Iván ha vivido su jugada en ‘¡Allá tú!’ con las emociones a todo volumen. El concursante de Cáceres ha bromeado con sus compañeros, ha sufrido al triturar un cheque y ha buscado en las estadísticas un motivo para seguir abriendo cajas. A su lado, su hermana Alba ha compartido una montaña rusa que terminaba con 7.007 euros en el bolsillo y una última sorpresa que confirmaba que tenía motivos para celebrarlo.
Pero antes de llegar a ese desenlace había mucho que decidir. Sobre todo, cuánto estaba dispuesto a arriesgar por unos 50.000 euros que seguían en el panel y que podían desaparecer en cualquier momento.
La primera gran encrucijada llegaba con una oferta de la banquera de 4.334 euros. Una cifra capicúa que daba pie a las bromas, aunque a Iván le preocupaba bastante más lo que podía pasar si seguía jugando: "Si yo ahora abro los 50.000, me quedo sin un duro".
Tenía que abrir tres cajas y buscaba consejo entre sus compañeros. Jorge veía posibilidades de mejorar la oferta, pero también le recordaban que debía sentirse cómodo con la decisión y aceptar que podía acabar llevándose menos.
La teoría estaba clara. La práctica, bastante menos. "Me lo estáis diciendo como aquello de: ‘Es tu decisión’. No, ya lo sé", protestaba Iván, desbordado por las dudas.
Con el impulso de Alba, finalmente se animaba a continuar. Eso sí, antes dejaba una advertencia cargada de humor: "Si pierdo el dinero, tendremos un recuerdo terrible para toda la vida". Y el paso por la trituradora no le resultaba precisamente liberador. "Lo estoy pasando muy mal", repetía mientras renunciaba al cheque.
A partir de ahí, cada apertura se convertía en una pequeña prueba de resistencia. Iván se agarraba a las probabilidades de que aparecieran cajas rojas, mientras sus compañeros le dedicaban mensajes de cariño y alguna que otra broma sobre su inagotable energía.
Ni siquiera los nervios le impedían detenerse en las fotografías de su familia o comentar lo bien que le caían los concursantes. Aunque, cuando la espera se alargaba, terminaba por resumir sus prioridades: "Ábreme la caja ya".
Las tres aperturas dejaron los 50.000 euros a salvo, pero también un panel delicado. El gran premio seguía siendo su principal esperanza para negociar con la banquera.
Entonces llegaba la llamada. La nueva propuesta ascendía a 7.007 euros y a Iván le cambiaba el gesto: "No he visto tanto dinero en mi vida". Acto seguido buscaba a su hermana para compartir la impresión: "Yo no he visto eso en mi vida, Alba".
Aceptar tampoco fue inmediato. Para llegar a la siguiente oferta tenía que abrir dos cajas más y la posibilidad de mejorar el cheque volvía a tentarlo. El problema era el de siempre: si aparecían los 50.000 euros, la jugada podía venirse abajo.
"Si abro los 50, pues me voy con una corona de princesa", comentaba, imaginándose las bromas de sus amigos si regresaba con semejante premio.
Entre las ganas de ganar más y el miedo a perder lo conseguido, Iván reconocía: "Es que no tengo panel para jugar". Alba le recordaba lo fundamental: con aquellos 7.007 euros ya estaba ganando.
Su hermana tenía la intuición de que la caja del concursante escondía los 50.000 euros, pero él no encontraba motivos para fiarse de un presentimiento. "Esto es azar", señalaba, antes de añadir: "El azar nunca está de mi parte". La reflexión terminaba con una decisión contundente: "Me planto, loco".
Faltaba comprobar qué habría ocurrido de haber continuado. Las aperturas posteriores mantuvieron vivo el premio grande y el presentador explicó que las ofertas habrían subido. Iván tuvo que ver cómo su hipotética jugada avanzaba hasta un desenlace con dos cantidades posibles: 100 o 50.000 euros.
Alba seguía convencida de que el premio mayor estaba delante de ellos. Su hermano, en cambio, aseguraba no tener ningún pálpito.
Finalmente, la caja de Iván se abría y mostraba 100 euros. Los 50.000 estaban en otra. Después de tantas dudas, el concursante podía celebrar que había vendido su caja por 7.007 euros. Esta vez, plantarse le había salido bien.