió a la calle aterrorizada. Al día siguiente, cuando explicó lo ocurrido, dos funcionarios le dieron una respuesta que no esperaba: "Bienvenida al club".
Su experiencia es uno de los testimonios que recoge Javier Pérez Campos en 'Cuarto Milenio'. El reportero visita esta localidad pacense para escuchar a las trabajadoras que describen episodios desconcertantes dentro del edificio municipal. Sus relatos incluyen sombras, despachos que aseguran haber encontrado desordenados después de limpiarlos y ruidos para los que no han hallado explicación.
Iker Jiménez da paso al reportaje con una confesión: todavía no lo ha visto. "No quiero verlo, quiero saber si realmente me impacta o no", anuncia antes de descubrir las experiencias de quienes pasan buena parte de su jornada entre esas paredes.
El recorrido comienza con la historia del inmueble. Según explica la antropóloga y periodista Israel Espino, el ayuntamiento ocupa una antigua casa cuyos documentos se quemaron durante la Guerra de la Independencia, lo que dificulta conocer quiénes vivieron allí.
Las reformas también han dejado sorpresas. Una de las entrevistadas recuerda que, durante unas obras, los operarios golpearon una pared y descubrieron una habitación oculta: "Abrieron y se encontraron con este habitáculo. Estaba todo cerrado".
Otro de los espacios que centra los testimonios de las trabajadoras del ayuntamiento es la zona conocida como la antigua cárcel, utilizada para guardar los productos de limpieza. Allí se conserva una verja de hierro con un cerrojo que, según varias trabajadoras, aparecía abierto pese a que lo dejaban echado.
"Yo echaba el pestillo y presté atención de que luego me lo encontraba abierto", explica una de ellas. Otra recuerda que preguntaron si alguien accedía a aquella dependencia. La respuesta, asegura, era siempre la misma: "No, ahí no entra nadie".
Sobre el pasado de ese espacio, una entrevistada menciona relatos transmitidos por los mayores acerca de malos tratos a detenidos, aunque puntualiza que nunca ha escuchado que murieran personas allí.
Cerca de la antigua cárcel, bajo una escalera, dos trabajadoras sitúan otra de sus experiencias más inquietantes. Una de ellas cuenta que percibió algo cruzando por la parte baja y se quedó paralizada.
"Me ha dado la sensación como si alguien se metiera así debajo de la escalera", explica. Al comentárselo a su compañera, esta le habría respondido que había visto algo similar el día anterior.
La otra mujer describe su propia percepción con cautela. Habla de una sombra que pasó por el hueco de la escalera mientras iba de un despacho a otro, pero reconoce que no puede precisar qué era: "Yo vi como una especie de nube".
Los relatos continúan en las oficinas. Una trabajadora asegura que había limpiado un despacho, colocado los papeles y dejado las sillas en su sitio. Cuando estaban acabando, al volver a abrir la puerta, se encontró una escena distinta.
"Estaba el despacho todo movido. Las sillas desviadas de la mesa, los papeles removidos", afirma. Lo que más le desconcertó fue que ella misma había terminado de ordenarlo: "Ese despacho lo había arreglado yo".
Otra entrevistada recuerda una tarde en la que estaban cuatro compañeras limpiando y escucharon lo que identificaron como un cajón abriéndose y cerrándose en otro despacho. Según explica, aquella estancia ya estaba limpia y cerrada con llave. Al abrir para comprobar qué sucedía, no encontraron a nadie.
El testimonio más detallado es el de Mari Carmen. Cuenta que llevaba varios días trabajando sola por las tardes con normalidad hasta que, una jornada, alrededor de las 17.00 horas, escuchó movimiento en el salón de plenos.
Al principio pensó que otras personas habían llegado antes que ella. Siguió limpiando mientras oía sillas arrastrándose y, después, numerosos pasos. Interpretó que la reunión había terminado y que los asistentes estaban bajando.
"Soy Mari Carmen, que ya estoy aquí. Buenas tardes, buenas tardes", recuerda haber dicho. Nadie contestó. No escuchaba conversaciones, pero sí el movimiento de las sillas y las pisadas, incluso en la escalera.
Cuando salió de los baños e insistió en preguntar quién estaba allí, asegura que descubrió que no había nadie. "Dejé los cubos, me tiré a la calle, entré en pánico", relata.
Desde fuera llamó a su hermana y le pidió que la acompañara a entrar. "Yo ahí no entro sola", le dijo. Ambas subieron para revisar el lugar, pero, según su testimonio, tampoco encontraron a nadie. A la mañana siguiente compartió el susto con los trabajadores y recibió aquel desconcertante "bienvenida al club".
Los ruidos en el salón de plenos aparecen en más testimonios. Una trabajadora cuyo despacho está debajo describe sonidos de sillas pesadas arrastrándose y pasos que, según explica, comienzan con normalidad y después se vuelven muy fuertes. Recuerda que una noche, alrededor de las 22.30 horas, decidió marcharse al escuchar ruidos arriba cuando sabía que no había nadie.
La consecuencia más clara de estas experiencias está en cómo afrontan ahora su trabajo. "Ninguna de nosotras quiere venir sola", asegura una de las entrevistadas. Mari Carmen coincide: "Me tienen que llamar para venir y yo les digo que sola no vengo".