Cuando pensamos en la gastronomía gallega, es inevitable imaginar mariscos, pescados y platos vinculados al Atlántico. Sin embargo, lejos de la costa, la provincia de A Coruña ofrece un panorama gastronómico igual de interesante, donde conviven recetas centenarias, productos artesanales y propuestas que reinterpretan la tradición.
Desde las mieles que reflejan la diversidad de sus bosques hasta los quesos de larga maduración o los vinos menos conocidos de la provincia, el interior coruñés reúne numerosos motivos para descubrir una Galicia diferente. Una riqueza que pone en valor A paisaxe que sabe, iniciativa que conecta los productos locales con el paisaje y las personas que los elaboran.
El sabor de la miel depende, en buena medida, de las flores de las que las abejas obtienen el néctar. Y en una comunidad con una vegetación tan diversa como Galicia, esto se traduce en una amplia variedad de mieles con características diferentes.
La miel de castaño, la de brezo, la de eucalipto o la de silva son algunas de las variedades que pueden encontrarse en el territorio gallego. Cada una refleja las particularidades de su entorno y demuestra hasta qué punto el paisaje influye en los alimentos que consumimos.
En Arzúa, el Centro de Divulgación de la Miel trabaja precisamente para acercar este conocimiento al público. Vinculado a la Asociación Galega de Apicultura, que reúne a unos 1.400 asociados, el centro desarrolla actividades educativas y divulgativas para explicar cómo se obtiene la miel, qué productos proceden de la colmena y por qué las abejas desempeñan un papel fundamental en la polinización.
La relación entre naturaleza y gastronomía también se aprecia en espacios como la Fervenza das Hortas y el embalse de Portodemouros, en el entorno de Santiso. Dos ejemplos de los paisajes que caracterizan esta parte de la provincia y que ayudan a entender el origen de muchos de sus productos.
Pocos platos representan mejor la cocina gallega que el pulpo a feira. En localidades como Melide, vinculada históricamente al Camino de Santiago, esta elaboración forma parte de la identidad gastronómica local.
Pero respetar una receta tradicional no significa que no pueda evolucionar. En el restaurante D'Obra, el chef Andrés Torreiro propone una interpretación personal del pulpo, incorporando técnicas y experiencias de otras cocinas sin perder de vista el producto original.
Esa convivencia entre tradición e innovación también se encuentra en otro de los grandes protagonistas de la zona: el queso.
Aunque el Arzúa-Ulloa es conocido por su textura cremosa y su sabor suave, no todos los quesos elaborados en el territorio siguen ese mismo camino.
La quesería Galmesán apuesta por una propuesta muy diferente: quesos de pasta dura y larga maduración que permanecen alrededor de 18 meses antes de alcanzar el resultado buscado. Además, se elaboran en ruedas de aproximadamente 12 kilos y 34 centímetros de diámetro.
Una forma de trabajar que demuestra la diversidad de la tradición quesera gallega, capaz de ofrecer desde elaboraciones suaves y cremosas hasta quesos de mayor maduración.
Cuando se habla de vino gallego, nombres como Rías Baixas o Ribeira Sacra suelen concentrar buena parte de la atención. Sin embargo, existen otras zonas de producción que permiten descubrir variedades y elaboraciones menos conocidas.
Es el caso de los vinos de la IGP Betanzos y la IGP Barbanza e Iria, dos indicaciones geográficas que ponen en valor la actividad vitivinícola de distintas zonas de A Coruña. A ellas se suman los vinos de la subzona de O Ulla, integrada en la denominación de origen Rías Baixas, donde también se cultiva la variedad albariño.
Una diversidad que ofrece posibilidades para combinar los vinos con otros productos de la gastronomía local, especialmente con los quesos. Sus distintas texturas, intensidades y tiempos de maduración permiten explorar maridajes que van más allá de las combinaciones habituales.
Precisamente, una cata celebrada en el Centro Etnográfico de Teixeiro reúne algunos de estos vinos con diferentes quesos de la denominación de origen Arzúa-Ulloa, poniendo de manifiesto la variedad de productos que pueden encontrarse en la provincia.
Detrás de cada uno de estos productos hay una forma de entender la gastronomía ligada al entorno: desde las floraciones que determinan las características de la miel hasta las técnicas de elaboración que dan personalidad a un queso o las variedades de uva cultivadas en cada zona.
Son ejemplos de cómo el interior de A Coruña conserva sus tradiciones mientras abre espacio a nuevas propuestas gastronómicas.
Porque, aunque el mar siga siendo uno de los grandes símbolos de Galicia, no hace falta acercarse a la costa para encontrar algunos de sus sabores más interesantes.