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En guardia: Mujeres contra el crimen

En Guardia16 junio 2026

Las tres claves que resolvieron el crimen de Elisa Abruñedo tras 10 años de búsqueda

La tercera temporada de ‘En Guardia’ recuerda lo que le sucedió a Elisa Abruñedo. Un crimen que dio lugar a una investigación inédita que se resolvió tras una búsqueda de 10 años
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Diez años de búsqueda fueron necesarios para resolver lo que le sucedió a Elisa Abruñedo. La tercera temporada de ‘En Guardia’ rescata el caso de una mujer que salió a pasear por las pistas forestales de su aldea en Lavandeira de Riva (A Coruña) y casi al lado de su casa fue violada y asesinada por un hombre que apenas dejó rastro.

Un crimen que dio lugar a una investigación inédita por parte de la Guardia Civil y que se resolvió gracias a tres claves, tres piezas de un puzle que lograron dar paz a los hijos de la víctima y a los agentes implicados que nunca se rindieron en sus pesquisas.

Lo que sucedió aquel 1 de septiembre de 2013 puso en el mapa a un núcleo rural de apenas 40 vecinos, convirtiéndolos a todos sospechosos. El relato arranca la tarde en la que Elisa Abruñedo salió sola a caminar por una zona que conocía bien y no regresó a casa.

Su cuerpo apareció al día siguiente a escasos metros de su vivienda, con signos de violencia sexual y varias puñaladas. Tenía 46 años, dos hijos, una casa grande y bonita. Trabajaba en una residencia de mayores y era una mujer muy querida en Lavandeira.

Comienza la investigación

Sin encontrar el arma, pero ver por las heridas y su profundidad que esto se debía a un cuchillo de grandes dimensiones como el que podría tener un cazador y recoger la muestra genética de la agresión sexual, se pensó que estaba todo bien encauzado para dar con el asesino. Se tenía el ADN del autor. Solo faltaba ponerle nombre. Sin embargo, no se encontraron sospechosos entre los cientos de pruebas que hicieron, ni coincidencias en las bases de datos de ADN.

Se llegó a un callejón sin salida. La investigación se estancó. No había sospechosos, ni antecedentes, ni coincidencias. Crecieron los recelos entre los habitantes de Lavandeira de Riva y en medio de esta dura espera se sucedieron nuevas tragedias para esta familia. El marido de Elisa falleció en un accidente y también lo hizo un tío muy cercano. Los dos hijos se quedaron huérfanos y esperando saber algo acerca del asesino de su madre.

La pista del coche fue clave para resolver el crimen de Elisa Abruñedo
La pista del coche fue clave para resolver el crimen de Elisa Abruñedo

Durante meses los agentes de la Guardia Civil se toparon con la nada hasta que el testimonio de un trabajador de un desguace arrojó la primera pista clave sobre la que abrir una nueva línea de investigación. Este vio un coche mal estacionado en el camino en el que se encontró el cuerpo de Elisa Abruñeda, coincidiendo en las horas de su desaparición. El modelo era un Citroën ZX de color verde y con matrícula de La Coruña. A partir de ahí se lanzaron a la pista del coche.

La desconfianza de los vecinos de Lavandeira

Pero el hecho de encontrar miles de registros y el tener que comprobar una a una las fotos de ITV y tener conversaciones con los talleres hizo que el tiempo siguiera pasando y, mientras, las habladurías generaron gran desconfianza en los vecinos de Lavandeira.

Estos se señalaban unos a otros y uno de los grandes perjudicados fue Delfín Feal, la persona que encontró el cuerpo de Elisa. "Yo lo notaba. Si yo me cruzaba, la gente paraba de hablar, bajaban la cabeza. Eso era directamente conmigo, pero luego estaban los comentarios que me llegaban de forma indirecta", confesaba.

La investigación del crimen de Elisa Abruñedo tuvo tres elementos clave: un coche, prueba de ADN y árboles genealógicos
La investigación del crimen de Elisa Abruñedo tuvo tres elementos clave: un coche, prueba de ADN y árboles genealógicos

La alta probabilidad de que el asesino fuera pelirrojo

Un año y cinco meses después del crimen y con el ADN del autor, la idea de que este era un cazador y la posibilidad del coche que estuvo en la escena del asesinato, la Guardia Civil seguía en un callejón sin salida. El punto de inflexión llegó con la entrada en acción del Instituto de Ciencias Forenses de Santiago de Compostela. A partir de esa muestra biológica, lograron elaborar un perfil genético y sospechar que el asesino tenía una alta probabilidad de ser pelirrojo.

La nueva prueba centró el tiro y lograron dar con un apellido: Rodríguez. Los árboles genealógicos familiares que estudiaron para localizar a todos los hombres vivos que había en una determinada zona de la provincia fueron claves. Durante meses, llegaron a trabajar con el archivo de la catedral de Mondoñedo, en Lugo, para tener más espacio temporal. Así llegaron hasta el nombre que cumplía con todo: pelirrojo de nacimiento (aunque en la actualidad estaba rapado, tenía un Citröen ZX gris y se apellidaba Rodríguez). Este era Roger Serafín Rodríguez.

Roger Serafín Rodríguez no confesó hasta diez años más tarde el crimen de Elisa, tras ser detenido por la Guardia Civil
Roger Serafín Rodríguez no confesó hasta diez años más tarde el crimen de Elisa, tras ser detenido por la Guardia Civil

Fin de una búsqueda tras 10 años

A pesar de todos los obstáculos con los que se encontraron y las pruebas negativas que les desmoralizaron en muchos momentos, los agentes de la Guardia Civil con ayuda de la UCO no dejaron nunca de buscar al autor del asesinato de Elisa Abruñedo. “La foto de ella estuvo desde el primer momento en nuestra oficina”, indica la agente Begoña Rodríguez que solo la sacó de allí cuando fueron a detener a Roger Serafín Rodríguez.

La prueba de ADN de la puerta de su coche les abrió finalmente todas las puertas. El asesino que estuvo oculto durante 10 años ya no podía esconderse más. "Una emoción muy grande y alivio", es lo que sintieron cuando le detuvieron y pudieron dar esta deseada noticia a sus hijos.

Los agentes de la Guardia Civil recuerdan la emoción que sintieron tras localizar al asesino de Elisa
Los agentes de la Guardia Civil recuerdan la emoción que sintieron tras localizar al asesino de Elisa

Tras no confesar en un primer momento y tampoco reconocer los hechos, finalmente alegó que “ese día se convirtió en un monstruo, un demonio, que no sabe cómo pudo hacer lo que hizo” para cometer una agresión sexual y un crimen tan atroz. Después de esto se ocultó durante 10 años, haciendo a diario el mismo camino. Solo la persistencia de los agentes logró dar con el asesino de Elisa y ser este después condenado a 28 años de prisión.

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