La historia previa de Maxi Iglesias y Martiño Rivas en la televisión es, en sí misma, más interesante de lo que parece. No se conocían de antes, pero sus carreras han sido el reflejo invertido la una de la otra durante casi el mismo período.
Martiño Rivas debutó en el gran público con "El Internado" en 2007. Interpretó a Marcos Novoa, el chico de buen corazón que llegaba la Laguna Negra junto a su hermana pequeña buscando respuestas sobre sus padres desaparecidos. Era el héroe clásico: leal, justo, con un pasado oscuro que le daba profundidad sin restarle decencia. La serie duraría siete temporadas y convertiría a Rivas en uno de los ídolos juveniles más reconocibles del país. Ese mismo año obtuvo una nominación al Premio Goya como mejor actor revelación por "Los girasoles ciegos", de José Luis Cuerda.
Un año después, en 2008, llegó César Cabano. Maxi Iglesias se incorporó a "Física o Química" cuando tenía apenas dieciséis años y pronto lo convirtió en el catalizador del fenómeno juvenil de la serie: el rebelde, el descarado, el que infringía las normas pero tenía corazón. La serie lo convirtió en un ídolo juvenil, en un rostro masivo y en una de las caras más reconocibles de la televisión española de aquella época. Él mismo lo ha dicho con claridad: fue "la oportunidad de mi vida, la más importante que he tenido".
Así, entre 2008 y 2010, los dos convivían simultáneamente en la parrilla, con audiencias de una misma generación que crecía viendo a Marcos Novoa y a Cabano casi en el mismo prime time. El bueno y el malo. El mismo público, el mismo período. Aunque sus caminos no se cruzaron entonces, la televisión española ya los había puesto en el mismo universo.
Ser un ídolo juvenil a los dieciséis o diecisiete años tiene una consecuencia concreta y no siempre cómoda: la etiqueta. "Siempre dicen que cuando llegas arriba lo más fácil es bajar", reflexionó Iglesias. Y el propio actor ha reconocido que tuvo de sus 30 a sus 34 años dudas sobre su capacidad de dedicarse a la actuación y se dedicó a otras cosas por si acaso no le llamaban como actor.
La solución de ambos fue la misma, pasando por buscar personajes que incomodaran. Martiño Rivas fue un general franquista en "Las Chicas del Cable", un militar atormentado en "Fuerza de Paz" y el actor porno Nacho Vidal en "Nacho". Maxi Iglesias se instaló en el streaming con "Ingobernable" para Netflix junto a Kate del Castillo y en "Valeria", también para Netflix, donde pasó tres temporadas como protagonista masculino. Rutas distintas, misma voluntad de escapar del molde.
Cuando los protagonistas de la serie llegaron a la presentación de "Ella, maldita alma" en el South International Series Festival de Cádiz en octubre de 2024, los periodistas que cubrieron el acto coincidieron en que todos se mostraban muy cómplices e intercambiaban bromas y piropos durante todo el encuentro con los periodistas.
El momento más comentado fue el que protagonizó Maxi Iglesias al hablar de su compañero de reparto: "Llevo 15 años trabajando en esto. Pocas veces he trabajado con alguien tan sumamente guapo como Martiño. Me quedo embobado de mirarlo. Estoy al límite de lo correcto."
La respuesta de Martiño fue en un registro completamente diferente, siendo más irónica, más autoconsciente, de alguien que lleva décadas riéndose de sí mismo. El gallego, hijo del escritor Manuel Rivas, cuyo relato sirve de base para la serie, describió a su personaje Isaac con una mezcla de humor negro y honestidad desconcertante:
"Me siento cómodo en el rol de perdedor. En mi vida me sucede con bastante frecuencia, no es algo ajeno a mí, así que estoy navegando aguas conocidas y estoy cerca de la orilla. Es fácil empatizar con el personaje. Llevo muchos años preparándome sin saberlo." Y sobre la derrota de su personaje frente al del Fermín de Maxi Iglesias, añadió: "Por lo menos me ha ganado un digno rival. He perdido contra un peso pesado. No es nada de lo que sentirse avergonzado."
En la ficción, la relación entre Fermín e Isaac no es solo la de dos primos. La familia de Isaac acogió a Fermín desde la infancia, convirtiéndolo en algo parecido a un hermano. Esa deuda emocional que Fermín siente hacia Isaac con la misma intensidad que siente la prohibición religiosa es lo que convierte la traición en algo más que un triángulo amoroso.
No es solo "el cura que se enamora de la mujer de su primo". Es el hermano adoptivo que traiciona al hermano que le acogió. Y ese matiz, que ninguno de los grandes precedentes del género tiene exactamente igual, es lo que hace que la dinámica entre Iglesias y Rivas en pantalla sea simultáneamente la más íntima y la más destructiva del drama.
Lo que tampoco tiene precedente es el hecho de que Martiño Rivas esté interpretando a un personaje de una historia escrita por su propio padre. Esa carga extraescénica atraviesa cada escena que comparte con el Fermín de Maxi Iglesias y añade una dimensión que ningún análisis de los personajes puede ignorar completamente.