Para cerrar por todo lo alto su temporada 21, ‘Cuarto Milenio’ ha llegado hasta el fin del mundo en una expedición nunca hecha. El lugar: la Isla de los Muertos, un lugar que ha sido testigo de una de las historias más enigmáticas de la Patagonia chilena.
Podría parecer el título de una película de terror y aún lo es más la visión de las 33 cruces de madera clavadas sobre la tierra que Pablo Cañarte ha visto en directo del que fue un lugar en el que ocurrió “una tragedia muy grande y que parece que nos quiere contar su historia”, han sido las palabras con las que Iker Jiménez ha introducido este épico reportaje.
Con las nuevas imágenes captadas por Pablo Cañarte y la Inteligencia Artificial se ha logrado una recreación de máximo realismo de una historia real que combina la tragedia con el heroísmo.
A tres kilómetros de Caleta Tortel, en la desembocadura del río Baker se encuentra este lugar que ha sido testigo de una de las historias más enigmáticas de la Patagonia chilena. La Isla de los Muertos alberga un cementerio con 33 tumbas marcadas por cruces de ciprés, un recordatorio silencioso de un pasado lleno de sufrimiento y misterio.
Todo comienza en el Puerto de Montt (Sur de Chile) y en la fecha de 1905. Desde allí un barco a vapor partió con 200 obreros a bordo. Su misión era abrir una ruta desde la desembocadura del río Baker hacia la provincia argentina de Chubut, encomendada a la Sociedad Explotadora del Baker. Este punto de partida acabó siendo una tragedia para aquellos obreros que quedaron allí olvidados en uno de los lugares más extremos del mundo.
“Es una historia de gran calado emocional”, ha descrito Iker Jiménez al poder ver desde todo lo nuevo que ha captado allí Pablo Cañarte y que describe lo que debieron sentir aquellos obreros olvidados. En un lugar de naturaleza virgen y extrema, estos se enfrentaron a la hostilidad de un clima y a la falta de suministros.
A la espera de la llegada de las provisiones, estos tuvieron que subsistir en un lugar recóndito y verse en la necesidad de comer alimentos en mal estado. Una situación que los llevó a contraer diferentes enfermedades y morir. Sin embargo, no es la única teoría que existe en torno al mito de La Isla de los Muertos. Sin documentación gráfica y con apenas información también hay teorías que dicen que fueron envenenados para evitar tener que pagar sus salarios.
En septiembre de 1906, el capitán Guillermo Titus del vapor Araucanía avistó a algunos trabajadores varados en un islote cercano a la Isla de los Muertos. Rescató a los enfermos y los llevó a Chiloé, pero no todos pudieron ser salvados.
En medio de esta tragedia, los pocos que sobrevivieron enterraron a los fallecidos en cajas de madera de ciprés y marcaron las tumbas con cruces sin nombre. Solo 33 cruces han resistido el paso del tiempo y los crudos inviernos de la Patagonia. Curiosamente, solo una cruz mantiene el registro del nombre de una de las víctimas: Melchor Navarro.
Sin encontrar los cuerpos y como si la misma tierra se hubiera encargado de hacer desaparecer lo que pasó realmente allí, los que han ido sí que cuentan que allí suceden fenómenos paranormales, extrañas visiones que hacen no querer volver.
“Figuras que aparecen en la pasarela hacia la nada y que luego se esfuman. Gente con uniformes de obreros”, son algunas de las imágenes que describen y que han llegado a verse. “Allí pasan cosas muy raras”, indica como conclusión Iker Jiménez.
Sin embargo, en medio del dolor, del misterio y de unas ausencias que no se han podido explicar también hay lugar para la esperanza, tal como ha dicho el presentador de ‘Cuarto Milenio’. Este ha contado la anécdota que vivió allí en directo su compañero Pablo Cañarte. En medio, de este lugar tan siniestro rodeado por cruces apareció un colibrí, que es el símbolo de la alegría y que allí consideran un mensajero celestial se cruzó ante ellos y se apoyó en una cruz, dejando su presencia una sensación de buenas noticias.