En ‘¡Allá tú!’ se puede pasar de calcular cuánto cuesta una vaca a celebrar que no te llevas un limpiador lingual. Y, entre medias, todavía queda tiempo para una “limpia” de malas energías y una canción sobre un pingüino. Jessy ha protagonizado una jugada tan disparatada como emocionante, con una decisión final que le ha permitido respirar tranquila: aceptar los 5.066 euros de la banquera.
Pero llegar hasta ese “me planto” no ha sido precisamente un paseo. Antes ha habido dinero triturado, supersticiones y un panel que cada vez daba menos alegrías.
La banquera comenzaba aprovechando las aficiones de la concursante para lanzar una advertencia con retranca: “Ella monta a caballo y monta en moto. Como siga así, va a montar un drama”. Jessy recogía el guante sin problemas: “Soy muy dramática, se me daría muy bien”.
La primera propuesta del fragmento era de 3.580 euros, una cantidad que provocaba dudas y unas cuentas muy particulares: “Esto ya me da para la vaca y para el pienso de la vaca”.
Sin embargo, decidía seguir jugando. “Puede que me equivoque”, admitía antes de mandar el dinero a la trituradora entre los ánimos del plató. Tocaba abrir tres cajas más y comprobar si la valentía tenía premio.
Con las siguientes aperturas llegaban los nervios. Jessy reconocía que es muy supersticiosa y explicaba algunas de sus costumbres: llevar siempre una cadenita, evitar pasar por debajo de escaleras o ponerse tensa cuando se rompe un cristal. Los gatos negros, eso sí, quedaban fuera de cualquier sospecha: le encantan todos los animales.
En pleno intento de cambiar la suerte, Pilar intervenía con una particular “limpia”. “Polvitos mágicos te voy a echar y el mal de ojo te voy a quitar”, decía mientras Jessy se dejaba ayudar.
Las cajas, sin embargo, no daban el respiro que esperaba. El panel se complicaba y la banquera aprovechaba su siguiente llamada para rematar la escena: “Pilar, que lo tuyo no es limpieza de aura, es limpieza de bolsillos”.
La nueva oferta ascendía a 5.066 euros. Esta vez había mucho que pensar.
Antes de aconsejarla, Jorge le ponía una condición: cantar. Jessy aceptaba y se arrancaba con una breve canción sobre un pingüino, sumando otro momento surrealista a una partida que ya iba bien servida.
Después llegaba el consejo. Su compañero advertía del riesgo de continuar con aquel panel y reconocía que, en su lugar, aceptaría el dinero: “Es raro que lo diga yo, pero en este punto… casi que me lo quedaría”.
Jessy todavía veía posibilidades de mejorar el premio, pero había algo que pesaba más: la oferta ya estaba sobre la mesa. “Yo creo que sí que van a salir las rojas, pero esto lo tengo. Me planto”.
La celebración fue creciendo al abrir las cajas que habría elegido de haber continuado. Las reacciones del plató y la evolución del panel reforzaban su decisión: se había retirado a tiempo.
El desenlace despejaba cualquier duda. En su caja podía haber 500 euros o un limpiador lingual. Y lo que había acompañado a Jessy durante toda la jugada era, precisamente, el limpiador.
Se marchaba con 5.066 euros y una buena razón para celebrarlo.