Canales Rivera no ha podido ocultar su enfado al volver a Cantora, la finca que marcó su infancia y a la que no regresaba desde agosto de 1984, apenas un mes antes de la muerte de Paquirri. Lo que durante años fue un lugar cargado de recuerdos familiares, y también uno de los escenarios del universo Pantoja-Rivera, se ha convertido en una visita dolorosa para el torero.
‘El precio de…’ le ha dado la oportunidad de regresar a Cantora junto a Santi Acosta y lo ha hecho con una mezcla de emoción y cierta intuición de que lo que iba a encontrarse no le iba a gustar. Antes incluso de cruzar la puerta, ya advertía que "no" se sentía preparado. “Ten en cuenta de que vamos a tirar todos mis recuerdos por el suelo”, decía, anticipando lo que minutos después confirmó.
Para Canales Rivera, Cantora no es una finca cualquiera. Allí pasó parte de su niñez, convivió con la figura de Paquirri y empezó a soñar con el toreo. Volver ahora, décadas después y con la guerra por la herencia aún muy presente en su familia, ha sido también una forma de enfrentarse a sus recuerdos.
Durante la visita, el sobrino de Paquirri visitó el lugar más importante para su tío: la plaza de toros. Según relató, en la entrada recordaba una chimenea y la cabeza de un toro. Ambos elementos continuaban allí, pero el estado en el que los encontró le provocó una mezcla de tristeza y enfado.
“Me parece vergonzoso, porque esto lo hubiese querido yo. Te digo yo, como primera persona, pero estoy seguro de que mis primos y mis tíos también lo hubiesen querido, y se hubiese tratado como un recuerdo tan importante, porque esto tiene un significado muy importante y da pie a que todo lo demás exista”, lamentó. Y, sin ocultar su decepción, añadía: “Eso ya no tiene arreglo”.
Según Canales, para Paquirri aquel lugar era una extensión de su vida, de su profesión y de su manera de entender el campo y la tauromaquia, por eso, ver su estado actual fue, probablemente, el momento más duro de toda la visita.
Su indignación fue creciendo sin poder ocultarlo: “No entiendo ni a la madre ni al niño, porque el niño ya a partir de los 20-25 años yo creo que va siendo tiempo de dejar de ser niño. Y esto se merecía otro trato”, decía, mientras observaba con pena la cabeza del toro.
Pero fue ya en la plaza donde su reacción se volvió todavía más cruda y no pudo, ni quiso, disimular su enfado: “Esto ha pasado de ser una plaza de toros de tienta, de una ganadería maravillosa, a ser un corral, por lo que veo. De mierda y de porquerías”.
El sobrino de Paquirri se mostró especialmente dolido al pensar en cómo estaría todo si esa finca hubiera pertenecido a su familia. “Estoy enfadado, como era mi tío Riberita, mi abuelo, mi tío Antonio y mi tío Francisco, aquí no habría ni una hierba y estaría el albero... impoluto”, afirmó, para sentenciar con resignación: “Esto es una pena que ya tiene poco arreglo”.
Para quitar hierro al asunto, Canales Rivera quiso contar una anécdota a Santi Acosta sobre la primera vez que toreó con tan solo cinco años, acompañado de Paquirri: “Me dio de lleno, me pegó una voltereta y me tiró al suelo, él vino corriendo, me cogió y me preguntó, ¿estás bien? ¿Te vas a poner otra vez adelante?”.