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Personas, bestias

Personas, bestias05 julio 2026

El Asesino de la Baraja, el exmilitar que mató seis veces para intentar sentir algo

En 53 días, Alfredo Galán Sotillo mató a seis personas y dejó de firma una carta de la baraja. Se entregó porque ya no le prestaban atención
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El caso de Alfredo Galán Sotillo, conocido como el asesino de la baraja, supuso un antes y un después en la crónica negra en España. Entre enero y marzo de 2003, este exmilitar sembró el pánico en la Comunidad de Madrid matando a seis personas al azar e hiriendo a otras tres. Su objetivo, según confesó, no era otro que comprobar qué sentía al matar y alcanzar notoriedad pública. El caso se hizo viral antes incluso de que existieran las redes sociales y se cerró con la condena a 142 años de prisión para el criminal. 

Su primera víctima

El 24 de enero de 2003 se produjo el primer crimen en una portería de la calle de Alonso Cano de Madrid, en el barrio de Chamberí. Alfredo decidió aquel día coger el coche e ir a por su primera víctima de forma aleatoria. Primero observó a una trabajadora de Correos, pero finalmente no se decantó por ella. Poco después, siguió a Juan Francisco Ledesma, que era portero en un edificio de la zona, entró en su vivienda mientras daba de comer a su hijo, le pidió que se arrodillara y le ejecutó de un disparo delante del pequeño de dos años. 

Segundo asesinato y un as de copas

El 5 de febrero de 2003, Juan Carlos Martín, un trabajador de limpieza del aeropuerto de Barajas, fue asesinado en una parada de autobús en la zona de Alameda de Osuna. El criminal se bajó de su coche, le pidió que se arrodillara y le ejecutó con un disparo antes de huir. Junto al cadáver apareció un naipe, el as de copas, un elemento que en ese momento generó dudas sobre si había acabado allí de forma casual o intencionada. A partir de ese momento, los medios comenzaron a referirse al autor como el asesino de la baraja, dando forma a una identidad que el propio criminal terminaría asumiendo en los siguientes ataques. 

Ese mismo 5 de febrero, horas después, el asesino volvió a actuar en Alcalá de Henares, concretamente en el bar Rojas, donde abrió fuego contra varios clientes. Mató a Juana Dolores Uclés, una mujer que hablaba por teléfono, y a Mikel Jiménez Sánchez, de 18 años, a quien disparó a quemarropa. Además, trató de asesinar a Maite Sánchez, la madre del chico, a quien disparó en tres ocasiones, pero se salvó al simular que estaba muerta. En este ataque no apareció ningún naipe. El testimonio de la superviviente, eso sí, permitió a la policía elaborar un primer retrato robot del agresor

El segundo asesinato de Alfredo Galán dejó un naipe que le dio el apodo del Asesino de la Baraja
El segundo asesinato de Alfredo Galán dejó un naipe que le dio el apodo del Asesino de la Baraja

Su firma evoluciona: el punto azul en el reverso

La noche del 7 al 8 de marzo de 2003, el asesino volvió a atacar. Esta vez, a una pareja que caminaba por la calle en Tres Cantos. Eduardo y Anahid, de origen ecuatoriano, se encontraban hablando tras salir de un bar en la avenida Viñuelas, cuando Alfredo disparó a bocajarro al joven, que recibió el impacto en la cara y no murió por poco. Después, intentó matar a Anahid, pero la pistola se encasquilló y terminó huyendo. 

En esta ocasión sí que se halló un naipe, el dos de copas, con un punto azul en el reverso. Este gesto marcó la evolución de su firma y evidenció que ya estaba actuando de forma consciente para reforzar su identidad mediática. Si no diferenciaba sus crímenes, podían diluirse. Además, según descubrieron los investigadores, utilizaba una bolsa de ajos para evitar que los casquillos cayeran al suelo y eso sirviera para identificarlo.

Su último crimen

El 18 de marzo de 2003 tuvo lugar el último crimen, en un camino de Arganda del Rey. Gheorghe Magre y Doina Magre, una pareja rumana, fueron asesinados mientras paseaban. En el lugar se encontró el cadáver del hombre, mientras que la mujer fue hospitalizada y acabó perdiendo la vida dos días después. Esta pareja tenía varios hijos, y uno de ellos era una niña ciega. Junto a los cuerpos aparecieron dos naipes, el tres y el cuatro de copas, ambos con puntos azules en el reverso. 

Se consiguió identificar el arma utilizada: una pistola Tokarev TT-33 con un calibre de 7,62 mm, que no era habitual en España. Esto hizo pensar que el asesino podía ser un perfil con experiencia en el manejo de armas, lo que abría la posibilidad de que el autor tuviera formación militar. Todos los crímenes seguían el mismo patrón: un disparo a quemarropa en la cabeza, la nuca o la espalda. 

"Le ponía nervioso que ya no se hablase sobre él"

El 3 de julio de 2003, el propio Alfredo Galán Sotillo se entregó voluntariamente en la comisaría de Puertollano, su ciudad natal, en Ciudad Real. Lo hizo asegurando ser el asesino de la baraja y dando características de las cartas que solo el asesino y las autoridades conocían: el punto azul en el reverso. Según apuntó el criminal, le ponía nervioso que no le pillaran y que ya no se hablase sobre él.

Su confesión ante los investigadores fue categórica: "Quería experimentar la sensación que causa acabar con la vida de un ser humano. Comencé con el portero y al no sentir nada seguí matando."

La condena y una posible libertad en 2028

El juicio comenzó en febrero de 2005, cuando se determinó que era plenamente consciente de sus actos y que tenía plenas capacidades y facultades. No sufría ninguna patología que le impidiera distinguir el bien del mal. El criminal, además, decidió no declarar, ni siquiera a las preguntas de su abogada. La Audiencia de Madrid le condenó a 142 años de prisión y a un pago de unos 600.000 euros por seis asesinatos y tres intentos de homicidio. 

El Asesino de la Baraja, el exmilitar que mató seis veces para intentar sentir algo
El Asesino de la Baraja, el exmilitar que mató seis veces para intentar sentir algo

Aunque fue condenado a más de un siglo de cárcel, el cumplimiento efectivo de su pena está limitado por la ley española de aquel entonces. De esta manera, se estima que podría salir de prisión en torno a 2028, tras cumplir 25 años en prisión. Actualmente tiene 48 años y permanece entre rejas. 
Lo perturbador del caso es que de haber ocurrido el crimen en la época actual, con las redes sociales, Galán podría haberse visto impulsado a seguir matando en lugar de entregarse, causando mucho más dolor y conmoción en la sociedad.