Cuando llega la hora de repartir los cocos, Maica y Claudia son las primeras en coger la ración y Alba se queja, ya que cree que hay trato de favor. Comienza a atardecer y el cielo de Honduras de cubre de nubes negras. Los supervivientes se alarman porque no tienen refugio y se movilizan para construir uno que, al menos, resguarde sus pertenencias.