La relación de Leila y Atamán ha acabado totalmente rota tras el paso de la pareja por ‘La isla de las tentaciones’. Si ya protagonizaron una tensa e intensa ‘hoguera final’ entre reproches y confesiones, no fue menos su reencuentro, en el que quedó constancia de que el canario no ha superado todavía la ruptura mientras que ella se mostró muy feliz junto a su nuevo amor, David.
Ahora, unos meses después, la ya expareja se ha visto de nuevo las caras en ‘El debate final’ de ‘La isla de las tentaciones’, donde han mantenido una complicada conversación que ha hecho llorar, incluso, a la presentadora.
Con Atamán en plató y tras la llegada de Leila, la tensión comenzó a aumentar. Sandra Barneda se dio cuenta y quiso que, los que fueran pareja durante once años, pudieran enterrar el hacha de guerra de algún modo.
“Iba a proponer 30 segundos para que Atamán y Leila se miren”, le pedía la presentadora a la directora del programa. Los protagonistas, que accedieron también, no aguantaron ni diez segundos mirándose, ya que Leila rompió a llorar: “No puedo, lo siento”. Atamán, incómodo, respondió: “Es lo que hay”.
Sandra Barneda, ante la dura escena, no pudo tampoco contener la emoción y, con la voz rota, les dijo: “Es que me emociono también de veros, porque creo que os habéis querido mucho, de verdad, y me da pena. Me da pena que el amor se muera, sé que vuelve a nacer con otras personas, pero hay que hacer grande lo que habéis vivido, y eso solo lo sabéis vosotros, aunque se termine”.
Tras el intenso momento vivido, la presentadora quiso saber cómo se estaban sintiendo. Atamán fue el primero en sincerarse: “Para mí esto no es fácil, tengo a la persona con la que he compartido toda mi vida delante y no es lo de antes”.
El canario no quiso ocultar que sigue a amando a su ex: “Yo la quiero, ha vivido conmigo los mejores y los peores momentos de mi vida. Te mentiría si te digo que no la quiero, o que la odio, ojalá, sería más fácil así, con el odio olvidas antes, pero ¿qué hago?”.
Entre lágrimas, Leila tomó la palabra: “Yo tengo que decirle que lo siento mucho”, y dirigiéndose a él, continuó: “Atamán, lo siento por todo. Por juzgarte. No te guardo rencor por lo que hiciste, porque yo sé que lo hiciste desde el odio, desde el dolor de saber que me perdías, porque sabíamos que podía pasar, sabíamos que podíamos ir y se podía acabar todo”.
Ella quiso ser más sincera que nunca con el que fuera su pareja, reconoció su error de haberle criticado en las hogueras y haberle insultado, pero también quiso defender que no podía seguir manteniendo algo que ya no era amor:
“Es verdad que yo te dije que te iba a demostrar, pero me estaba engañando y lo siento, por todo lo que te he criticado en las hogueras, que he sido una cínica de mierda, porque tú estabas actuando desde el dolor y yo estaba haciendo lo que me daba la gana, lo que sentía. Y te lo juro que lo sentí, y por eso lo hice, y fui muy egoísta, porque no pensé en el dolor que te estaba haciendo pasar a ti, pero en ese momento solo pensé en mí”.
Atamán aseguró que él jamás la ha juzgado por lo que pudiera sentir hacia David, para él lo peor habían sido los insultos, el hecho de que cuestionara su vida sexual y, sobre todo, que lo haya comparado con el soltero con el que comparte vida ahora: “No podías cuestionarme nada cuando lo estabas haciendo peor que yo. Es más, tú caíste primero y en ninguna hoguera hay una mala palabra hacia ti”.
Leila, que se sintió acorralada, no quiso seguir con la conversación: “Te he pedido perdón y no he matado a nadie. Me gustó David y me dio lo que tú no me dabas en mucho tiempo y ya está, lo siento”. Estas palabras hicieron que los presentes le dieran un toque de atención a la canaria: “Vas a peor, mide tus palabras”, sentenció Marta Peñate, para dar paso a Atamán: “Tú a mí no me tienes que comparar con nadie”.
La situación no mejoró, Leila y Atamán estaban más lejos que nunca. Él no podía evitar el dolor que sentía y ella tampoco podía evitar la felicidad que está viviendo junto a David. Ahora solo podemos esperar a que el tiempo muestre si pueden llegar a un entendimiento y una cordialidad en el futuro.