El caso Asunta, es el de una niña de 12 años asesinada en septiembre de 2013 y por cuyo homicidio fueron condenados sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra.
La protagonista del episodio de En Guardia es alguien con una posición única para contarlo. Begoña Rodríguez, la agente de la Policía Judicial de la Guardia Civil que desempeñó un papel clave en la investigación de la muerte de la niña Asunta Basterra, participó en la detención de Rosario Porto junto a otros dos compañeros. Fue la única que estuvo con la madre de Asunta durante todo el proceso judicial hasta el ingreso en prisión, estableciendo una relación de confianza con ella.
Esa cercanía con la sospechosa, inusual en cualquier investigación, hace que su testimonio cobre aún mayor peso, ya que no se trata solo de la visión de quien investiga, sino la de quien convivió con la acusada en los momentos más críticos.
El 22 de septiembre de 2013, el cuerpo de Asunta Basterra apareció sin vida en una pista forestal del municipio de Teo, en A Coruña. La investigación del caso por parte de la Guardia Civil fue conocida con el nombre de Operación Nenúfar.
La investigación comenzó con el registro sistemático de todo lo que rodeaba a los padres. Se registraron los domicilios de Rosario Porto y Alfonso Basterra, así como sus dos coches, donde varios detalles llamaron la atención de los investigadores. Una de las primeras labores fue reconstruir cómo habían sido los últimos días de vida de Asunta. Rosario no era muy precisa en las horas en las que había salido de casa y entrado, lo que se decidió comprobar a través del sistema de alarmas.
El juez Taín tomó una decisión que resultó determinante: se hizo "una autopsia muy minuciosa", donde se encontraron marcas en las muñecas y tobillos que concordaban con las cuerdas halladas cerca del cadáver. La conclusión del forense fue que "la asfixia de la niña fue en el suelo".
El informe de toxicología fue el golpe definitivo a cualquier duda sobre la premeditación. El informe de toxicología reveló que Asunta había sufrido una ingesta masiva de Lorazepam, equivalente a 27 comprimidos.
Pero lo más perturbador no era la dosis del día de su muerte, sino el historial previo. Un análisis del cabello de Asunta reveló que había consumido altas dosis de lorazepam en varias ocasiones, la primera vez tres meses antes de su muerte, lo que se asoció con los testimonios sobre episodios de mareos y somnolencia aportados por los profesores de la academia de música.
Los padres llevaban desde julio de ese año comprando grandes cantidades de lorazepam e iban suministrándoselo en dosis cada vez más altas a su hija, como si de un experimento se tratara. Alfonso Basterra fue detenido al día siguiente, imputado entre otras razones por las compras de lorazepam que realizaba para su exmujer.
El juez concluyó que el asesinato de la niña respondía a "un plan premeditado, ejecutado de forma gradual" y que resultaba "imposible sin la participación, o al menos el consentimiento de ambos imputados".
Rosario Porto y Alfonso Basterra fueron sentenciados a 18 años de prisión en 2015, al ser considerados culpables de haber sedado y asfixiado a Asunta Basterra Porto en septiembre de 2013. Esta pena se debe a que el crimen sucedió antes de la reforma del Código Penal de 2015; en la actualidad, estos mismos hechos serían condenados con la pena de prisión permanente revisable.
El caso no terminó con la sentencia. El 18 de noviembre de 2020, después de dos intentos de suicidio fallidos, Rosario Porto fue hallada ahorcada en su celda de la cárcel de Brieva, en Ávila, donde cumplía condena por el asesinato.
La pregunta que nadie ha podido responder con certeza es por qué dos padres con recursos, estudios y posición social llegaron a planificar metódicamente la muerte de su hija durante meses, y sigue sin respuesta definitiva.