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En guardia: Mujeres contra el crimen

En Guardia23 junio 2026

Los demonios de Antonio Belmonte: aislamiento, odio y una alucinación que acabó con la vida de Consuelo Roy

Una nueva entrega de ‘En Guardia’ analiza la trágica jugada del destino que cruzó el camino de Consuelo Roy con Antonio Belmonte y sus demonios
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“Estar en el sitio más equivocado del mundo”, es lo que dice un vecino y lo que le pasó a Consuelo Roy cuando se cruzó en el camino de Antonio Belmonte, la persona que le dio brutalmente muerte. En una nueva entrega de ‘En Guardia’ analizamos uno de los asesinatos más impactantes que se recuerdan por el oscuro perfil del condenado y por cómo intentó simular rasgos psicóticos en el juicio para salvarse.

El programa ha recorrido los escenarios y las horas previas de un crimen que tuvo lugar el 1 de abril de 2013 en Benabarre y que conmocionó para siempre a esta localidad de la provincia de Huesca. A través de testimonios, documentación y de los propios agentes que resolvieron todos los pasos y que lograron ir tras la pista del asesino se ha logrado dibujar el perfil desestructurado del autor y la visión tan distorsionada que tenía de la realidad.

Consuelo Roy fue víctima de una trágica jugada del destino. Esta mujer viuda, de 52 años, con gran afición por la fotografía era querida por todos. “No tenía enemigos, era una buenísima persona”, recuerdan los que la conocieron. Sin embargo, su cuerpo sin vida fue encontrado en la escombrera de Benabarre, un lugar completamente solitario y al que nadie acudía.

El asesinato de Consuelo Roy

Según las autoridades, la muerte se produjo por dos golpes en la cabeza muy violentos, especialmente el segundo, que le llegó a aplastar el cráneo. También tenía las costillas rotas y su cuerpo había sido arrastrado hasta un barranco, donde fue empujada para intentar esconder su cuerpo. Desde un principio vieron que era un homicidio que se producía en "una zona muy tranquila donde nunca pasaba nada".

Cuando los agentes hicieron la inspección ocular en la escena del crimen encontraron varios hallazgos que fueron fundamentales: la tapa y protector solar de la cámara de fotos de Consuelo Roy y un pendiente de la víctima. Además de eso y más importante, fueron las huellas de unas zapatillas que estaban presentes en el inicio de la senda y también cerca de un charco de sangre que estaba a unos metros de donde se encontró el cuerpo.

Consuelo Roy fue a hacer fotografías y apareció muerta en la escombrera de Benabarre
Consuelo Roy fue a hacer fotografías y apareció muerta en la escombrera de Benabarre

La siguiente pista que permitió centrar la investigación y acotarla a una persona fue el testimonio de un hombre que trabajaba en un huerto y dijo que había visto a un chico camino hacia la escombrera el día de la desaparición de Consuelo Roy. A partir de ahí, todas las miradas se centraron en un joven de 22 años, en Antonio Belmonte.

Una familia desestructurada

"Era un chico encerrado en su mundo, un autómata", es cómo le describían en la localidad al joven de pelo largo sobre el que recayeron todas las investigaciones y al primero al que los agentes interrogaron. Tanto él como su familia no estaban integrados, vivían ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor.

Los psicólogos que trataron a los miembros hablaban de "entorno desestructurado" y dibujaban a una familia que rechazaba sistemáticamente todas las ayudas educativas, sanitarias y sociales que se les ofrecían. "El perfil recuerda mucho a la familia Izquierdo del crimen de Puerto Hurraco. Ese nivel de aislamiento, de retroalimentación, de los problemas de uno que van afectando a otros", explican.

La familia de Antonio Belmonte no estaba integrada en la localidad y él era un chico solitario
La familia de Antonio Belmonte no estaba integrada en la localidad y él era un chico solitario

Su simulación de un cuadro psicótico: "Vi un demonio"

Al ser señalado por un testigo, Antonio Belmonte dio como primeras declaraciones que sí se encontró a Consuelo Roy en la zona. Él explicó que estuvieron hablando, que él intentó besarla. Ella le apartó y cayó accidentalmente dándose un golpe en la cabeza. Él se asustó y salió huyendo no sin antes esconder la cámara y piedras manchadas de sangre para evitar que pudieran asociarle a este “accidente”.

Antonio Belmonte trató de esconder pruebas y de destruir la cámara de la fallecida, pero su testimonio y las zapatillas que encontraron en su casa le incriminaron directamente. Este también presentaba en la mano una herida de un mordisco, de al parecer, la misma víctima para defenderse de él. A partir de ese momento, el joven cambió su versión para dar otra que estaba por completo fuera de la realidad.

Una ilustración de Antonio Belmonte en el juicio que se celebró y en el que se demostró que no tenía esquizofrenia
Una ilustración de Antonio Belmonte en el juicio que se celebró y en el que se demostró que no tenía esquizofrenia

Según su declaración, Antonio estaba “mal de la cabeza” y que la culpa fue porque todo el mundo en el pueblo estaba en su contra, justificando todo porque no tenía amigos.

Antonio Belmonte dijo que cuando vio a Consuelo, lo que vio realmente fue a "un demonio" y que él sentía "la necesidad de ponerle una máscara antidemonios". No se sentía un ser humano y su abogado defendía que no podía ser juzgado debido a que sufría esquizofrenia. Las psicólogas que le analizaron al igual que el caso y le sometieron a pruebas no pensaban lo mismo. No veían rasgos psicóticos en él, aunque creyera firmemente en sus alucinaciones

Según se pudo ver en el juicio, celebrado en el año 2016, Antonio Belmonte no tenía esquizofrenia. Una intervención suya en mitad de la declaración de su madre mostró que no era esa persona que se había colocado como un enfermo, desconectada del mundo. Esa imagen no correspondía con la realidad y lo suyo había sido una simulación de cuadro psicótico. Fue condenado por el jurado popular a 18 años de cárcel y actualmente sigue en prisión.

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