Originals
Hazte Infinity+

Personas, bestias

Personas, Bestias03 junio 2026

El sangriento caso de Noelia de Mingo: tres muertos, siete heridos y muchas incógnitas por resolver

La historia de una doctora diagnosticada con esquizofrenia paranoide extrema y de las víctimas que quedaron marcadas para siempre
Compartir:

Este es uno de los casos más perturbadores de la crónica negra española, el de una doctora residente de 31 años, armada con un cuchillo de cocina, que recorrió los pasillos de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid y acabó con la vida de tres personas en cuestión de minutos. Hoy, más de dos décadas después del incidente, el caso de Noelia de Mingo sigue sin ofrecer respuestas sencillas.

Personas, bestias es un programa presentado por Carmen Corazzini, periodista y experta en sucesos, terrorismo y criminología. Este formato está inspirado en su libro homónimo y, en cada episodio, Corazzini analiza junto a especialistas los factores que llevan a una persona a cometer un crimen extremo, poniendo el foco en la psicología del agresor. 

Tres muertos y siete heridos en cuestión de minutos

El 3 de abril de 2003, la rutina de la Fundación Jiménez Díaz se quebró en cuestión de minutos cuando la entonces doctora Noelia de Mingo, una médica residente de Reumatología de 31 años, recorrió los pasillos del hospital armada con un cuchillo de cocina y atacó a todo aquel que se encontraba a su paso. El resultado fue devastador, con tres personas asesinadas y siete heridos de diversa gravedad. 

La doctora acabó a puñaladas con la vida de Leilah El-Ouaamari, una médica residente que trató de salvar a otras compañeras; Félix Vallés, un hombre que visitaba a su mujer ingresada al que atacó inicialmente y remató mientras yacía herido en el suelo; y Jacinta Gómez de la Llave, una anciana que era paciente del hospital y que recibió hasta nueve cuchilladas mientras hablaba por teléfono con su hijo

Un celador trató de detenerla con un radiador, pero se levantó y siguió con su "furia homicida". Solo se detuvo cuando se interpusieron en su camino varios profesionales sanitarios con un perchero. En ese momento, tiró el cuchillo y se entregó. 

La primera pregunta que había que hacerse era de dónde había salido el arma homicida. La mujer compró el cuchillo un día antes en una ferretería y lo ocultó en su bata durante toda la mañana, antes de desatar el pánico. 

Las señales previas a la locura

Los meses anteriores al crimen fueron alarmantes. Compañeros de trabajo describieron un cambio progresivo en la personalidad de la joven. Escribía en el ordenador con la pantalla apagada, mantenía miradas fijas durante minutos que generaban miedo en otras trabajadoras y realizaba gestos extraños, como extender los pies para impedir el paso de su superior en los pasillos.

Según Carlos Sardinero, abogado de la acusación, un año antes del ataque "había sido tratada con un antipsicótico, Risperdal, y lo dejó porque engordaba". El personal sanitario advirtió a la dirección y presentó quejas, pero todas fueron omitidas. 

Uno de los episodios más llamativos fue el de los hombres vestidos con "camisas de Superman". Ella creía y sentía que la perseguían en el metro, en la calle y dentro del hospital. Según su testimonio posterior, llegó a pensar que los pacientes no eran pacientes reales, sino actores, y que adjuntos y residentes formaban parte de una escenificación montada a su alrededor. "Era como un teatro que se montaba a mi alrededor", indicó. 

Un diagnóstico de esquizofrenia paranoide en grado "extremo"

Noelia de Mingo fue diagnosticada de esquizofrenia paranoide, un trastorno mental cuya gravedad puede variar notablemente según el caso y que, en el suyo, fue calificado de "extremo", tal y como señala la psiquiatra forense Patricia Alcaraz. Según lo constatado, la agresora no tenía conciencia de padecer la enfermedad antes del ataque. 

Su perfil fue analizado por la psicóloga forense María Paz Ruiz, autora de una de las periciales. Cuando la evaluó tras los hechos, observó frialdad emocional, pero no desde la ausencia de empatía, sino desde la falta de conciencia delictiva. Noelia no percibía sus actos como un crimen, sino como una reacción lógica ante una persecución que consideraba real.

Noelia de Mingo salió en libertad antes de tiempo
Noelia de Mingo salió en libertad antes de tiempo

El juicio y el veredicto

El juicio oral se celebró en 2006. Noelia se negó a declarar. No quiso responder ni a las preguntas de su abogado. Una vez acabado el proceso, la Audiencia Provincial de Madrid la absolvió penalmente al estimar la eximente completa de enajenación mental. El tribunal acordó para Noelia una medida de seguridad de internamiento psiquiátrico con un límite máximo de 25 años, y fue ingresada en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Fontcalent, en Alicante, uno de los dos únicos centros psiquiátricos penitenciarios de España. 

Sin embargo, tras 14 años de internamiento, en octubre de 2017, Noelia fue puesta en libertad bajo custodia familiar, con supervisión médica y tratamiento ambulatorio, al considerarse que su esquizofrenia paranoide estaba estabilizada. La custodia quedó en manos de su madre, octogenaria, quien debía estar al corriente de la administración del tratamiento. 

Durante los cuatro años posteriores, la vida de Noelia transcurrió de manera aparentemente normal en El Molar, en Madrid, su localidad natal. Pero todo se truncó de nuevo en septiembre de 2021. Tras un desencuentro en un supermercado, interpretado desde su delirio persecutorio, atacó con un cuchillo a dos empleadas, causándoles heridas graves. La gravedad del episodio se acentuó porque apenas seis días antes había recibido la medicación intravenosa solicitada por las familias, diseñada precisamente para estabilizarla y prevenir brotes. 

Noelia fue sentenciada a 33 años de internamiento por el ataque en el supermercado y regresó a Fontcalent, lo que la mantendrá privada de libertad hasta cumplir 84 años

Noelia de Mingo reincidió con un segundo ataque en un supermercado que acabó con dos heridos
Noelia de Mingo reincidió con un segundo ataque en un supermercado que acabó con dos heridos

El impacto psicológico en las familias de las víctimas fue devastador y perdura en el tiempo. Especialmente dura sigue siendo la situación de los hijos de Jacinta, uno de los cuales escuchó por teléfono el ataque a su madre, una experiencia que derivó en cuadros de estrés postraumático y depresión crónica. 

"Se puede ser malísimo y tener además una esquizofrenia paranoide", comenta Carlos Sardinero. "Conserva su inteligencia dentro del delirio. Eso le hace ser una persona sumamente peligrosa", concluye.