Javier ha necesitado muy poco tiempo en '¡Allá tú!' para revolucionar el plató. El concursante de Pontevedra, orgulloso de ser vigués, ha pasado de la seriedad inicial a celebrar cada caja con una intensidad que su madre apenas podía contener. Y, por el camino, ha conseguido algo que no ocurre todos los días: que la banquera se arranque a rapear.
Con ganas de llegar lejos, Javier ha afrontado su jugada con una filosofía bastante clara: mientras el panel acompañase, las ofertas tenían muchas papeletas para acabar en la trituradora. Sin embargo, una cifra con un guiño a su número favorito ha terminado por hacerle frenar.
Las llamadas de la banquera han tenido su propia banda sonora. Entre rimas, bromas y algún que otro momento de vergüenza, la negociación se ha convertido en una improvisada batalla musical. Javier tampoco se ha quedado atrás: "Si no es una oferta alta, dile que no hace falta".
La respuesta ha llegado con nuevas rimas y con el presentador haciendo de intermediario en este particular espectáculo: "Si quieres irte de crucero, tendrás que ganar mucho, mucho más dinero".
Pero, más allá del concierto, lo que importaba era la cifra. Y los 6.060 euros que la banquera ha puesto sobre la mesa no han conseguido convencer al concursante. Su madre ha intentado que se detuviera a escuchar, aunque Javier tenía otros planes. Entre gritos de "¡Trituradora!", ha rechazado la propuesta para seguir abriendo cajas.
La decisión tenía su peligro: todavía podía perder los grandes premios y acabar con el biberón. Él, de momento, prefería intentarlo.
Entre tanta euforia, Javier también ha compartido una historia que ha cambiado el tono de la jugada. Aunque asegura que no cree en la suerte ni en los amuletos, ha enseñado un silbato que le recuerda a los tótems de su película favorita, relacionada con los sueños.
El objeto tiene, además, un significado mucho más personal. Se lo enseñó su pareja y lo había hecho el padre de esta, fallecido un par de años atrás.
"Cada vez que lo veo, pienso en el padre o en la pareja que quiero ser", ha explicado. Un recuerdo que ha dado paso a una invitación desde el plató: "Sopla por él".
Javier también ha contado que algunos números le resultan especialmente queridos porque los llevó como dorsal cuando jugaba al fútbol. Entre ellos está el 19, que lleva tatuado en la piel. Un detalle que acabaría cobrando protagonismo en la siguiente negociación.
Con los premios de 50.000 y 75.000 euros todavía en juego, la tensión ha ido creciendo. Javier celebraba, dudaba y reconocía abiertamente cómo se encontraba: "Estoy muy nervioso".
La banquera ha vuelto a llamar, ha pedido otra actuación con acompañamiento de beatbox y ha lanzado una propuesta mucho más difícil de mandar a la trituradora: 13.919 euros. Esta vez, su madre ha conseguido detener el impulso: "Siéntate. Vamos a hablarlo".
Para continuar había que abrir dos cajas más. En el plató han repasado las posibilidades, pero Javier tenía muy presente lo que más podía dolerle: aceptar el dinero y descubrir después que habría podido ganar más.
Aun así, ha terminado por asegurar el premio. "Me planto", ha anunciado.
La jugada tenía guardado un último golpe de efecto. Al abrir las cajas que Javier habría elegido de haber continuado, los grandes premios han seguido resistiendo. La banquera ha asegurado entonces que su siguiente oferta habría ascendido a 41.000 euros.
"Dile de mi parte que eso no se dice", ha reaccionado el concursante. Su madre ha respondido con una réplica para quitar hierro al asunto: "Eso lo dice porque no te los iba a ofrecer".
La simulación ha avanzado hasta dejar los premios de 50.000 y 75.000 euros como últimas opciones. Y, al abrir su caja, Javier ha descubierto que había tenido 50.000 euros delante durante toda la jugada.
El desenlace escocía, pero el concursante ha querido quedarse con lo conseguido: "Da igual, lo que hubiera, está perfecto". Se marchaba con 13.919 euros, una experiencia compartida con su madre y una banquera a la que, al menos por un día, había conseguido poner a rapear.