La Isleta es la localidad imaginaria en la que se desarrolla "Ella, maldita alma", el bonito pueblo de la costa donde se sitúa la parroquia de Fermín, el sacerdote protagonista interpretado por Maxi Iglesias. Aunque no aparece en ningún callejero, su construcción visual es completamente real: la serie se graba en diversas localizaciones de Cádiz, como Conil de la Frontera, Zahara de los Atunes y Jerez de la Frontera.
Esta elección no es casual. Cádiz combina playas, núcleos pesqueros y cascos históricos andaluces que permiten construir un pueblo costero "genérico" pero reconocible, sin atarlo a una geografía real concreta. Es una técnica habitual en la ficción española: crear una localidad inventada que funcione como un espejo de cualquier pueblo costero del sur de España, donde convivan la tradición religiosa, el turismo, la pesca y, cada vez más, la llegada de población extranjera.
La trama principal presenta al espectador una amalgama de valores y sentimientos contrapuestos como el amor, la familia, la pasión, la culpa, la traición y la lealtad, pero la serie dibuja además un retrato de la sociedad a través de la vida cotidiana de un rico abanico de personajes secundarios, sus relaciones, motivaciones e inquietudes, las peculiaridades de La Isleta, una subtrama de intriga de política y corrupción, y referencias a la actualidad a través de elementos como la guerra de Ucrania o la multiculturalidad.
Es decir: La Isleta no es solo el lugar donde Fermín, Ana e Isaac viven su drama personal. Es también el escenario donde se desarrolla una trama paralela de poder local, política y corrupción, que, por la propia naturaleza de los pueblos costeros españoles, suele estar vinculada a intereses urbanísticos, turísticos o pesqueros.
El elenco que da vida a esa comunidad es amplio. Junto a los tres protagonistas, completan el reparto Nacho Fresneda (interpretando a Jose Oliva), María de Nati (Clara), Antonio Gil (Ramiro), Susana Córdoba (Amalia), Paco Marín (Lucas), Ana Ruiz (Dolores), Lisi Linder (Teresa), Carmen Daza (Mariela), Juanpe Avomo (Riako) y Ainhoa Etxebarria (Nagore), según la ficha oficial de la productora Plano a Plano.
Este abanico de personajes secundarios es, precisamente, el vehículo a través del cual se cuelan los temas sociales, ya que cada personaje representa una pieza distinta del mosaico de La Isleta, desde las dinámicas de poder local hasta la convivencia entre vecinos de orígenes muy distintos.
De los tres "elementos de la actualidad" que cita Mediaset —política y corrupción, inmigración y guerra de Ucrania, multiculturalidad—, el de Ucrania tiene un anclaje muy particular: no es solo un tema de guion, sino una experiencia vivida por la actriz que interpreta a Ana.
Karina Kolokolchykova, actriz ucraniana, confesó que rodar las escenas que recrean la guerra fue muy duro: ver a la gente maquillada, los cadáveres de los soldados, saber que su gente sigue viviendo eso la impactó y, al mismo tiempo, la situó en un sentimiento de culpa. Su familia permanece íntegramente en Ucrania, y un primo pequeño suyo ha sido llamado a filas para combatir. Para ella, participar en una ficción que visibiliza ese conflicto es una forma de que su familia, allí, esté orgullosa de ella.
La provincia de Cádiz no es un decorado neutro para hablar de multiculturalidad e inmigración. Es, de hecho, una de las zonas de España donde estos fenómenos tienen mayor presencia cotidiana, por su posición geográfica como puerta de entrada desde el norte de África. Situar La Isleta en ese contexto, con un sacerdote como figura central de la comunidad, permite a la serie abordar de forma orgánica preguntas sobre cómo cambia un pueblo pequeño cuando llegan nuevos vecinos, con culturas, religiones e idiomas distintos a los tradicionales.
La presencia en el reparto de actores como Juanpe Avomo, interpretando a un personaje llamado Riako, apunta en esa misma dirección: una comunidad de La Isleta que ya no es homogénea, y cuyas tensiones y convivencias forman parte del retrato social que la serie quiere ofrecer.
En definitiva, La Isleta funciona como un dispositivo narrativo clásico: un lugar que no existe permite hablar, sin las limitaciones de la actualidad estricta, de fenómenos que sí existen y que atraviesan a cualquier pueblo costero español de 2026. El amor prohibido entre Fermín y Ana es la trama que vende la serie en sus carteles. Pero La Isleta, con su mezcla de política, religión, inmigración y memoria de guerra, es el verdadero escenario donde Mediaset ha decidido jugar sus cartas más ambiciosas.