Una menor nigeriana encontrada desfallecida en una rotonda de Torrevieja fue la chispa. A partir de su testimonio, la Guardia Civil desencadenó la mayor macroperación contra la trata de personas y la mafia nigeriana llevada a cabo en Europa.
Reconstruimos esta investigación con el testimonio de quienes la vivieron desde dentro, adentrándonos en la Operación Nanga-Parbat. "Lo que vimos allí era la forma más atroz de esclavitud que habíamos visto en todo el siglo XXI", confiesa la Guardia Civil en el programa.
Como decíamos, todo comenzó cuando la Guardia Civil la encontró desfallecida en una rotonda de Torrevieja, después de haber sido brutalmente explotada por una red de trata nigeriana. "Venía destrozada, tuvo que estar ingresada durante un tiempo. Se había negado a prostituirse y la dejaron casi muerta." Su testimonio fue el punto de partida de una investigación internacional que culminó con 39 mujeres liberadas y 89 detenciones.
Las mujeres eran captadas en Nigeria por redes de inmigración irregular y recorrían 4.200 kilómetros por África hasta llegar a las costas de Libia, desde donde partían por mar hasta los campos de inmigrantes de Lampedusa (Italia) y desde allí la organización las repartía por varios países europeos.
El sistema de dominación que empleaba la organización combinaba el terror espiritual con una trampa económica de la que era prácticamente imposible salir. Las mujeres eran coaccionadas bajo ritos de "Vudú-Juju" y contraían una deuda con la organización de en torno a 30.000 o 35.000 euros.
Cobraban entre 5 y 10 euros por servicio sexual, y la organización obtenía beneficios de 400 euros semanales por cada víctima. La rentabilidad de la esclavitud era incontestable, ya que con esos ingresos, saldar la deuda requería años de explotación continuada.
Una vez en Europa, las mujeres eran controladas por las "madames", de la misma nacionalidad que las víctimas y la mayoría reclutadas tras haber sido anteriormente explotadas en las mismas condiciones. Estas mujeres cobraban a las víctimas para saldar su propia deuda. El ciclo se perpetuaba, y las supervivientes de la explotación se convertían en instrumentos de la misma.
Uno de los episodios más perturbadores de la investigación fue el de una víctima embarazada. Los agentes tuvieron información de que una de las mujeres captadas estaba embarazada y la red quería que abortara, obligándola a tomar 14 pastillas diarias para ello cuando la dosis normal es de 4.
Aun poniendo en riesgo la operación, los agentes pusieron todo su empeño en localizarla, a la que liberaron cuando la trasladaban en un autobús. La organización no cesó de buscarla y amenazó a su familia en Nigeria, hasta el punto de que los investigadores sospechan que el asesinato de dos personas en ese país puede estar relacionado con los hechos.
Detrás de todo se encontraba la Eiye Confraternity, una de las confraternidades con más influencia en Nigeria, que operaba de forma clandestina mediante ramas distribuidas por todo el mundo para financiarse tanto con actividades lícitas como ilícitas. El destino final del dinero era la Confraternidad en Nigeria, donde se invertía en hoteles y viviendas de lujo.
El método utilizado para el envío y blanqueo de dinero era el conocido como Hawala: personas de una misma organización asentadas en distintos puntos interactuaban como si de entidades bancarias se tratase, sin dejar ningún tipo de constancia electrónica ni documental.
El líder de la red actuaba desde Tudela, Navarra. Se trataba de un nigeriano de 42 años, nacionalizado, sin trabajo conocido y con una vida completamente normal. Sin embargo, era el autor intelectual del entramado, liderando la organización en España y teniendo contacto con líderes de la mafia en otros países de Europa.
Uno de los miembros más importantes era un conocido DJ en Nigeria, detenido cuando regresaba a España procedente de su país, donde acababa de grabar un videoclip musical. Su función principal era la de transportar a las víctimas de Italia hasta España y organizar su explotación sexual en las distintas provincias.
El 21 de marzo de 2018, tras año y medio de investigación, la Guardia Civil ejecutó la operación en doce provincias españolas. El 21 de marzo de 2018 la Guardia Civil desmanteló la infraestructura en España de una importante organización criminal nigeriana. Se liberaron 39 víctimas y fueron detenidas 89 personas, siendo considerada la mayor operación desarrollada contra las mafias nigerianas en Europa hasta la fecha y calificada por EUROPOL como "una investigación modelo".
De los 89 detenidos, a 58 se les imputaron delitos de organización criminal, trata de seres humanos y blanqueo de capitales. 43 de los arrestados ingresaron en prisión preventiva. Se practicaron 41 registros en las provincias de Vizcaya, Navarra, Cantabria, Madrid, Guadalajara, Toledo, Sevilla, Málaga, Murcia y Manchester (Reino Unido). Las mujeres liberadas, varias de ellas menores de edad, eran explotadas en distintos puntos del territorio; en Cuevas de Almanzora (Almería), lo eran en el interior de casas-cueva en condiciones de extrema precariedad.