La soprano Ainhoa Arteta protagonizó uno de los momentos más conmovedores de 'Hay una cosa que te quiero decir' al conocer la historia de Verónica —Nica—, una joven de 32 años diagnosticada con microcefalia y epilepsia que encontró en la música lírica su razón para seguir adelante.
En una entrevista cargada de emoción, la cantante repasó sus propios inicios, habló de su voz, del miedo escénico y de la conexión que siente con quienes, como ella, viven la música con una intensidad desbordante.
Antes de convertirse en una de las sopranos más reconocidas del panorama internacional, Ainhoa Arteta era una niña que bailaba frente a un espejo rescatado de la basura. Según relató la propia cantante, todo comenzó en aquella habitación familiar donde sonaba el tocadiscos de su padre: "Recuerdo haber recogido de la basura un espejo. Estaba roto y lo subí y lo puse en el sofá que teníamos en ese salón, y yo me bailaba y me cantaba la Carmen a mí misma. Me encontraba feliz haciendo esto".
La artista destacó el papel fundamental de sus padres, que nunca coartaron su vocación artística: "Veían que yo me expresaba", afirmó, subrayando la complicidad tanto de su padre, amante de la música clásica, como de su madre.
Preguntada por cuándo supo que viviría de su voz, Ainhoa Arteta señaló un hito concreto: su victoria en el Metropolitan Opera de Nueva York en 1993, después de años de formación en Italia y Estados Unidos:
"Cuando gané el Met me vinieron enseguida los agentes americanos. Cogí el teléfono y le llamé a mi madre y le dije: 'Mamá, puedes cerrar la peluquería'. La pobre estaba aguantando años y años trabajando, poniendo rulos, y estaba harta".
Según contó la cantante, su madre, peluquera de profesión, mantuvo el negocio abierto "por si acaso" la carrera de su hija no prosperaba. Aquel día marcó el inicio de una trayectoria de más de treinta y cinco años en los escenarios más prestigiosos del mundo.
A pesar de su dilatada carrera, Ainhoa Arteta no eludió hablar del miedo escénico, ese compañero silencioso de todo artista. Recordó con viveza su debut interpretando a Mimí en Nueva York: "El día que debuté con Mimí, que no había cantado en mi vida Mimí, yo creía que salía al circo romano. Yo no he sido un gladiador, pero es verdad que con los años te vas acostumbrando",
La soprano explicó que la clave para superar ese temor reside en la concentración absoluta en el personaje: "Te transportas a un lugar donde el público existe, pero existe el personaje, y entonces te absorbes ahí, te centras en eso".
El momento culminante llegó con la aparición de Verónica, una joven de Mataró (Barcelona) que admira profundamente a Ainhoa Arteta y que un día le escribió por redes sociales para contarle su historia. La soprano confirmó que le respondió, confesándole además que ella también tiene TDAH.
"Recuerdo esa contestación. Cuando hay gente que veo que puedo aportarles algo, sí les contesto. Estoy verdaderamente conmovida con toda la historia", explicaba Ainhoa.
Sobre el futuro de Nica, Arteta se mostró rotunda: "Con ese instrumento y con esa pasión, ella va a llegar a donde sea y va a ser feliz en su vida si se dedica a eso".
Verónica, por su parte, explicó qué significa la música para ella: "Un refugio. Lo más importante ha sido encontrar el lírico". Y al describir lo que admira de Ainhoa Arteta, destacó "los movimientos de la cara, de las manos, la expresión, la forma de cantar. Es una magnífica soprano".
La soprano vasca, visiblemente conmovida, no escatimó en elogios hacia Verónica. Según Arteta, la joven posee algo que muy pocos tienen: "Habrás nacido con una enfermedad, pero tienes un don. Y ese don hace que superes incluso la enfermedad".
Ainhoa Arteta también compartió su propia experiencia vital, revelando que detrás de sus 35 años de carrera hay mucha sombra: "La gente piensa que uno ha llegado, ya tiene un nombre, ha hecho ya una carrera. Pero todavía sigo teniendo muchísimos tropezones. Forma parte del camino".
El momento culminante llegó cuando Ainhoa Arteta pidió escuchar a Verónica cantar. Ante la propuesta de interpretar algo juntas, eligieron 'O mio babbino caro', el célebre aria de la ópera Gianni Schicchi de Puccini.
Antes de comenzar, Arteta explicó el contexto del aria: "La gente se piensa que es una nana y es una niña de 14 años, una adolescente que intenta convencer a su madre porque se ha enamorado de un chico. Es una melodía de seducción de una hija a un padre para que le deje irse con este novio". La interpretación conjunta fue descrita por Jorge Javier Vázquez como "uno de los momentos más bellos" del programa.
Al finalizar la actuación, Ainhoa Arteta hizo una oferta que dejó a Verónica sin palabras. Según declaró la soprano profesional: "He visto que tienes técnica de canto. Tienes un instrumento bellísimo. Pero me encantaría seguir en contacto contigo para poderte enseñar a respirar, a utilizar bien el diafragma y que puedas todavía gozar muchísimo más con tu instrumento. ¿Me dejas?". Verónica aceptó entre lágrimas, mientras Arteta le repetía: "No estás sola, Nica. No estás sola".