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Viajeros Cuatro

Viajeros Cuatro21 junio 2026

Una leyenda espeluznante envuelve el Torreón de Doña Urraca en Covarrubias

El torreón guarda una terrorífica leyenda: la de una joven noble castigada por amar a quien no debía
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En la quinta temporada de 'Viajeros Cuatro' pudimos conocer Burgos, donde visitamos el Torreón del conde Ferrán González en Covarrubias. También conocido como el Torreón de Doña Urraca. Actualmente, está declarado Bien de Interés Cultural desde 1913 manteniendo su puerta original de entrada y se puede visitar. En él se puede ver una gran colección de armas medievales y las diferentes estancias del torreón siendo una más especial: la casa de Doña Urraca.

El torreón que se alza en la plaza de Doña Sancha donde ha visto pasar los siglos sin perder su misterio y que guarda una terrorífica leyenda, la de una joven noble castigada por amar a quien no debía. 

La leyenda de Doña Urraca

La tradición popular cuenta que Doña Urraca, hija del conde Ferrán González, fue encerrada en la torre por orden de su propio padre. El conde quería casarla en una boda concertada con el futuro rey del reino de León, de manera que los condes de Castilla quedarían emparentados con la realeza leonesa, obteniendo más poder. Lo que cuentan es que Doña Urraca ya estaba enamorada de un pastor de la zona de Covarrubias, por lo que se negó a casarse con el príncipe. 

El conde, al ver que su hija rechazaba esa lucrativa unión y a ver contrariados sus deseos, la condenó a permanecer para siempre en esa torre. La leyenda afirma que ella prefirió ser emparedada a ser casada con alguien a quien no quería, por lo que el conde emparedó a su hija en ese torreón a causa de sus amoríos con ese pastor. Mucha gente en Covarrubias afirma haber visto a Doña Urraca y han notado cosas extrañas. De hecho, un vecino del pueblo realizó una fotografía dónde se podía apreciar la figura de la noble a través de un balcón. 

La otra versión de la leyenda

Otros sostienen que lo que pudo haber pasado en realidad es que la infanta Urraca, hija del conde soberano Fernán González se había casado en segundas nupcias con Ordoño IV de León. Su padre apoyaba al príncipe en contra del rey Sancho I, consiguiendo que se coronara rey de León. Sin embargo, al poco tiempo, Fernán González se enemistó con el nuevo rey de León, apoyando al que era su rival por el trono leonés, Sancho I, y obligando al rey a renunciar a su trono. El conde pudo completar su venganza hacía Ordoño IV recluyendo a su esposa, su propia hija, en el torreón de Covarrubias hasta su muerte en 965. 

Quienes quieran visitar este torreón, pueden visitar la estancia en la que, según cuentan, doña Urraca vivió encerrada hasta su muerte. 

¿Qué hay de verdad en esa leyenda?

Para saber por qué la leyenda de Doña Urraca ha pasado de boca a boca durante siglos, hay que saber quién era cada uno de los protagonistas en esta historia. No se trata de personajes menores ni figuras románticas que se pudieron añadir al relato: pertenecen al complejo tablero político de la Castilla y el León del siglo X, una época de matrimonios concertados como forma de alianzas familiares, guerras internas y disputas de poder.

El primero es Fernán González, uno de los grandes nombres de la historia castellana medieval. Fue conde soberano de Castilla y de Álava, y con el tiempo fue una figura casi fundacional para la identidad castellana. A pesar de que formalmente Castilla estaba vinculada al reino de León, Fernán González consiguió reunir bajo su autoridad diferentes condados, consolidando un poder propio que sus descendientes heredarían. Por eso aparece en la memoria histórica como el gran impulsor de la autonomía castellana. 

La literatura medieval y la memoria castellana ensalzaron su figura, transformándolo en un héroe, una especie de padre simbólico de Castilla. Siendo una mezcla entre historia y mito, no es de extrañar que su nombre aparezca ligado a edificios, leyendas y relatos como este del torreón de Covarrubias. 

Doña Urraca, remite a Urraca Fernández de Castilla, la hija de Fernán González y de Sancha de Pamplona. No era una figura secundaria, fue una mujer con enorme relevancia dinástica. Su vida estuvo marcada por los matrimonios políticos que organizaba su padre. Fue reina consorte de León en dos ocasiones y también reina consorte de Pamplona, lo que demuestra hasta qué punto las mujeres nobles eran piezas indispensables para conseguir alianzas entre reinos. 

Esta dimensión histórica es muy distinta a la de la imagen de la leyenda de ésa jóven enamorada de un pastor dispuesta a morir por amor. La Urraca real era una mujer vinculada a las principales casas de poder de su época. Estos detalles hacen que la leyenda sea más llamativa, ya que convierte a una mujer que estuvo integrada en la diplomacia matrimonial que fue incluso reina en la protagonista de una leyenda trágica en la cual se revela precisamente contra este sistema. 

Quizás esta leyenda funcione mejor como una lectura simbólica de una realidad que pasaba muy a menudo: las mujeres nobles rara vez podían escoger libremente con quién casarse. Sus matrimonios, lejos de ser uniones por amor, servían para poder sellar pactos, acabar con conflictos abiertos o reforzar alianzas.