Conocida como la Roca del León, Sigiriya es uno de los enclaves más fascinantes de Sri Lanka y uno de los grandes misterios arqueológicos de Asia. Está vinculada al rey Kashyapa I, que gobernó entre los años 477 y 495, quien convirtió este peñón en una capital fortificada después de llegar al trono en medio de una historia llena de intrigas que pudimos descubrir en la temporada 8 de “Viajeros Cuatro”.
Sigiriya también fue monasterio, jardín, fortaleza, palacio, galería pictórica y símbolo político. Sus frescos, su Muro Espejo, sus sistemas hidráulicos y las enormes patas de león que aún custodian la subida final siguen planteando preguntas más de 1.500 años después. La UNESCO la describe como la ciudad construida sobre las pendientes y la cima de una roca de granito que domina la jungla. En ese lugar tan impresionante, se levantó una ciudadela que a día de hoy deja asombrado a quién la visita.
Sigiriya se encuentra en el distrito de Matale, dentro del llamado Triángulo Cultural de Sri Lanka, una zona donde se concentran algunos de los grandes yacimientos históricos del país. La roca se levanta de forma casi vertical sobre el paisaje, de una manera tan imponente que cuesta pensar que fue un espacio habitado.
Su nombre está ligado al león. Sigiriya procede de “Sinhagiri” o “Roca del León”, y esa asociación no es casualidad. A media altura se pueden ver una de las imágenes más conocidas del lugar: dos enormes patas de león talladas en piedra que flanquean la escalera de acceso hacia la cumbre. En origen, la entrada habría sido mucho más espectacular. Se piensa que la escalera pasaba por la boca de una figura monumental de león, de la que hoy solo sobreviven estas garras y parte de su estructura.
La historia de Sigiriya está unida a una crónica de ambición, miedo y poder. Según la tradición histórica, Kashyapa, hijo de un rey y una concubina, llegó al trono tras arrebatar el poder a su padre, el rey Dhatusena, al cual mató, y usurpando el lugar que correspondía a su heredero legítimo Moggallana, quien huyó al sur de India para reunir fuerzas.
Debido a esta historia, Sigiriya se interpreta muchas veces como una capital defensiva. Kashyapa habría abandonado Anuradhapura y escogido esta roca casi inexpugnable para construir su nueva sede real. Desde la cima podía controlar prácticamente todo el territorio, protegerse de enemigos y proyectar una imagen de autoridad casi divina.
Pero Sigiriya no parece únicamente una fortaleza militar. También tiene jardines simétricos, estanques, pabellones, pinturas, zonas residenciales y espacios ceremoniales. Es una combinación de defensa y belleza.
Uno de los puntos que ayuda a entender el misterio de Sigiriya es que la roca no empezó su historia con Kashyapa. Antes de convertirse en la ciudadela real, el área ya había sido usada por comunidades monásticas budistas. Por lo que, Kashyapa transformó un paisaje con significado previo y lo convirtió en capital. Después de este periodo real, el lugar volvió a tener un uso monástico durante siglos.
La parte superior de Sigiriya conserva restos de edificios, estanques, terrazas y muros que permiten imaginar la existencia de un palacio en la cumbre. Subir hasta allí hoy requiere de esfuerzo: son unos 45 minutos de escaleras metálicas, pasarelas, tramos estrechos y una ascensión que puede resultar exigente por el calor y la humedad.
Cuando se llega a la cima, se puede vislumbrar restos de estructuras de ladrillo, plataformas, escalinatas y una gran piscina o depósito tallado en la roca. Desde allí, la vista se abre sobre la selva y los jardines inferiores. El palacio no solo estaba elevado físicamente; también lo hacía simbólicamente. El rey se situaba por encima del paisaje y de sus súbditos, en un espacio visible desde la distancia y difícil de alcanzar.
Uno de los elementos más sorprendentes de Sigiruya está abajo, no arriba. Antes de comenzar el ascenso, se puede visitar un conjunto de jardines que revelan un nivel extraordinario de planificación. Hay jardines de agua, jardines de rocas y jardines en terrazas, organizados con una mezcla de simetría, paisaje natural y arquitectura.
Los jardines de agua son especialmente impactantes. Estanques, canales, fuentes y estructuras hidráulicas muestran un conocimiento avanzado de la gestión del agua. De hecho, algunas fuentes continúan funcionando en época de lluvias, lo que suele dejar una impresión poderosa: no estamos ante unas ruinas.
A media subida aparece otro de los tesoros. En una cavidad protegida de la pared occidental de la rosa se conservan pinturas de figuras femeninas, ricamente adornadas con flores y joyas. Son imágenes delicadas, de colores cálidos, que contrastan con la dureza mineral del lugar.