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Viajeros Cuatro

Viajeros Cuatro19 julio 2026

El primer chiringuito del mundo y otras curiosidades de Sitges que tienes que conocer

Sitges presume de haber dado origen al primer chiringuito de España, un local abierto en 1913 frente a la playa de la Ribera
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Situado a pocos kilómetros de Barcelona, Sitges combina playa, modernismo, casas blancas, vida cultural, tradición marinera, diversidad y una luz mediterránea que ha atraído a artistas, viajeros y veraneantes durante generaciones. Pero detrás de su imagen de destino bonito y animado hay muchas historias que no siempre se cuentan en una primera visita, tal como nos han contado en 'Viajeros Cuatro'.

Una de las más curiosas tiene que ver con algo que está profundamente arraigado en el verano español: los chiringuitos. Ese pequeño puesto junto al mar donde se toman tapas, cafés, cervezas, arroces o pescados tiene en Sitges una especie de punto de origen. Frente a la playa de la Ribera se encuentra El Chiringuito, un establecimiento que abrió en 1913 y que la documentación turística de Sitges presenta como el primer chiringuito de España y del mundo. 

Pero Sitges no es solo eso, es también una villa modernista, un pueblo marcado por los americanos que regresaron de Cuba, un refugio de artistas, una capital del cine fantástico, un referente de diversidad y un destino con tradiciones gastronómicas y festivas propias. En sus calles se cruzan historias de pescadores, pintores, empresarios indianos, escritores, cinéfilos y viajeros de playa. 

El chiringuito que dio nombre a todos los demás

El gran mito local está en el paseo marítimo, delante de la playa de la Ribera. Allí se encuentra El Chiringuito, un local que comenzó su historia en 1913 y que forma parte del imaginario turístico y gastronómico de Sitges. Su fama no procede solo de su ubicación privilegiada, sino de su relación con una palabra que hoy se usa en toda España. 

Según la explicación más popular, el término “chiringuito” procede del “chiringo”, una expresión de origen cubano relacionada con el café. En Cuba, se habría llamado chiringo a la tela o una media con la que se colaba y gota a gota iba cayendo el café. Los indianos, aquellos emigrantes que hicieron fortuna o vida en América y regresaron a España, trajeron consigo costumbres, palabras y sabores. Por lo que, la palabra habría acabado vinculándose al café que se pedía en algunos bares de Sitges.

Esta historia se mezcla después con la figura del capitán Calafell y con la evolución del propio establecimiento. Lo importante es que, con el tiempo, ese nombre acabó definiendo una forma muy nuestra de pasar el tiempo junto al mar. 

Una palabra reconocida por la RAE

La Real Academia Española define chiringuito como un quiosco o puesto de bebidas, por lo general al aire libre, donde a veces también se sirve comida. Es decir, lo que en origen pudo ser una expresión local y popular acabó siendo una palabra de uso general. 

La evolución es bonita porque cuenta algo muy propio de la lengua: muchas palabras nacen de gestos cotidianos. Alguien pide un café de cierta forma, otros repiten la expresión, un establecimiento adopta el nombre, la palabra se extiende y, décadas después, forma parte del vocabulario común. 

Sitges, mucho más que playa

La fama de Sitges como destino de playa está más que justificada. El municipio cuenta con una larga fachada marítima y numerosas playas de arena, desde las más céntricas y urbanas hasta otras más tranquilas o vinculadas a espacios naturales. El paseo marítimo, las palmeras, las terrazas y la silueta de la iglesia sobre el mar forman una postal muy reconocible. 

Reducir Sitges a sus playas sería quedarse corto. La ciudad tiene una identidad cultural muy marcada. Ha sido refugio artístico, escenario modernista, sede de museos singulares y punto de encuentro para comunidades diversas. A diferencia de otros destinos costeros que dependen casi por completo del sol y la arena, pero Sitges tiene vida durante todo el año. 

Si hay una imagen que identifica Sitges es la de la iglesia de Sant Bartolomeu i Santa Tecla levantándose sobre el mar. Situada en el Baluard, entre la playa de la Fragata y la de Sant Sebastià, su silueta aparece en casi todas las fotografías del municipio. Es uno de esos edificios que no solo se visitan: hacen único el paisaje. 

Foto de la iglesia de Sant Bartolomeu i Santa Tecla en Sitges por la noche
Foto de la iglesia de Sant Bartolomeu i Santa Tecla en Sitges por la noche

La iglesia actual comenzó a construirse en el siglo XVII, aunque existen referencias a templos anteriores en el mismo emplazamiento. Desde abajo, la fachada parece formar parte de la roca; desde arriba, el mar se abre a ambos lados y el paseo se extiende como una línea clara frente al Mediterráneo. 

Otra de las grandes curiosidades de Sitges es que fue un punto clave del modernismo catalán. Buena parte de esa historia pasa por Santiago Rusiñol, artista, escritor y coleccionista que convirtió la localidad en uno de sus refugios creativos. En 1893 fundó el Cau Ferrat como casa-taller, un espacio que acabaría siendo un museo público en 1933. 

El Cau Ferrat no es un museo cualquiera. Conserva el espíritu de una casa de artista, con colecciones de pintura, hierro forjado, cerámica, vidrio, escultura, mobiliario y arte antiguo y moderno. En sus salas se respira esa mezcla de bohemia, coleccionismo y devoción por lo estético, algo característico del modernismo. 

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