Enrique de Vicente estrena 'Mejor no saberlo', una nueva sección de 'Cuarto Milenio' dedicada a abordar asuntos incómodos y teorías que merecen ser examinadas. Su conversación con Iker Jiménez pone sobre la mesa el supuesto plan del 'Gran Marruecos', un relato sobre una presunta estrategia para tomar Ceuta, Melilla y parte del archipiélago canario antes de 2030. Sin embargo, el análisis también deja una advertencia del propio colaborador: "En un caso como este, yo soy profundamente escéptico".
La conversación parte de las preguntas que, según cuenta el presentador, había recibido el equipo del programa durante su estancia en Ceuta. Distintas personas les habían hablado del llamado 'Marruecos 2030', una historia cuya difusión lleva a Jiménez a preguntarse cuánto hay de fundamento y cuánto de fenómeno viral.
"No conozco, ¿qué pasa con el plan Marruecos 2030?", reconoce el conductor del espacio al recordar aquellas conversaciones.
De Vicente sitúa el origen de esta historia en un capítulo de La trastienda de los servicios de inteligencia, de Fernando San Agustín. Según explica, el autor recoge una entrevista con dos personas llegadas de Marruecos como refugiadas que le habrían revelado la existencia de una operación diseñada a largo plazo.
Siempre según el relato expuesto en el programa, una de esas personas sería la esposa de uno de los supuestos expertos estadounidenses vinculados a la planificación de la Marcha Verde. La otra sería un militar de la guardia del rey Hasán encargado de vigilar a los especialistas que trabajarían en el nuevo proyecto.
El objetivo que les atribuye esa narración sería la consecución del denominado 'Gran Marruecos'. De Vicente lo describe como una potencia que dominaría una zona estratégica: "Sería el eje dominante de toda esa zona tan importante que une el Mediterráneo con el Atlántico".
La supuesta operación contemplaría tomar Ceuta, Melilla y cinco islas del archipiélago canario antes de 2030, dejando Gran Canaria y Tenerife para España.
Uno de los puntos centrales del intercambio llega cuando Iker Jiménez plantea qué elementos permiten distinguir esa historia de una ficción difundida por internet: "¿Qué fundamentos hay para pensar que esto no deja de ser una ficción que se ha viralizado?".
De Vicente introduce entonces varios reparos. Señala que "no hay trazabilidad de los nombres" y subraya la distancia entre la fecha de la presunta conversación y la publicación del relato, que sitúa décadas después.
Aunque expresa su confianza personal en San Agustín, también reivindica la necesidad de examinar críticamente lo que cuenta: "Como periodista, estoy obligado tanto a contar cosas que son incontables, hablar de cosas de las que no se puede hablar, como a señalar el escepticismo".
Esa cautela aparece también cuando ambos abordan las entradas de personas en Ceuta. Al ser preguntado por la existencia de pruebas de una organización previa, De Vicente responde: "No hay evidencia probatoria hasta este momento". El colaborador distingue entre que alguien pudiera aprovechar una situación y que la hubiera generado desde el principio.
La difusión del supuesto plan ocupa buena parte del análisis. Para De Vicente, su repercusión tiene que ver con su capacidad para conectar con las inquietudes de quienes lo reciben: "Es una narrativa que encaja con lo que están viviendo, y más que con eso, con sus temores".
Jiménez insiste en la fuerza con la que los mensajes recibidos por el móvil pueden influir en la percepción de los acontecimientos. Su experiencia en Ceuta, explica, le permitió comprobar hasta qué punto aquella historia estaba presente en las conversaciones.